Es un lobo que sabe camuflarse perfectamente de mansa oveja. Es un actorazo, capaz de ofrecer el cuello como sacrificio sagrado, si alguna ganancia va a sacar.Nada para él es gratis, todo tiene precio, así llama a su filosofía de vida que, me dijo, le ha funcionado, conmigo mucho más. A mí me la hizo redondita. ¡Perro! Para pedir préstamo y favores es un experto y convincente, inventa enfermedades, urgencias y miles de necesidades impostergables; terminas cediendo todo. Te digo que tengas cuidado, mucho cuidado, con ese galán de mala muerte, sin gracia ni atributos físicos. Puedo suponer lo que te propuso. Es su costumbre, su modo de vivir, así morirá. A pesar de su edad, no parece ser un viejo, cerca de la tercera edad. No bebe, no fuma, no trasnocha, come lo necesario, evita la discusión, prefiere el silencio a tener la razón, sus amigos son escasísimos, se protege de la toxicidad emocional. Pareciera que fuera un sinvergüenza, que todo le parece anecdótico. Él siempre termina volteándote la torta con inteligencia y astucia. Eso sí, tiene una buena retórica, palabras selectas, eso nadie se lo niega. ¿De dónde le viene eso? Es un secreto de oficio, me decía. No lo sé. Yo lo escuché día y noche cuando vivíamos juntos. Creo que su padre era uno de esos charlatanes que timaba a gente humilde. Si lo veo, lo ahorco. Me da rabia saber que sigue en lo mismo.
A las 6:30 de la noche, la Plaza de Armas se convierte en pase obligatorio de los trabajadores de las instituciones públicas aledañas. Unos conversan y ríen mientras caminan, otros avanzan apresuradamente. La brisa empieza a acariciar suavemente el rostro de la gente, obligándola a abrigarse o irse a un café para mitigar el friecito de medio año. Faltan unos días para el 15 de agosto. Los árboles añosos se balancean como queriendo bailar; el verdadero viento hace sentir su presencia nocturna. Dentro del ramaje, las aves hacen su dormitorio; las hojas son paraguas. Las bancas de madera y espaldar de fierro son ocupadas por contertulios permanentes y ocasionales. Ya se siente la fiesta popular, la bulla, la feria y los ambulantes alrededor de la pileta de granito que escupe agua fresca al cielo estrellado. Algunos empleados de los bancos y del municipio provincial salen aliviados, luego de una jornada atendiendo a usuarios y clientes. Un par de mendigos preparan sus cartones, hules y mantas para dormir la noche en la puerta del Poder Judicial. Los feligreses ingresan contritos a la catedral mayor para rezar por ellos mismos y por los pecados del mundo, para que haya paz duradera y cese la guerra entre los pueblos porque todos somos hijos de Dios. Seguro que nadie se recordará de las muertes y genocidios en Palestina y Ucrania o de los villorrios destruidos por el terremoto en Venezuela y Colombia. El emolientero acoge plácidamente a los noctámbulos. Los colectiveros esperan pacientemente a sus pasajeros para llevarlos a los dos distritos en la otra orilla del río Huallaga. Ellas siguen conversando imparablemente. Hay cuerda para rato. Aún no las han llamado de casa para decirles a qué hora van a llegar para cenar. En el bar del Gran Hotel, se bebe y come. Los cambistas se recogieron antes de las seis por seguridad. El famoso sacerdote, mientras transita por la acera, responde amablemente incontables saludos. Usted debe ser alcalde, padre, le dicen. El paisaje de las calles del perímetro cambia totalmente; en unas horas, estarán desérticas. Una de ellas estornuda escandalosamente y atrae la mirada curiosa de los transeúntes. Se ríen.
Hay que ser justos. Tiene algunas virtudes. Eso sí, sabe escuchar como un sacerdote confesor, sin interrumpir y guarda secretos íntimos; es una tumba el bandido. En realidad, está pensando por dónde atacar y sacarle provecho a la información que va obteniendo; actúa como un perito, como los que hay en la oficina, para analizar los datos como si fueran un código encriptado. Es adicto al café como a los billetes. Trabaja como nosotras, pero siempre tiene deudas y apremios. No tiene nada, ni siquiera su sombra es de él; vive la vida como si se fuera a morir al día siguiente. Tiene memoria de elefante, no se olvida así nomás de lo que hace ni lo que le hacen. Así es. Un rencoroso intransigente. Si le haces una, te fregaste. Te pone la cruz, eres su enemigo declarado, usa todo lo que sabe de ti. No te va a dejar de hablar, esperará el momento preciso para darte la puñalada por la espalda. Eso es lo que sé, creo. No sé qué te habrá contado de mí para que aceptes tal invitación. ¿Nada? No te creo. Ese ganapán no es idiota, sabe en quién ha puesto el ojo. Algo quiere de ti. Entonces qué quieres conversar conmigo. Decía que si una mujer encuentra una pareja que la escuche, se sacó la lotería. En cambio, yo soy como soy: celosa, jodida, abro mi boca para vociferar sapos y culebras. Ya estoy hecha y derecha como para ceder a costumbres que nunca he practicado. Seguro que, en su bendita mesa de trabajo, habrá dos velas de colores encendidas; es cábala y suerte. Él no podía domesticar sus instintos, pero sí sus emociones. Te digo que es el lobo de Gubia. A veces me contaba cosas personales de su infancia, el abandono de su padre cuando tenía tres años. Estoy vivo y honrado, decía. Me hablaba de sus carencias y padecimientos en la juventud y de sus actividades políticas que habían llegado a la orilla del río de sangre. No sé qué quería decirme con eso. Ahora es un conquistador. Yo no sé qué le has visto, qué es lo que te atrae de él; tal vez sí tengas tus fundadas razones. Allá tú, si le crees. Allá tú, Alicita.
Quiero que sepas que a todas les dice que él es libre como el viento, peligroso como el mar, como un potro sin domar. Claro que no son sus versos. Unos le creían, otros se reían de sus petulancias. Después de todo lo que me has escuchado, tú ve si asistes a esa reunión en el comedor de La Pirámide, donde la cena cuesta lo que tú y yo pagamos en una semana en los almuerzos en el restorán. Es un Casanova provinciano. ¿Sabes qué es eso? Es increíble, qué le ven las mujeres, qué atractivo tiene, que sea un sebo, para atrapar mujeres. No lo sé. Para mí, fue un marido como todos. No conozco cómo son los otros maridos. Pero conmigo fue como todos. Por eso, te digo que es un Juan Tenorio porque tiene un poder hipnótico para seducir. Si lo miras, antes que él te vea, te salvas, pero sí él te ve primero, caíste en sus redes. Quedas paralizada como una estatua de piedra. Y sin darte cuenta, ya estás en sus brazos, en la alcoba clandestina; y de ahí lo que a mí también me hizo.
Ahora que lo vas a ver, ten en cuenta todo lo que te dije. Bueno, si quieres ser tú la siguiente conquista, allá tú, pero ya te advertí. Conmigo estuvo unos seis meses. No tenemos hijos. Quizá sea cierto que es libre como el viento. ¿Qué? No puedo creer lo que te estoy escuchando. ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¿Está confirmado? Él jamás va a cambiar. A pesar de todo, no olvides todo lo que te dije. Lo demás ya es asunto tuyo. Y no me pidas que te diga lo que tienes que hacer.









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