
Editorial · 4 de junio de 2026
Huánuco necesita obras, pero no obras ejecutadas de cualquier manera. La renovación de 49 cuadras del centro histórico, con una inversión municipal superior a S/ 2.6 millones, puede ser necesaria y hasta urgente; sin embargo, cerrar calles céntricas sin una planificación visible, sin rutas alternas claras y sin una comunicación eficaz con vecinos, comerciantes, peatones y transportistas es una forma de trasladar el costo de la obra a la ciudadanía. El problema no está en renovar veredas deterioradas, sino en la manera en que se está interviniendo el corazón urbano de la ciudad. Una obra pública debe mejorar la vida de la población, no convertir durante semanas el centro en un espacio de congestión, incertidumbre y malestar. Si una cuadra puede permanecer cerrada hasta una semana, la municipalidad tiene la obligación de explicar con precisión qué calles serán intervenidas, en qué fechas, por cuánto tiempo y qué alternativas tendrán quienes transitan o trabajan en la zona. La falta de previsión se evidencia cuando la vía pública termina ocupada por desmontes, materiales, maquinaria y cierres que reducen el paso vehicular y peatonal. No basta con anunciar inversión ni enumerar jirones. La gestión pública exige orden, anticipación y respeto por el ciudadano. En una ciudad con calles estrechas y tránsito ya complicado, cada cierre debe responder a un plan técnico y no a una improvisación diaria. El centro de Huánuco no es solo un conjunto de cuadras: es una zona de comercio, transporte, servicios y vida cotidiana. Allí trabajan comerciantes, circulan escolares, adultos mayores, pasajeros y vecinos que dependen de accesos seguros. Por eso, una intervención municipal en este sector debe ejecutarse con señalización suficiente, accesos parciales, retiro oportuno de residuos y coordinación permanente con quienes serán afectados. El argumento de que las veredas no recibían mantenimiento integral desde hace más de 40 años refuerza la necesidad de la obra, pero no justifica el desorden. Al contrario, una intervención largamente postergada debió prepararse mejor. La ciudadanía puede tolerar incomodidades cuando percibe seriedad, información y plazos confiables. Lo que no acepta es sentirse sorprendida por cierres, desvíos y obstáculos sin explicación clara. La Municipalidad Provincial de Huánuco aún está a tiempo de ordenar la ejecución. Debe publicar un cronograma por cuadras, habilitar canales de información diaria, exigir al contratista limpieza y seguridad, y garantizar rutas alternas reales. También debe escuchar a los afectados antes de que el malestar se convierta en rechazo abierto a una obra que, bien ejecutada, debería beneficiar a todos. Huánuco necesita veredas dignas, pero también una gestión que entienda que el espacio público pertenece a la gente. La verdadera prueba no será solo terminar las 49 cuadras, sino demostrar que la obra puede avanzar sin castigar innecesariamente a la ciudad.