Durante varias semanas, hemos suspendido la continuación de artículos sobre el neofascismo en ciernes que lleva a cabo el imperialismo norteamericano, escudándose en el Estado de Israel. Retomando el tema, recordemos que la izquierda electorera ha erigido el término fascismo durante los procesos electorales para achacárselo a los partidos de derecha, sobre todo al llamado fujimorismo, tal como estos no han reparado en difamar de “terrorista” a cualquier partido que se presume de izquierda. Pero, ¿cuánto de cierto y real tiene el apelativo “fascista” colocado a los partidos actuales de derecha? En los últimos cinco años, el Perú ha sido testigo de métodos propios del fascismo por parte de los gobiernos de turno. No obstante, dichos métodos no fueron empleados únicamente por los partidos de derecha, sino también por los de la llamada “izquierda”.
La represión violenta con la que han actuado últimamente los gobiernos es, obviamente, más útil a la Gran Burguesía Financiera que hoy encabeza Keiko Fujimori. Para hablar sobre esta conducta, debemos partir por reconocer el carácter económico dependiente del Perú, atado principalmente al imperialismo norteamericano. Entonces, el imperialismo que semicolonializa a los países subdesarrollados como el Perú, desarrolla obligadamente el llamado capitalismo burocrático en sus semicolonias, y en ella se forja una burguesía a su servicio, porque su “existencia y desarrollo dependen del imperialismo”. Es esta burguesía la que, por su propia necesidad oportunista, impide el desarrollo de las fuerzas productivas del país y, para ello, necesita del poder político. En consecuencia, tal como ya manifestábamos en artículos anteriores —incluso mucho antes de que publiquemos las columnas en el presente espacio— la disputa por el poder se libra entre las dos facciones de la Gran Burguesía, las cuales sirven a los intereses de determinadas potencias mundiales. Por eso mismo, los representantes de USA han salido a increparle al Perú que, junto a otros países, haya apoyado demasiado a China con la exoneración de aranceles. No es, pues, como muchos piensan, alucinaciones de esquizofrénicos políticos inventando la lucha de dos facciones de la Gran Burguesía, cuyo derrotero deviene desde siglos atrás y amerita un análisis más completo y profundo.
Volvamos al asunto que nos compete. Históricamente, toda Gran Burguesía se ciñe también a los lineamientos políticos de la superpotencia a la que defiende. En el Perú, no se dio ninguna excepción; por tal motivo, tanto la Gran Burguesía Financiera y la Burocrática utilizaron de la represión violenta con tal de garantizar a sus jefes o amos económicos la conservación del poder. Es indudable que el imperialismo norteamericano mantiene todavía su hegemonía, pese a las constantes crisis que está enfrentando, y es precisamente lo que está asegurando Donald Trump con su personalidad déspota, directa, cínica y en representación del grupo burgués más degenerado. De esta manera, ha recuperado poder en países latinoamericanos como Venezuela, Ecuador, Chile, Argentina, Perú, entre otros. Ha infundido en las burguesías dependientes la actitud del fascista abierto con políticas y métodos propios del fascismo de las décadas 20 y 30, pero no ha logrado movilizar las masas como ha logrado hacerlo en Israel; sin embargo, es cuestión de tiempo de que la política aplicada por Israel, empiece a ceñirse por otros continentes (incluido el nuestro).
No se aprecia todavía un fascismo en el Perú, pero se está preparando el terreno (como diría el camarada Dimitrov) para recurrir al fascismo y, como parte del plan, tenemos el gobierno actual. ¿Cómo podríamos afirmar eso? Las políticas que intenta aplicar el ejecutivo necesitan, emulando a las del 92, del control total de las instituciones (por eso solicita autoritarismo por 120 días) y están destinadas a favorecer al Gran Capital Financiero (la más clara, eliminar el límite de la tasa de interés), a la sobreexplotación de los trabajadores (aún más clara, crear desestabilización e inseguridad laboral, ceder libertad total a las empresas para establecer las horas laborales de los trabajadores, reducción de feriados, aumento de la edad de jubilación, habilitar trabajo para menores de edad, etc.), el apoyo a la “empresa privada” que en el Perú siempre se reflejó en apoyo a las grandes empresas privadas y no al desarrollo del capital nacional, etc. El gobierno apunta a apoyarse absolutamente en las Fuerzas Armadas y la Policía, sin reformar mínimamente dichas instituciones y para las que no tiene ni un plan de lucha contra la delincuencia y las mafias (cuyo accionar, en los días que lleva el nuevo gobierno, ha cobrado ya la vida de más de 109 personas; la mayoría de estas, trabajadores o pequeños y medianos empresarios).
La estrategia actual es hacer ver ante la opinión pública su llamada pasividad e inocencia, mientras hace creer que les legaron instituciones estatales en quiebra (problemática, según ellos, casi imposible de solucionar). Esto, les facilitará dos cosas a las que aspiran: el autoritarismo y la privatización. Todo indica que lo que buscan es afianzar el neoliberalismo que ha pasado por un periodo de crisis; pero recordemos que ya Mariátegui decía que la esencia del capitalismo es el fascismo y, para salvar de la crisis a este neoliberalismo dependiente del Perú, para sacarlo a flote y conservar el poder y garantizárselo al imperialismo norteamericano, deberán alinearse, tarde o temprano, a la política fascista que impulsa el imperialismo.
Por ende, las mayorías sociales que son víctimas del sistema opresor, las mentes más avanzadas o realmente progresistas; los jóvenes analíticos o críticos y, en general, los espíritus genuinamente justos y bondadosos debemos ver estas políticas como advertencia y estar alertas; forjar movimientos y grupos que velen por los intereses de las masas trabajadoras, del futuro de nuestros jóvenes e hijos. El Frente Antifascista debe reunir a todos aquellos que bregamos por crear un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo; a aquellos que, realmente, estén dispuestos a bregar por la libertad y la emancipación del hombre y que han entendido el peligro que trae consigo las hordas fascistas; a aquellos a quienes todavía no le han podido borrar la historia de la memoria.









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