La isla de Cortegada, en la ría de Arousa (Galicia), se ha convertido en un referente mundial de la micología al registrar cerca de 1.000 especies de hongos en apenas 44 hectáreas, una densidad que cuadruplica la del Parque Nacional de Doñana. El dato surge de quince años de muestreo continuo realizado por un equipo de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) en esta isla del Parque Nacional de las Illas Atlánticas.
Una densidad sin precedentes
Con una superficie equivalente a unos sesenta campos de fútbol, Cortegada alberga más especies fúngicas que Doñana, que ocupa 1.081 kilómetros cuadrados. El catálogo ronda ya las 1.000 especies, casi la mitad de todo el archivo micológico gallego, que reúne los hongos detectados en los tres millones de hectáreas de Galicia.
El investigador Saúl de la Peña, del grupo Ambiosol, cifró el contraste: Cortegada cuadruplica en taxones a Doñana y casi duplica los 526 taxones del Parque Nacional de Garajonay, que ocupa 40 kilómetros cuadrados. En 2020, la cifra oficial rondaba las 800 especies, un 40% del catálogo autonómico.
La comparación con otros hotspots fúngicos resulta elocuente. El New Forest británico, el referente en el Reino Unido, suma 2.700 especies en 566 kilómetros cuadrados: 4,8 especies por kilómetro cuadrado. Cortegada, con sus 1.000 especies en 0,44 kilómetros cuadrados, roza las 2.270 especies por kilómetro cuadrado: una densidad casi 500 veces mayor. Nadie ha repetido el cálculo en los grandes bloques forestales tropicales, candidatos obvios a batir el récord, así que “la densidad fúngica más alta jamás censada en un espacio protegido europeo” es la formulación honesta, aunque “el lugar del mundo con más setas”, pues no. El propio reino fúngico invita a la prudencia: los cálculos globales oscilan entre 2 y 5 millones de especies estimadas, de las que la ciencia apenas conoce un 5%.
Siete especies únicas para la ciencia
La metodología empleada es artesanal: transectos a pie, ramas muertas de castaño y roble volteadas una por una, y ejemplares de milímetros fotografiados y secuenciados. Gracias a ello, la isla ha aportado siete organismos descritos por primera vez para la ciencia.
En 2020 aparecieron dos ascomicetos exclusivos, Calycina cortegadensis y Mollisia cortegadensis. En 2022, un basidiomiceto bautizado Physalacria auricularioides, de un género casi tropical del que solo se conocían dos especies europeas. En 2026, la revista Life describió Xylaria polyphaga, la séptima especie hallada aquí, compartida solo con las laurisilvas de Azores, Canarias y el bosque de niebla de Los Alcornocales.
Queda además, sin publicar, una tesis doctoral que promete ampliar la lista.
Un bosque relicto del Terciario
La explicación botánica sostiene que Cortegada alberga el bosque de laurel continuo más extenso de la Europa continental, una laurisilva superviviente del clima terciario que el Cuaternario borró del continente y refugió en las islas macaronésicas. Cada especie leñosa relicta arrastra su cortejo particular de hongos simbiontes y descomponedores, muchos sin equivalente en cien kilómetros a la redonda. O en mil.
Historia y conservación
Plinio el Viejo la cita en el siglo I como Corticata; ánforas romanas halladas en sus aguas confirman el paso, sin rastro aún de asentamiento. En el siglo IX, el rey Alfonso II el Casto la dona a la Iglesia de Santiago tras el hallazgo del sepulcro apostólico, y la convierte en escala del camino fluvial del Ulla. Atraídas por esas riquezas en tránsito, también fue objetivo de incursiones vikingas y musulmanas. El monasterio medieval que sigue se derrumba y reconstruye varias veces antes de la desamortización; de él sobrevive la iglesia, transformada en santuario con romería cada 25 de marzo y 15 de septiembre. En 1652 se levanta un hospital que termina como lazareto de cuarentena marítima, mismo uso que consagraría después, a escala industrial, la isla viguesa de San Simón.
El siglo XX añade un capítulo a esta dinastía: en 1910, una suscripción popular compra la isla para regalársela a Alfonso XIII como residencia de verano (era, de facto, propiedad del Pazo de Gulpilleira); los planos llegan a dibujarse, pero el rey elige el Palacio de la Magdalena en Santander. Y Cortegada queda sin edificar. Pasa a Juan de Borbón en 1958 y se vende en 1979 a una promotora que proyecta un puente y una urbanización de lujo. La protesta vecinal frena el proyecto, logra su declaración como parque natural y, en 2002, su integración en el Parque Nacional. La Xunta la expropia en 2007. En 2015 un conato de incendio de 400 metros cuadrados se apaga a calderadas de agua de mar, entre vecinos y bomberos.
A pesar de su riqueza, la isla es frágil. La población de jabalíes excede el cupo razonable para un ecosistema insular, remueve el sotobosque y destruye el micelio al dejarlo expuesto al aire. La casi desaparición de la cabra doméstica, que antes contenía el matorral, lleva años agravando el problema. Sí es fácil ver garzas y mazaricos, y hay más verde, en parte debido a esa ausencia de fauna.








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