Según AFP, los apagones y las altas temperaturas están obligando a cubanos a abandonar sus viviendas durante la noche y buscar descanso en azoteas, portales, parques y espacios públicos de La Habana. Sin electricidad, los ventiladores dejan de funcionar y las habitaciones acumulan un calor sofocante que impide dormir. Alexis Miján, de 59 años, espera cada tarde junto a su hijo, quien es ciego, que el sol desaparezca para subir al techo de su edificio en Centro Habana. Ambos comenzaron a dormir allí cuando los cortes eléctricos se agravaron a inicios de año. Con el paso de los meses, casi todos sus vecinos adoptaron la misma salida. Entre tanques de agua, tuberías y tendederos, las familias distribuyen colchones, sábanas y almohadas en espacios acordados informalmente. La azotea se convirtió así en un dormitorio colectivo desde donde observan cómo la ciudad queda sumida en la oscuridad, apenas interrumpida por algunos generadores privados. La escena se repite en otros puntos de la capital. Decenas de personas se acomodan sobre cartones o directamente en el suelo. En el Malecón, el pavimento todavía caliente recibe a quienes buscan aprovechar la brisa marina para aliviar el calor. La crisis energética también afecta el abastecimiento de agua, el transporte y actividades cotidianas. Al amanecer, las alarmas de los pocos teléfonos que conservan batería despiertan a quienes deben recoger sus pertenencias y regresar a sus labores. Miján, antiguo profesor de Sociología y almacenero, resume el desaliento de quienes repiten esta rutina: “No le veo fin a esto”.
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