La protesta de Huamalíes expuso una crítica directa a la gestión del gobernador Antonio Pulgar: la provincia no solo reclamó obras, sino también responsabilidades políticas y técnicas dentro del Gobierno Regional de Huánuco. Dirigentes del Frente de Defensa pidieron evaluar a funcionarios de confianza, acelerar expedientes y corregir proyectos que, según afirmaron, acumulan meses o años sin resultados verificables.
Carlos Chávez, dirigente huamaliano, sostuvo ante Pulgar que si no existían respuestas claras, los funcionarios responsables debían “dar un paso al costado”. Según su intervención, el problema no se limitaba a la falta de presupuesto, sino a la capacidad operativa del equipo regional para destrabar obras como el Estadio Colón, la carretera Ishanca-Taparaco y proyectos productivos.
El gobernador respondió que varios procesos tienen componentes técnicos y administrativos que no dependen solo de una decisión política. Sin embargo, también admitió malestar por el desempeño de consultores y empresas. En el caso del Estadio Colón, incluso increpó al consultor Darío Martínez y le exigió “ponerse a trabajar” tras las demoras en el expediente del saldo de obra.
Funcionarios bajo presión pública
El frente más visible fue el Estadio Colón, pero no el único. En la reunión también se cuestionó el proyecto de papas nativas, cuya ejecución fue denunciada por agricultores por presunta mala calidad de semillas, fertilizantes e insumos. Pulgar atribuyó el problema a proveedores que, según dijo, reducen precios en licitaciones y luego entregan productos deficientes.
La carretera Ishanca-Taparaco-Km 35 abrió otro punto de fricción. Funcionarios regionales indicaron que la obra enfrenta problemas por predios privados entre los kilómetros 0 y 3, además de interferencias señaladas por Cultura entre los kilómetros 9+980 y 10+280. Los dirigentes respondieron que esos problemas debieron resolverse antes de iniciar la ejecución.
La demarcación territorial también golpeó la credibilidad regional. Representantes de Huamalíes reclamaron que los límites con Huacaibamba y Áncash llevan años sin definirse, mientras funcionarios explicaron que los procesos dependen de información del INEI, la PCM y eventuales consultas poblacionales. La explicación técnica no disipó el reclamo de fondo: plazos concretos y documentos.
El riesgo de una gestión cercada
El episodio dejó a Pulgar en una posición incómoda. Por un lado, buscó mostrarse como autoridad que ordena, exige y fija plazos. Por otro, los dirigentes usaron la propia mesa de diálogo para señalar que su gestión ya había ofrecido fechas incumplidas, especialmente en el Estadio Colón y en proyectos de Huamalíes.
La presión social también reordenó la relación entre el Gobierno Regional y la provincia. La población ya no pidió solo anuncios, sino actas con fechas, cargos de presentación, resoluciones, cronogramas y participación ciudadana en el seguimiento. Ese cambio convierte cada compromiso en una prueba pública para el equipo de Pulgar.
El desenlace dependerá menos del discurso y más del calendario. Si el Gobierno Regional no acredita avances en junio, Huamalíes podría convertir sus reclamos dispersos en una crisis política sostenida. Para Pulgar, el riesgo ya no está solo en una obra paralizada, sino en que una provincia entera instale la idea de que su gestión perdió capacidad de respuesta.










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