La interrupción del servicio de agua potable entre el 23 de marzo a las 04:00 y el 25 de marzo a las 14:00 en Huánuco, Amarilis y Pillco Marca no solo evidenció una emergencia operativa, sino una falla estructural que afecta a más de 200 mil ciudadanos. La magnitud del corte —casi 72 horas consecutivas— expuso la fragilidad de un sistema que, frente a lluvias intensas, quedó completamente paralizado.
El gerente general de Seda Huánuco, Mirco Félix Jurado Dueñas, sostuvo que el colapso fue consecuencia de precipitaciones que arrastraron sedimentos hacia la bocatoma de Cancha y el canal principal. Según indicó, el ingreso de lodo y material sólido obstruyó el flujo. Sin embargo, atribuir el evento a causas naturales no responde por qué un sistema que abastece a tres distritos carece de mecanismos de resiliencia ante fenómenos recurrentes.
Las labores de limpieza, que se extendieron por más de 48 horas y requirieron intervención manual, evidencian limitaciones técnicas. La empresa reconoció que las plantas de tratamiento 1 y 2 operaban al 70 % de su capacidad al 25 de marzo, mientras al menos 15 sectores urbanos continuaban afectados. La distribución mediante cisternas y la habilitación de 2 pozos tubulares resultaron insuficientes frente a la escala del problema.
El origen del problema no es reciente. Dirigentes vecinales han señalado que el canal de conducción, con una antigüedad de entre 60 y 70 años, fue diseñado para riego y no para una población que ha crecido más del 20 % en la última década. Esta desconexión entre infraestructura y demanda convierte cada temporada de lluvias en un riesgo previsible.
En los últimos 90 días, la ciudad ha registrado al menos 3 interrupciones significativas del servicio, mientras que en los últimos 2 años se han evidenciado limitaciones en la ejecución de proyectos hídricos. Este patrón revela una continuidad en la postergación de decisiones estructurales que mantienen a Huánuco operando con un sistema desfasado frente a su realidad urbana.
El impacto social ha sido directo. Miles de familias, especialmente en zonas altas, enfrentaron desabastecimiento total durante 3 días, mientras usuarios reportan interrupciones previas de entre 12 y 24 horas semanales sin ajustes en la facturación. La brecha entre el servicio recibido y el pago exigido ha reactivado cuestionamientos sobre la calidad del servicio.
El episodio tensiona varios niveles. En lo social, evidencia desigualdad en el acceso; en lo económico, refleja el costo de no invertir a tiempo; en lo institucional, plantea interrogantes sobre la planificación y fiscalización; y en lo político, introduce un factor de desgaste para autoridades en un contexto de creciente presión ciudadana.
El gerente de Seda Huánuco ha pedido comprensión ante lo que calificó como un evento excepcional. Pero cuando un corte de casi 72 horas afecta a más de 200 mil personas y se repite en distintas formas al menos 3 veces en 90 días, la excepcionalidad deja de ser argumento suficiente y abre una discusión inevitable sobre responsabilidades y decisiones pendientes.










