En el texto anterior habíamos descrito en términos generales el fascismo y lo habíamos conceptualizado, ciñéndonos a los informes de la III Internacional. En esta oportunidad, anexaremos las características proporcionadas por Dmitrov a la realidad internacional, para poder descartar o confirmar la existencia del fascismo. Recordemos que Mariátegui solía distinguir el fascismo de cualquier otro gobierno democrático burgués, precisamente porque había observado con claridad las características particulares del fascismo que, aclaró muy bien, no pertenece solo a un único momento.
1) Los discursos y las acciones chauvinistas por parte de las superpotencias mundiales como USA y China son pan de cada día, aunque claro, deben maquillarlos con la vieja monserga de “por el bien de la humanidad entera”. Estados Unidos busca, como lo dicen los representantes gubernamentales de aquel país, «hacer América grande de nuevo», pero por América solo debemos entender a Norteamérica. Burns, embajador norteamericano en China, puntualizó lo siguiente: «En términos más generales, continuaremos afirmando los valores estadounidenses fundamentales, incluso con respecto a la primacía de los derechos humanos en Xinjiang, el Tíbet y Hong Kong». En China, por su parte, Xi Jinping ha extraído del viejo baúl la perorata de conquistar el “sueño chino” contra el “siglo de humillación” que, en sus discursos, había esbozado también Den Xiaoping después de virar la política económica de China hacia el capitalismo, mientras manchaba la imagen de Mao Tsetung y aplastaba a los trabajadores. Estos discursos se reflejan claramente en el accionar de dichas potencias mundiales; China ha aumentado su influencia en Asia, África y América Latina, mientras que USA tiene mayor presencia mundial y sus actos bélicos tienen como objetivo afianzar su poderío en las zonas en las que se ve amenazado por la primera; además, se ampara en organizaciones internacionales como el BM, el FMI, la ONU y la OTAN; además, de su desarrollada tecnología militar. Esto conlleva a 2) un imperialismo agresivo con intención expansionista y belicista; obviamente, las estrategias de ambas potencias distan ligeramente. Mientras los Estados Unidos se desmanda con discursos directos, China opta por una actitud cautelosa. De esta manera, la Casa Blanca ha atacado varios países y han intensificado su ocupación militar en diferentes zonas; la más clara en nuestro continente fue el secuestro de Nicolás Maduro y las amenazas contra los presidentes de América Latina que se inclinan hacia una alianza con China. Esta, por su parte, ha mantenido fuertes tensiones limítrofes y golpes mortales en Filipinas, Taiwán y, a través de su máximo aliado que es Rusia, ha estado activa en la guerra árabe-israelí.
3) La destrucción de las organizaciones obreras, la corrupción de las mismas mediante la compra de conciencia o asesinato selectivo de sus líderes y contener todo movimiento revolucionario en sus semicolonias resultan medidas indispensables para sus planes expansionistas; por eso, 4) despliegan una ola de tácticas anticomunistas radicales. Así China se pinte de comunista, es bien sabido que aplica métodos de explotación capitalista de antaño, dándole mayor relevancia a la producción de plusvalía real y potencializa el trabajo en condiciones infrahumanas (hay datos objetivos que invitamos a buscar y estudiar). Asimismo, ambas potencias, en su afán de mantener la supuesta armonía social, propagandizan el corporativismo y, con ello, buscan legalizar la sobreexplotación de la clase obrera. Están haciendo lo que Dimitrov ya había explicado: «Intentan adelantarse al crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante el aplastamiento del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos».
Sobre 5) la militarización de la sociedad, hay quienes señalan que, a través de la tecnología, la están ejecutando ahora en todo el mundo, pero hasta cierto punto. Esta militarización es muy notoria en las naciones ocupadas militarmente por Estados Unidos y Rusia (Siria-Palestina y Ucrania, por ejemplo). Es importante destacar la labor que realiza Estados Unidos para mostrarnos al Estado de Israel como un neofascismo, pues las acciones belicistas de este cumplen a cabalidad con las características del fascismo (Expondremos esto detalladamente en el siguiente artículo). Es aquí donde se ha implementado el fascismo; un fascismo en ciernes que irá expandiéndose conforme las sucesivas crisis económicas impulsen al capital a expandirse con “mano dura”. El capital financiero de Estados Unidos armó el fascismo de Israel, tal como el capital financiero italiano armó el fascismo de las décadas 20-40. Recordemos que aún tenemos libertades democráticas burguesas que denotan la inexistencia de zonas no militarizadas y, por eso, USA recurre a la amenaza belicista contra ciertos países. Es más que obvio que el fascismo, como todo virus, necesita primero una zona de “incubación” para expandirse después. Es lo que está pasando con el Estado judío en tierras de Palestina y Siria.
Obviamente, esta actitud militarista y belicista lleva a la 6) liquidación de libertades democráticas, la cual es apreciable con mayor claridad, y de lleno, en los países o zonas ocupadas militarmente (Ucrania, África, Palestina, Siria, etc.), pero aún no pueden expandirlo de manera directa a los demás países que siguen siendo útiles como semicolonias, tal es el caso del Perú, en donde se ha incentivado la liquidación de las libertades democráticas, pero todavía no lo han podido ejecutar al cien por ciento porque se estrellan conta la oposición del pueblo. Esta oposición, relativamente los empujará a la 7) movilización de masas a través de triquiñuelas propias de taimados, tal como lo hizo y lo sigue haciendo el Estado de Israel con su propio pueblo, utilizando discursos falsos o desvirtuados de historia, religión, etc. para ganarse a un número considerable de la población, pese a que esta también está sufriendo los efectos de tan terrorífica política.
En conclusión, hay un fascismo que se desarrolla con amparo del imperialismo norteamericano en Israel, principalmente. Las otras potencias van implementando políticas similares y van preparando el camino del fascismo, cuyas víctimas serán también nuestros países latinoamericanos. Por ende, resulta necesario trabajar en la reconstrucción del Frente Único Antifascista para cortar el avance del nuevo fascismo.









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