Este próximo 1 de octubre se celebrará en el Perú el Día del Periodista y quien escribe, hace algunos años, laboró en esa profesión o, como algunos definirían, un oficio. Tuve el gusto de escribir en algunos diarios como el Ahora y de hacer un poco de prensa televisiva. Quizás lo más bonito de ello es la libertad que se tiene a la hora de hacer tu agenda y manejar tus temas. Eso sí, así como había cosas bonitas, también pude ver cuáles son las limitaciones que tienen los colegas, sobre todo los periodistas de provincia, a la hora de ejercer el ejercicio del periodismo y que van desde las restricciones publicitarias hasta el hostigamiento político.
Para ser más claros, quizás el más grande problema que actualmente se vive es ciertamente la desigualdad existente respecto al reparto de la torta publicitaria del Estado en medios de comunicación. Como ha sido costumbre ya desde hace varios gobiernos, la gran parte de la publicidad se la llevan los canales grandes de la capital. En sí, se cuenta con un marco legal que es la Ley N° 31515 y su reglamento, el Decreto Supremo N° 064-2023-PCM, que establecen los montos mínimos legales tanto para autoridades locales, gobierno nacional y campañas de alcance a nivel nacional.
Si bien a simple vista pareciera que las cosas están claras, la verdad es que canales como América TV, Latina, ATV y Panamericana, sumándole a grandes radios y diarios de Lima, tienen un respaldo más grande que lo que podrían tener diarios de provincia u otros medios locales. Esto se hizo más evidente durante el gobierno de Pedro Castillo, siendo una de sus medidas cerrarle el caño a los grandes medios, hecho que solo intensificó aún más la contracampaña sucia que le hicieron desde el primer día que puso un pie en palacio. Ahora, con los últimos gobiernos ha regresado el statu quo, sumándole la persecución que sufren algunos medios alternativos críticos con la clase política capitalina.
Otro caso ejemplar de esa dependencia fue la Ley Nº 30793, conocida popularmente como la «Ley Mulder» o «Ley Mordaza», que fue una norma peruana aprobada en 2018, iniciativa del congresista Mauricio Mulder, que prohibía la contratación y difusión de publicidad del Estado en medios de comunicación privados, limitándola solamente a los medios del Estado. Esto provocó, en su momento, una crisis a nivel nacional en medios locales, tanto así que hubo una gran presión política y mediática, que terminó haciendo retroceder la iniciativa. Incluso aquí en Huánuco se tenía preparada una delegación que viajaría a la ciudad capital para sentar su posición y alzar su voz de protesta ante la medida.
Ahora, hablándoles directamente de mi experiencia o lo que pude ver en la cancha. Si nos concentramos únicamente en la ciudad de Huánuco, lo que normalmente le dan a un periodista independiente que paga un espacio publicitario en un canal (que normalmente ronda los 400 o 500 soles alquilar el espacio en TV), al menos en el tiempo en que yo trabajaba en el rubro, tanto en distritos como Amarilis y en la provincia de Huánuco, es de unos 400 soles. Esta cifra sube 100 soles más en el gobierno regional. Cabe destacar que dicho monto no es fijo todos los meses, sino que hay meses en que recibes y meses en que no, a excepción, claro, de quienes tienen amigos dentro de una gestión y pueden recibir montos más altos y durante meses consecutivos.
Esto no significa que las áreas de imagen entreguen migajas porque eso les parece lo ideal, sino que tienen muchas veces que repartir una torta entre diferentes medios y sí o sí esta debe trabajarse en diferentes grupos. Eso sí, el problema empieza cuando la publicidad se convierte en una forma solapada de censura. Si un periodista se convierte en un crítico constante de una gestión o fiscaliza más de la cuenta, la consecuencia para él es la de ser paulatinamente rezagado de los grupos de prensa y expectorado de las listas de publicidad, con lo cual los ingresos que destina para su trabajo se ven mermados, hecho que hace que cambie su línea editorial más por necesidad que por consecuencia. Esto hace que se dividan en grupos y que incluso haya conflictos entre ellos. Como reza el dicho, divide y vencerás. Incluso se han podido ver campañas de desprestigio abiertamente dirigidas hacia algunos colegas, como fue el caso de la periodista local Patricia Santillán.
Otro escenario, y que tristemente parece ser la tendencia de algunos colegas, es justamente el de convertirse en extorsionadores. El término puede sonar algo impropio, sobre todo porque está más relacionado con cosas como el crimen organizado, pero valgan verdades, el término se utiliza también para referirse a aquellos periodistas que amenazan a las instituciones con destruir su imagen o convertirse en críticos furibundos y hasta irracionales a menos que los incluyan dentro de su pauta publicitaria. Mario Vargas Llosa ejemplificó magistralmente a este tipo de periodistas en el personaje del “Sinchi” en su novela “Pantaleón y las visitadoras”. No les daré más detalles al respecto, pero léanse el libro o al menos véanse la película de Francisco Lombardi, para que conozcan cuál es la fama de la prensa de esos años, sobre todo en la selva.
Otro de los problemas que afronta el gremio en nuestra ciudad es el claro antagonismo que actualmente existe entre el Colegio de Periodistas y aquellos egresados que no se identifican ni con la función ni los valores de dicho gremio. Y es porque justamente la labor tanto del periodista como la del comunicador institucional es similar en algunos aspectos, pero diametralmente distinta en muchos otros. Hecho que ha generado, por ejemplo, que tengamos el debate de si es que debería existir como tal un “Colegio de Comunicadores Sociales” o que algunos hayan optado por sumarse al Colegio de Relacionistas Públicos. Como mencioné líneas más arriba y regreso nuevamente a lo mismo, divide y vencerás.
Actualmente estamos en temporada electoral, que suele ser una de las etapas en donde la prensa gana ingresos haciendo publicidad a candidatos, y ahí surge otro debate incómodo al respecto del futuro de la prensa. A diferencia de otras campañas, he visto que los candidatos vienen apostando más a las redes sociales o infuencers, en vez de a los canales de prensa tradicional. Hecho que se da también en las empresas privadas, que en contadas excepciones no suelen poner publicidad en medios tradicionales. Veremos a la larga si la prensa local logra adaptarse a los nuevos tiempos y si son capaces de afrontar las nuevas tecnologías, las mismas que han logrado poner en un segundo plano hasta a los medios más grandes e históricos. Solo el tiempo dirá si se pueden adaptar o si están condenados a desaparecer.








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