Lo que ha ocurrido en la provincia de Dos de Mayo no puede verse como una simple queja de campaña. Cuando aparecen actas procesadas de madrugada, en horarios que no parecen coincidir con las distancias entre distritos rurales y la oficina electoral, y cuando además no se permite revisarlas de inmediato, la preocupación deja de ser solo política. Pasa a ser un problema de confianza pública.
Ese es el punto de fondo. En una elección, no basta con que el conteo sea correcto. También debe poder ser revisado, entendido y explicado. Si un acta ya fue contabilizada, debe estar disponible para que los personeros la cotejen. Si eso no ocurre, se afecta un derecho básico de control y se abre una duda innecesaria sobre el proceso.
La denuncia presentada en este caso incluye datos concretos. Se revisaron 120 actas de Dos de Mayo: 23 aparecían contabilizadas y 97 seguían pendientes. El reporte también detalla horarios específicos. Una mesa de Pachas fue digitalizada a las 03:06 de la madrugada y contabilizada a las 03:23. Otra de Marías ingresó a las 04:50. Una de Yanas, a las 05:30. Tres de Chuquis aparecen entre las 06:49 y las 06:49 con apenas segundos de diferencia. Además, una mesa de Marías figura como contabilizada, aunque aparece como “no digitalizado”. Son datos que exigen una explicación técnica clara, no una respuesta burocrática.
Aquí conviene ser firmes y también responsables. Estos hechos, por sí solos, no demuestran fraude. Afirmarlo sin prueba sería irresponsable. Pero también sería irresponsable restarles importancia. Cuando los tiempos no cuadran a simple vista y cuando el acceso a las actas no es inmediato, la autoridad electoral tiene la obligación de despejar toda duda con documentos, trazabilidad y transparencia.
Ese deber es aún mayor en una región como Huánuco, donde la distancia geográfica, la dificultad del transporte y la desconfianza hacia las instituciones ya pesan demasiado. El ciudadano de zonas rurales no solo quiere que su voto cuente. Quiere saber que contó bien, que nadie lo alteró y que, si hay observaciones, estas podrán revisarse a tiempo. Si las actas se procesan pero no se pueden ver, el sistema pierde credibilidad.
Diario Ahora considera que el problema central no es la denuncia de un candidato, sino la fragilidad de la respuesta institucional. La confianza en una elección no se pide; se construye. Y se construye mostrando cada paso del proceso: a qué hora llegó el acta, quién la recibió, cómo fue digitalizada, cuándo fue validada y por qué no estaba disponible para su revisión.
En este caso, la autoridad electoral tiene una oportunidad decisiva. Puede explicar con precisión lo ocurrido y cerrar la controversia con información verificable. O puede dejar que el silencio siga alimentando sospechas. En una democracia, esa diferencia es enorme. Porque cuando la transparencia llega tarde, ya no fortalece el proceso: apenas intenta reparar un daño que pudo evitarse.










