
Editorial · 2 de junio de 2026
La pérdida de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales no puede seguir maquillándose como un problema exclusivo del Ministerio de Vivienda. Huánuco llegó a este punto, en gran parte, por las gestiones no realizadas, tardías o insuficientes del alcalde Antonio Jara, quien tenía responsabilidad directa en defender una obra vital para la ciudad. Resulta inadmisible que un proyecto vinculado a financiamiento internacional haya quedado atrapado por falta de compromiso, identidad y capacidad para solucionar problemas. La PTAR no era un trámite cualquiera: era una necesidad sanitaria, ambiental y urbana. Sin embargo, Jara ha demostrado carecer de esas condiciones básicas para conducir una gestión eficaz. El alcalde no puede presentarse ahora como simple denunciante del fracaso. Si había terrenos pendientes, propietarios por reunir, documentos por cerrar y plazos por cumplir, su deber era anticiparse, presionar, destrabar y resolver. Gobernar no es explicar por qué se perdió una oportunidad; gobernar es evitar que se pierda. El Gobierno Regional, dirigido por Antonio Pulgar, tampoco puede lavarse las manos. Si entregó 9,5 hectáreas para el proyecto, debía acompañar esa acción con seguimiento técnico, presión política y defensa sostenida. Una obra de esta magnitud exigía liderazgo regional, no presencia decorativa. Huánuco vuelve a pagar el precio de autoridades que llegan tarde a los problemas grandes. La desidia no siempre se expresa en silencio; también aparece en reuniones sin resultado, anuncios sin documentos y viajes a Lima cuando el daño ya está consumado. La población no merece seguir condenada por autoridades incapaces de convertir prioridades en hechos. Cada día sin PTAR significa más contaminación, más atraso, menos desarrollo urbano y menos posibilidades de acceder a proyectos mayores para la provincia. El centralismo existe, pero no puede ser la coartada perfecta para ocultar la incompetencia local. Jara y Pulgar fueron elegidos para gestionar, exigir y resolver. No para explicar derrotas administrativas cuando Huánuco ya quedó fuera de una oportunidad histórica. La eventual alternativa con la CAF no debe servir como cortina de humo. Si existe una nueva posibilidad, debe presentarse con documentos, fechas, responsables y compromisos verificables. Huánuco ya no puede vivir de promesas recicladas. Tanto, Antonio Jara y Antonio Pulgar deben rendir cuentas. La PTAR no se perdió de un día para otro. Se perdió por falta de decisión, por ausencia de liderazgo y por una preocupante falta de compromiso para con Huánuco e impresionante incapacidad de gestión que hoy amenaza con dejar a Huánuco, otra vez, fuera del futuro.