Huánuco no puede seguir tratando el turismo como una actividad decorativa, útil solo para discursos, fotografías y campañas de ocasión. La denuncia de las agencias de turismo, que advierten una caída de hasta 80% en visitas durante Semana Santa, expone un problema mayor: la ausencia de una estrategia pública seria para sostener uno de los pocos sectores capaces de dinamizar hoteles, restaurantes, transporte, comercio y empleo local.
La Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo tiene una responsabilidad que no puede reducirse a actos protocolares. Promover Huánuco exige planificación, coordinación con operadores privados, presencia en mercados emisores, información confiable para los viajeros y una agenda clara antes de temporadas clave como Semana Santa, San Juan y Fiestas Patrias.
El reclamo del gremio turístico no debe leerse como una queja sectorial aislada. Cuando llegan menos visitantes, pierden los guías, los restaurantes, los hospedajes, los transportistas, los artesanos y las familias que dependen de una economía ya golpeada por la informalidad y la baja inversión. El turismo no es un lujo: es ingreso directo para cientos de hogares.
Huánuco tiene atractivos históricos, naturales y culturales suficientes para competir con otros destinos del país. El problema no está en la falta de recursos turísticos, sino en la incapacidad de convertirlos en productos ordenados, seguros y visibles. Sin rutas claras, sin campañas oportunas y sin coordinación público-privada, el visitante simplemente elige otro destino.
Diario Ahora considera que la autoridad regional debe explicar qué hizo, qué dejó de hacer y qué hará antes de las próximas temporadas altas. No bastan comunicados ni actividades simbólicas. Se necesita una mesa técnica permanente, metas medibles, presupuesto transparente y participación real de quienes sostienen el sector todos los días.
La promoción turística tampoco puede improvisarse a pocas semanas de una festividad. Requiere calendario anual, alianzas con municipios, presencia digital, capacitación, seguridad, señalización y servicios básicos. Un destino no se construye solo con paisajes: se construye con gestión.
La región pierde mucho más que visitantes cuando falla su política turística. Pierde reputación, confianza y oportunidades de inversión. Cada temporada desaprovechada refuerza la idea de que Huánuco tiene potencial, pero no conducción; belleza, pero no estrategia; identidad, pero no capacidad de venderse al país.
La actual situación debe marcar un punto de quiebre. Si San Juan y Fiestas Patrias repiten el mismo patrón de descoordinación, ya no estaremos ante un error administrativo, sino ante una renuncia práctica a convertir el turismo en motor económico regional. Huánuco merece una promoción a la altura de su historia y de su gente.










