Tras el julio más seco y cálido de las series históricas, con apenas 4,3 litros por metro cuadrado (el 26% de lo normal), España espera esta semana la llegada de lluvias. Sin embargo, los meteorólogos advierten que estas precipitaciones, lejos de ser la solución, podrían agravar los problemas en las zonas afectadas por los incendios.
Un frente atlántico trae tormentas fuertes
Hacia el miércoles 19 de agosto, la combinación de una vaguada y un frente atlántico impulsará nubosidad de evolución en gran parte de la Península, con chubascos y tormentas en Pirineos, cordilleras Béticas, norte del Ibérico y cordillera Cantábrica. Se esperan tormentas de intensidad fuerte, rachas de viento muy fuertes y granizo.
José Luis Camacho, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), calificó este fenómeno como "el principio de un cambio importante en el tiempo".
El problema: el suelo no está preparado
La preocupación no radica en la cantidad de agua, sino en el estado del suelo. Sobre suelos resecos, compactados o quemados, el agua resbala en lugar de infiltrarse. Una lluvia intensa sobre una ladera calcinada se convierte en un problema de agua, ceniza, sedimentos libres, piedras y residuos de todo tipo.
Según una revisión publicada en Communications Earth & Environment en 2025, el aumento de carbono orgánico, nitrógeno, fósforo, sedimentos y turbidez en las cuencas afectadas por incendios está entre 3 y 100 veces lo normal.
La paradoja: lluvia que no repone reservas
La llegada del primer frente atlántico del verano descargará sobre una enorme extensión de tierra quemada y sobre hectáreas de fruta y uva a punto de ser recogida. El agua no servirá apenas para reponer las reservas, pero sí profundizará los problemas del campo, que según Agroseguro ya acumula pérdidas de más de 24.000 hectáreas solo en lo que va de agosto.
Desde junio, los incendios han quemado más de 213.000 hectáreas en España, más de la mitad de todo lo que ha ardido en la Unión Europea. La segunda parte de agosto trae tormentas que entorpecerán la estabilidad atmosférica y bajarán las temperaturas, pero también pueden generar nuevos problemas en el monte español.
Impacto en la calidad del aire y el agua
Los incendios no solo dejan cenizas y tierra quemada. Según informó RTVE, la quema de vegetación emite partículas en suspensión respirables (PM10) y finas (PM2,5), así como ozono troposférico, dióxido de azufre o dióxido de nitrógeno, sustancias que provocan graves efectos en la salud y multiplican las enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
En la comarca leonesa de El Bierzo, los datos de Ponferrada mostraron que el sábado 16 de agosto se registraron concentraciones de 251 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de partículas PM10 y 224 µg/m³ de partículas PM2,5, cifras que multiplican por diez los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud y por 20 los registros habituales de Madrid. Ese día, El Bierzo se convirtió en uno de los lugares con el aire más contaminado del mundo, superando incluso a Medan (Indonesia), la ciudad más contaminada del planeta el 18 de agosto, con 72 µg/m³.
El humo viaja cientos de kilómetros, contaminando el aire que respiran millones de personas en Valladolid o Madrid, y ha llegado incluso a Reino Unido y Escandinavia. El servicio de observación europeo Copernicus alertó de que los registros de emisiones de dióxido de carbono provocadas por los incendios han roto todos los récords anteriores, convirtiendo a 2025 en el peor año en este aspecto desde que comenzaron las mediciones hace 23 años.
Reacciones de expertos
Cristóbal López Pazos, portavoz de Ecologistas en Acción en Galicia, explicó a RTVE Noticias que "es una segunda oleada de daño muy importante. El fuego es el que arrasa con todo, pero el efecto colateral es que las ciudades adyacentes respiran un aire altamente contaminado".
Carlos Baeza, neumólogo y miembro de la Sociedad Española de Neumología y de Cirugía Torácica, señaló que el humo trae consigo dióxido de azufre o dióxido de nitrógeno, sustancias "irritantes para la vía respiratoria", que provocan síntomas como tos, picor de garganta, de nariz u ojos llorosos. Ante estos efectos leves, recomendó alejarse del humo, lavarse bien la cara y la piel e hidratarse, con lo que los síntomas desaparecerían "en cuestión de minutos u horas".
La llegada de las lluvias, entonces, se presenta como un alivio relativo. Mientras las nubes descarguen sobre zonas no quemadas, el agua podría infiltrarse y ayudar a reponer reservas. Pero sobre las laderas calcinadas, el riesgo de erosión y arrastre de sedimentos sigue latente, en un verano que ya ha batido récords históricos de sequía y calor.









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