Lo que ocurre en el pueblo joven Aparicio Pomares, en la vía hacia Nauyan Rondos, revela una falla grave en la gestión de obras básicas. Buzones sin tapa, desagües expuestos, zanjas abiertas y aguas servidas en la superficie no pueden normalizarse como parte del paisaje urbano. Cuando una obra de saneamiento queda paralizada durante años, la promesa de desarrollo se convierte en amenaza cotidiana.
Diario Ahora considera que este caso exige una respuesta inmediata de la Municipalidad Provincial de Huánuco y de la empresa prestadora del servicio de saneamiento. No basta con explicar que hubo problemas técnicos, expedientes incompletos o cambios administrativos. La ciudadanía no vive de justificaciones: vive con olores fétidos, barro, polvo, riesgo de infecciones y calles convertidas en trampas.
La situación golpea con mayor dureza a quienes menos margen tienen para protegerse. Niños que caminan hacia sus centros educativos, adultos mayores, familias que conviven con aguas residuales y transportistas que deben maniobrar entre huecos y desmontes pagan el costo de una negligencia que no cometieron. Ese es el punto central: el abandono de una obra pública siempre termina trasladando la factura al vecino.
Una red de alcantarillado paralizada no es solo cemento detenido. Es salud pública en riesgo. Allí donde hay desagües abiertos, humedad acumulada y residuos expuestos, se multiplican las condiciones para enfermedades gastrointestinales, dermatológicas y respiratorias. Aparicio Pomares no pide un favor; exige un servicio elemental que el Estado está obligado a garantizar.
También hay un perjuicio económico que suele quedar fuera del discurso oficial. Cada paralización encarece la obra, deteriora lo ya construido y obliga a gastar nuevamente en correcciones. Lo que se abandona hoy se paga mañana con presupuestos más altos, plazos más largos y una confianza ciudadana cada vez más débil.
Huánuco no puede seguir aceptando obras que empiezan con ceremonia, cartel y promesas, pero terminan sin supervisión, sin responsables visibles y sin fecha real de culminación. La autoridad que inaugura debe responder también por lo que queda inconcluso. La gestión pública no se mide por anuncios, sino por resultados verificables en la vida diaria de la población.
La Municipalidad Provincial de Huánuco debe informar, con fechas y documentos, cuál es el estado técnico, presupuestal y contractual del proyecto. La empresa prestadora de saneamiento debe explicar qué acciones asumirá para reducir el riesgo sanitario mientras se resuelve la ejecución definitiva. Y los órganos de control deben revisar si hubo negligencia, omisión o perjuicio económico.
La ciudadanía de Aparicio Pomares merece algo más que visitas ocasionales y compromisos verbales. Merece una intervención seria, con cronograma público, responsables identificados y fiscalización permanente. Mientras eso no ocurra, cada buzón abierto será una señal de fracaso institucional.










