La comida es un abrazo humano (…) una casa (O. Murillo).
Hay más complejidad de lo que, con simplicidad se puede leer en Óscar Murillo (1986), acercarse a la obra con la inscripción “Tamales”, quiebra la distancia entre el viaje hecho desde la selva amazónica de Perú, a la planicie fría de Potsdam. Pozuzo es similar a La Paila, es selva alta, pueblo encallado en el Valle del Cauca en Colombia: pequeños cerros de exuberante verdor, esperanzas limitadas... Es paradójico, La Paila puede ser un contenedor donde hervir agua en una cocina a carbón, así como la resignación absoluta cuando se está en un espacio geográfico que no ofrece ningún atisbo de esperanza. El papá de Óscar, Belisario Caicedo, logra establecerse en Londres luego de muchas vicisitudes; del trabajo en la plantación azucarera en su tierra, actividad que te esclaviza, a vivir en tierras nórdicas, sin saber inglés. En La Paila, los ojos de Óscar crecieron diferenciando las tonalidades amazónicas que, en el encuentro con la ceguera del pintor Claude Monet (1840-1926) cobrarían actualidad en su obra.

Oscar Murillo. Osmosis colectiva» en DAS MINSK
Las Banderas negras, hechas de trozos de tela, sin esconder las costuras y la tosquedad, como el dolor y costras que las fronteras marcan en los seres que huyen en busca de esperanzas, oportunidades. La obra en Potsdam está oculta en las telas negras de sus banderas expuestas en la Bienal de Venecia el 2015; esta vez son un habitáculo, un trozo de mundo en luto, oscuridad, desesperanza, donde las pinturas, son luces salvíficas. El Arte es la luz en este mundo en tinieblas, Óscar reflexiona desde la sensibilidad del expatriado.
La exposición es un remoto sueño donde el verde de su infancia se sofoca en las telas negras y resurge en cada trazo de pintura; desde antes de ingresar al recinto, todo es una instalación, Óscar Murillo reflexiona y levanta la voz en un espacio que no le pertenecía en su primera infancia, los 10 años y, como en un estado de gracia, toda la pureza traída desde La Paila, es ahora, brío en sus trazos, energía de toda la humanidad y la humanidad en él, no es un eufemismo, tiene su cuerpo. En el proyecto “Óscar Murillo. Ósmosis colectiva” participa la vitalidad de miles de jóvenes estudiantes de disímiles esferas del mundo.

Tamales (óleo sobre lienzo) 2012.
El diálogo entre las obras de Óscar Murillo y Claude Monet no es sólo de colores, pervive en esa experiencia el joven artista con su realidad geográfica: Colombia, y el viejo maestro de otro tiempo y contexto. Óscar Murillo descubre en Londres su colombianidad, logra hacernos sentir que La Paila, se convierte por un momento en el verde, que los ojos del padre del impresionismo precisaba en su estanque el jardín de los nenúfares (Nymphéas). La leyenda amazónica sucumbe y se une en la memoria al mito del pintor que pasea por sus jardines, sin que sepamos si en algún instante de su vida, haya leído que Jean Cousin, alegaba haber descubierto América, cuatro años antes que Cristobal Colón.
Oscar tiene el tono vocal de colombiano, siente las palabras como se siente en su lugar, universaliza como un Gabo con la pintura, significados como: tamales, mango, pozo, guarapo, viche, desparramar, poquito, pasteles, burrito, etc. (como le recuerda en una entrevista Abraham Cruzvillegas). El Tamal nos une, el maíz sobrepasa la tenencia mexicana y la obra de Óscar Murillo une y presenta Latinoamérica con sabor a tamal y mango. Si Monet buscó la luz y el color; Picasso, la forma en el origen, Murillo le aporta el aroma y el sabor.
Han pasado tres meses desde que Uwe y Uta, me invitaron a visitar la exposición: Óscar Murillo: Collective Osmosis se presenta simultáneamente en DAS MINSK Kunsthaus y Museum Barberini, Potsdam. Está a 35 minutos de Berlín, considerando, como en Lima, el tráfico.
Reflexionar es la parte difícil, sobre todo cuando se recupera la pérdida. La obra de Óscar Murillo te vuelve a la patria grande, a las calles de las mañanas en al mercado donde una señora, sentada en una blanca silla o un cajón hecho de maderas recicladas, te ofrece tamales para el desayuno (Pozuzo, agosto 2026).








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