Y más temprano que tarde la luna de miel se terminó. Vamos aproximadamente ya casi 20 días que empezó el gobierno y lo que tenemos sentado en palacio no es nada más ni nada menos que una versión nipona de una Dina Boluarte 2.0. Mientras Pucallpa es un polvorín, lugar en donde saco una importante votación dicho sea de paso, el precio de los combustibles suben y Lima, otro de sus bastiones electorales más fuertes ha sufrido la inundación de 2 distritos como Villa María del Triunfo y Villa el Salvador, nuestra primera mandataria hace lives hablando de los sombreros que le regalaron en su viaje a provincias, recomienda tips para el cutis y su ministro de economía, Elmer Cuba, dice que no es ninguna tragedia que las ciudades se inunden, que ocurre hasta en Francia y que exagerados que somos.
Seguramente los medios de comunicación esperaban por lo menos darle un aire en los primeros 100 días, pero como dice el dicho, dato mata relato, y la realidad de lo que se nos viene con el fenómeno del Niño ha hecho que nuestra flamante primera presidenta mujer electa salga a demostrar sus limitaciones. Acostumbrada a mandar en la política durante los últimos 20 años, moviendo los hilos con su bancada y sus aliados parlamentarios, por primera vez en su vida política, tendrá que asumir los pasivos de su gestión y de sus acciones. Desde ya, la oposición viene haciendo su trabajo con la interpelación al ministro de Defensa, Rafael Belaunde, por sus vínculos con la Minera la Poderosa y mostrando hasta el momento una unidad que veremos si sobrevive en el tiempo.
Hasta el momento, pasado ya todo este tiempo, el gobierno ha ido planteando algunas explicaciones respecto al alza de los combustibles al darle, correctamente, una explicación en la actual guerra librada en Medio Oriente. Curiosamente, en el tiempo en donde se inició la guerra entre Rusia y Ucrania, durante los tiempos de Pedro Castillo, la señora Fujimori y la derecha se llenaron la boca hablando de que el gobierno era inepto y que por eso vivíamos la situación que estábamos viviendo con el alza de los combustibles. Ahora, los medios tan fiscalizadores de esos años han desaparecido. Y dicho sea de paso, ya nadie saca los registros de visitas a palacio y la presidenta no vive en palacio. ¿Quiénes la han estado visitando todo este tiempo?
Ciertamente, la prensa libre ha estado haciendo un seguimiento minucioso de lo que ha estado pasando; no esperemos que la prensa tradicional haga lo mismo. Quizás uno de los errores más grandes que hemos cometido es haberles dado a ciertos periodistas serviles, durante los años de la dictadura, la oportunidad de volver a los medios a pontificar sobre la política local. Moralistas que estaban en canales como Panamericana, que recibía dinero de Montesinos, o quienes difamaban a políticos honorables como Valentín Paniagua, ahora piden darle tiempo al nuevo gobierno, cuando a la semana de asumir el anterior gobierno, cubrían marchas golpistas y usaban cualquier excusa para pedir la vacancia.
Dentro de poco, el premier Luis Galarreta, ex pepecista y antifujimorista de antaño, deberá presentarse ante la Cámara de Diputados el 20 de agosto para exponer la política general de gobierno. Como se sabe, se espera que el parlamento apruebe el pedido de facultades y que, a diferencia de las reglas del anterior congreso, no tendrán que pedir cuestión de confianza. Eso sí, algunos doctores truquini, como bien los bautizó en su momento Rosa María Palacios, han empezado a plantear escenarios sobre cómo disolver la Cámara de Diputados. Ciertamente, la actual cámara bicameral le da varios beneficios, pero no tantos como ella hubiera esperado. Es en Diputados donde se pueden acusar delitos y se pueden impulsar investigaciones contra altos funcionarios. Una con otra, como se podría decir.
Eso sí, las viejas prácticas no han terminado. La persecución política ciertamente volverá a estar a la orden del día para tratar de tapar los defectos del gobierno. La falta de fiscalización hacia los ministros del fujimorismo y sus altos funcionarios se ha trasladado a los diputados. No digo que esté mal, ciertamente, que la oposición sea tan fiscalizada como el gobierno, pero es ligeramente sospechoso que las prácticas demolitorias que vienen desde el gobierno de Castillo solo se utilicen para presionar a quienes puedan ser un contrapoder a quienes actualmente cortan el jamón en el país. Eso no quita, efectivamente, casos como el del diputado pegalón y uno que otro, sinceramente, que deberían ir a ética por varias razones.
Lo que también estará a la orden del día serán las cortinas de humo. El día de ayer fue noticia el caso de una infidelidad a un conocido influencer y escritor llamado Víctor Caballero, más conocido popularmente como Curwen. Este caso fue inflado por nada más y nada menos que por la Laura Bozzo de nuestra generación, Magaly Medina. Fuera del debate o de las burlas que puede generar este caso, es evidente la utilización política que tendrán los ampays en estos tiempos. La famosa Urraca ha estado cerca de cada gobierno de derecha en este país. Desde el bailecito con Alan García hasta la entrevista franelera realizada a Keiko y su esposo Mark en 2021, ciertamente es una operadora política que cada vez, ante el surgimiento de las plataformas digitales, se dirige inexorablemente a la irrelevancia.
Y es que no hay forma de tapar la desconexión de este gobierno con la realidad nacional. Ni el pedido de facultades ni ninguna medida en concreto se ha llevado adelante en estos casi 20 días. Quizás lo más triste de todo no es que el país se haya paralizado en una crisis política permanente durante tantos años por culpa de la angurria y sed de poder del fujimorismo, sino que, una vez logrado su objetivo, no fuera, como vienen siendo el resto de gobiernos de ultraderecha en el continente, uno dispuesto a hacer un cambio, aunque sea para mal. Buscar tanto el poder para al final no hacer nada con él. Cuatro elecciones eligiendo al mal menor, para que fuera tan o igual de mediocre que los gobiernos que puso o que sacó en su camino, muchas veces sangriento, al palacio de gobierno.
Por lo menos Alberto, con toda su corrupción y su neoliberalismo autoritario, llegó a sacudir los cimientos de la política peruana. Con algunos aciertos y una infinidad de errores y horrores, hizo cosas con el poder que tenía. Su heredera, por lo visto, solo quiso llegar a palacio para impulsar su carrera de influencer. Afortunadamente, como toda relación de tiempo o matrimonio, luego de la noche de bodas y los primeros viajes, se va desgastando, llegando al inevitable final de una luna de miel que al parecer solo tuvo con sus medios y ayayeros, pero que jamás llegó a calar en la población ni en los actores, que, pese a no apoyarla, le plantearon un plazo para mostrar su talante. Que este prematuro choque sea el inicio del fin de su gobierno. Quien se empeñó en tratar de truncar un país que le dijo que no tres veces, tendrá que ver si es capaz de gobernar lo que ella se encargó de hacer ingobernable.








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