Lo que ocurre en la vía a Chilepampa ya no puede presentarse como una simple disputa entre el alcalde provincial Antonio Jara y el alcalde de Santo Domingo de Nauyán, Manuel Salvador Martínez. Aquí hay un problema más profundo: Huánuco ha normalizado durante años que su periferia rural cargue con el costo ambiental, vial y social de un servicio indispensable para la ciudad. Esa es la verdad de fondo, y negarla solo agrava la crisis.
Cuando una zona recibe el tránsito vinculado a un relleno sanitario que procesa 250 toneladas diarias, no bastan actas, promesas ni porcentajes optimistas. Si la población sigue respirando polvo, si los escolares siguen expuestos a un ambiente insalubre y si los agricultores ven caer su rentabilidad, entonces el conflicto no es político: es material. La ciudad deposita sus residuos en Nauyán, pero Nauyán recibe a cambio deterioro de suelos, plagas, moscas y un camino que sigue siendo motivo de disputa.
La contradicción entre el 95.8% de avance que sostiene la Municipalidad Provincial de Huánuco y el “incumplimiento total” que denuncia la autoridad local no puede resolverse con descalificaciones personales. Si hubo raspado superficial donde se prometió una intervención con material compacto de 15 a 20 centímetros, el problema es técnico y también ético. Si, por el contrario, la provincia acredita que sí cumplió, entonces debe demostrarlo en campo y con transparencia. Lo que no resiste más Huánuco es el gobierno por versiones enfrentadas.
Esta editorial sostiene que Nauyán tiene razón en lo esencial, incluso si algunas de sus autoridades pueden haber tensado la negociación o mezclado reclamos legítimos con disputas administrativas. El punto central sigue intacto: ninguna comunidad debería albergar el botadero o relleno de una provincia sin compensación suficiente, sin mantenimiento vial confiable y sin un esquema claro de corresponsabilidad financiera de todos los distritos que usan esa infraestructura.
Resulta especialmente grave que, según lo expuesto en este conflicto, Amarilis y Pillco Marca utilicen el sistema sin una participación económica visible para mitigar el impacto sobre el territorio receptor. También resulta revelador que una comunidad situada a apenas ocho kilómetros de la ciudad siga denunciando carencias básicas mientras soporta el peso de un servicio urbano. Esa asimetría revela una idea vieja y peligrosa de desarrollo: progreso para el centro, sacrificio para la periferia.
La mesa técnica prevista para fines de abril no debería ser entendida como un trámite, sino como una prueba de honestidad institucional. Si confirma deficiencias, la provincia quedará obligada políticamente a corregirlas. Si confirma avances reales, aun así persistirá una pregunta incómoda: ¿cuánto más tiempo pretende Huánuco sostener su limpieza urbana sobre la resignación de Nauyán?
Porque el problema ya no es solo Chilepampa. El problema es una ciudad que quiere resolver su basura sin mirar de frente a quienes viven al lado de ella.










