Si bien es cierto que la poesía de Carmona contiene construcciones irónicas bien elaboradas —expresadas incluso en las nomenclaturas que tienen algunos de sus capítulos: «Fuego en cenizas dormido»— también usa figuras retóricas propias de la poesía de un modo exquisito, tal como la anáfora en las siguientes líneas: «(…) Que la tierra es el satélite de la luna/ que los pobres son los ricos de la tierra/ que las mujeres son el sexo fuerte/ que los curas enferman / que las dudas afirman/ que la muerte es la verdadera vida/ que el viento es una piedra y/ que la piedra vuela a hurtadillas/ que dios no está en el cielo sino en el infierno». De igual manera, podríamos mostrar infinitos ejemplos de metáforas con las cuales ornamenta sus construcciones poéticas a las cuales les añade un toque popular, y también podríamos indicar las ineludibles influencias de Vallejo y Manuel Scorza que lo asaltan en algunas de sus composiciones. No obstante, logra rápidamente liberarse de estas para ser Carmona en la mayoría de su obra (teniendo en cuenta que nuestros Yo tienen un poquito de otros Yo).
Pero, por sobre todo esto, Carmona se yergue, siendo parte de la generación del 60, como un espíritu nuevo y joven, con ideas rebeldes acompasados por versos dinamiteros, corajudos y jocosos a la vez, y esto es lo que precisamente señalaba Mariátegui al enfatizar que “No nos faltan poetas nuevos. Lo que nos falta, más bien, es nueva poesía.” Y la poesía de Carmona resulta, incluso en nuestra época, nueva… nueva por lo jocundo, por su optimismo, por inyectar un espíritu nuevo a la poesía que, en él, como ya lo dijimos, encuentra un punto de interconexión entre el lenguaje poético popular y el lenguaje poético académico. «Yo agrego que, más que melancólico, el tono de nuestra poesía es hipocondríaco. Pero no acepto la tesis de que estos versos sean extraños al ambiente. No es cierto que nuestra gente sea alegre. Aquí no hay ni ha habido alegría. Nuestra gente tiene casi siempre un humor aburrido, asténico y gris. Es jaranera pero no jocunda. La jarana es una de las formas de su astenia. Nos falta la euforia, nos falta la juventud de los occidentales»; y esa juventud occidental que clamaba Mariátegui para la poesía sudamericana, es la que posee la poesía de Carmona. El poeta ve el dolor, pero no lo rebaja al pesimismo. El poeta siente el dolor de las mayorías, pero enciende la alegría en medio de ese dolor. El poeta ve la oscuridad, pero sabe que, en medio de esta, supervive la luz con la que iluminarán la vida en el futuro. Por lo tanto, el poeta invita a sonreír de una manera crítica y combatiente.
Cuando se introduce en temas filosóficos, lo hace con ese mismo espíritu de visionario que no se aparta del futuro por más que enrostra el presente trágico. En la poesía de este vate se refleja el espíritu jocoso del poblador de la costa y del afroperuano, el cual no es plasmado de manera forzada, sino más bien espontánea y natural. Por otro lado, en cuanto a política y filosofía, no hay en este conglomerado de riquezas estéticas subconscientes que broten al azar, porque predomina el consciente poético que plantea el materialismo dialéctico y los principios revolucionarios marxistas, mas si hablamos desde el lado subjetivo, del sentimiento del ser, aseguramos que hay en él la evolución de la sensibilidad vallejiana y, al igual que en Vallejo, la rebeldía en Carmona es una empresa metafísica —tal como dijera Mariátegui— pues no puede desprenderse de su alma otra cosa que rebeldía, incluso en los asuntos más oscuros de la filosofía; de esta manera, no decae en simples quejas sin vigor. Carmona forma parte del dolor humano, se solidariza con los pueblos oprimidos optando una posición de clase dentro de la sociedad, pero a diferencia de otros poetas, se resiste a reflejar el pesimismo andino y es ahí cuando su poesía toma un rumbo didáctico, pues quiere enseñar la alegría, compartirla en cada mesa, incitando a que vean el futuro como uno totalmente cambiado, si el conjunto de hombres que hoy sufre decide levantar la mano para transformar la sociedad.
«Las horas son cual las aves
Que no regresan al nido
O como las vagas naves
Que bogan hacia el olvido»
(Botella de náufrago, p. 87)
E incluso el amor filial es para el poeta una lucha constante y tenaz, algo que necesariamente se tiene que construir de manera consciente, rompiendo con las obsesiones subconscientes, desbordantes y dañinas del romanticismo.
«Y conquistaré esas ruinas
Como ilustre gladiador:
De amar nunca se termina
Pues no envejece el amor»
(Botella de náufrago, p. 89)
Carmona es un apasionado, pero un apasionado a conciencia. Además, se considera un discípulo muy leal de Vallejo, por lo que vuelve a tratar el tópico vallejiano sobre la voz del poeta que “emerge del pueblo y hacia el pueblo regresa”.
«Todo lo que debo dar
Del pueblo lo he recibido
Y lo doy agradecido
Pues de él heredé el cantar»
(Botella de náufrago, p. 93)
Y trata de explicar, tan breve, el surgimiento de los dioses a través de la poesía filosófica.
«Se volvió sólido el aire
Piensa el insecto en el vidrio,
Como unos hacen divino
Lo que no explica su carne»
En ningún momento deja la crítica mordaz contra el sistema imperante, contra los seudo luchadores sociales y contra la filosofía idealista.
«(…)Yo prefiero el Viaje a la semilla
Incluso que a La nube en pantalones;
Mas no aplaudo sin más a los simplones
(que pueden ser despojo en la carretilla)
Pues, en esta impredecible pesadilla,
Sé muy bien lo del oro y los ladrones.»
(Botella de náufrago, p. 20)
No escapa de su crítica ni el propio Vladimir Mayakovsky, de quien ya Vallejo diría algunas cosas en sus textos ensayísticos, pero tampoco desmerece al poeta bolchevique.
Tampoco escapan de él los tópicos sobre la palabra, su función frente a los lectores o la sociedad. «Casqué la cáscara de la palabra/ y en su interior hallé la maravilla: / luces y sombras y una flor que brilla/ en tus ojos de alondra que me labra(…)» (p. 19) y en contraste a los estetas sobrehumanos, para Carmona la poesía es humana, brota del hombre como ente social. Para él, como para Vallejo, primero es el hombre, después el poeta.








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