El puente Tingo no solo enfrenta la fuerza del río. Enfrenta, sobre todo, la desidia de una autoridad municipal que fue advertida hace casi un mes sobre la acumulación de troncos en su estructura y recién actuó cuando el daño ya había alcanzado el malecón. Para Diario Ahora, lo ocurrido no es un accidente aislado: es la expresión de una gestión que ha perdido capacidad de prevención, respuesta y respeto por la ciudad.
Según el reporte difundido por este medio, vecinos del sector alertaron que los troncos impedían el cauce normal del agua y podían generar un embalse. La advertencia era concreta, visible y urgente. No hacía falta esperar una tragedia para entender que un puente con más de 400 años de historia, considerado patrimonio arquitectónico de Huánuco, requería atención inmediata.
El viernes pasado, la erosión del suelo en una zona cercana al puente confirmó lo que los vecinos temían. El muro quedó expuesto, aparecieron rajaduras y el terreno, descrito por un morador como “puro relleno”, comenzó a ceder. La Municipalidad Provincial de Huánuco, sin embargo, reaccionó tarde, cuando la acumulación de troncos ya era símbolo de abandono y no solo un problema de limpieza.
La responsabilidad política no puede diluirse en trámites, oficios o promesas de evaluación. Cuando una municipalidad dispone de recursos, funcionarios y áreas de gestión de riesgos, la falta de acción oportuna deja de ser un descuido administrativo y se convierte en una señal de incapacidad. Huánuco no necesita autoridades que aparezcan después del daño, sino una gestión que actúe antes de que el río, la basura, el tráfico o la informalidad impongan su propio calendario.
El caso del puente Tingo resume una crisis mayor. La ciudad arrastra problemas de transporte, comercio ambulatorio, residuos sólidos, contaminación sonora, inseguridad y deterioro del espacio público. Ninguno nació ayer, pero todos se han profundizado bajo una administración que parece más preocupada por la propaganda que por resolver lo elemental: ordenar, prevenir, fiscalizar y responder.
También resulta grave que el ingreso de vehículos pesados a una zona vulnerable haya sido advertido por los propios vecinos, según el testimonio recogido por Diario Ahora. Si el peso de buses y unidades de alto tonelaje contribuye al deterioro del terreno, corresponde preguntarse dónde estuvo la fiscalización municipal antes de que el suelo empezara a ceder.
El puente Tingo no puede ser tratado como una estructura cualquiera. Su valor histórico obliga a una intervención técnica, sostenida y transparente. La defensa del patrimonio no se proclama en ceremonias ni publicaciones oficiales: se demuestra retirando a tiempo los obstáculos del cauce, protegiendo sus bases, restringiendo actividades de riesgo y rindiendo cuentas a la población.










