Un tajo abierto de más de un kilómetro de ancho ocupa parte del centro de Cerro de Pasco, una de las ciudades situadas a mayor altitud en el mundo. La excavación, conocida como tajo Raúl Rojas, no surgió de manera repentina. Su expansión avanzó durante décadas sobre calles, viviendas y sectores del antiguo núcleo urbano, hasta convertir la convivencia entre la ciudad y la minería en uno de los casos más complejos del Perú.
Según el Observatorio de la Tierra de la NASA (2019), Cerro de Pasco se encuentra a unos 4,330 metros sobre el nivel del mar. La misma institución señaló que, para 2018, el tajo tenía más de un kilómetro de ancho y una profundidad suficiente para contener verticalmente un edificio de las dimensiones del Empire State Building.
La imagen del cráter rodeado de viviendas resume solo una parte de la historia. Antes del tajo existieron minas subterráneas, circuitos coloniales de plata, pequeñas operaciones dispersas y una ciudad que creció alrededor de la actividad extractiva. Después llegaron el ferrocarril, el capital estadounidense, la mecanización, la nacionalización, la privatización y los proyectos de remediación ambiental.
El resultado es una ciudad que conserva una fuerte identidad minera, pero también enfrenta pasivos ambientales, exposición a metales pesados, pérdida de espacios urbanos y una discusión inconclusa sobre su posible reubicación. La riqueza que sostuvo su crecimiento también modificó de manera irreversible su territorio.
Una ciudad a 4,330 metros de altitud
La altura de Cerro de Pasco condiciona la vida cotidiana, el trabajo y el transporte. La menor presión atmosférica reduce la disponibilidad de oxígeno en cada respiración, especialmente para las personas que llegan desde zonas costeras o realizan esfuerzo físico intenso. El frío, las heladas y las lluvias de altura agregan dificultades a la operación minera y a la prestación de servicios públicos.
La afirmación de que Raúl Rojas es “la mina a tajo abierto más alta del mundo” debe manejarse con cautela. La revisión de fuentes técnicas e institucionales confirma que Cerro de Pasco es una de las ciudades mineras más altas del planeta, pero no permite sostener como indiscutible un récord mundial del tajo frente a todas las operaciones existentes.
La formulación más rigurosa sería describirlo como uno de los tajos urbanos situados a mayor altitud en el mundo. La precisión no reduce el impacto del caso: pocas ciudades de esta dimensión mantienen una excavación minera de gran escala insertada en su tejido urbano.
La altitud también explica por qué el desarrollo de Cerro de Pasco dependió de obras de infraestructura capaces de atravesar la cordillera. Durante buena parte de su historia, el transporte de mineral, maquinaria, combustible y alimentos estuvo limitado por caminos difíciles, pendientes pronunciadas y largas distancias.
Una relación con los metales anterior a la Colonia
La historia minera de Cerro de Pasco es más antigua que la presencia española. Según la síntesis publicada por el Observatorio de la Tierra de la NASA (2019), estudios realizados en sedimentos de la laguna Llamacocha encontraron rastros de plomo relacionados con actividades de minería y fundición desde aproximadamente el año 600 de nuestra era.
Ese hallazgo no significa que la actividad prehispánica tuviera las dimensiones de la minería contemporánea. Sí demuestra que las poblaciones andinas conocían y utilizaban los minerales de la zona mucho antes de la industrialización y de la llegada de las compañías extranjeras.
Durante el periodo colonial, Cerro de Pasco adquirió creciente importancia como centro productor de plata. Los estudios históricos sitúan su etapa de mayor consolidación hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, cuando la producción argentífera de otros centros tradicionales enfrentaba dificultades.
John Fisher (1975), al estudiar la producción de plata en el Virreinato del Perú entre 1776 y 1824, identificó a Cerro de Pasco como uno de los distritos decisivos de ese periodo. El crecimiento estuvo vinculado con nuevas labores, sistemas de drenaje y esfuerzos para ingresar a zonas más profundas de los yacimientos.
Las inundaciones fueron uno de los principales obstáculos. El agua acumulada en los socavones impedía continuar la explotación y obligaba a realizar costosas obras de bombeo. La historia minera de Cerro de Pasco no dependió únicamente de la existencia del mineral, sino también de la capacidad tecnológica y financiera para extraerlo.

Foto de Jose Calderón, denominado asimismo como "El último Cerreno".
La plata producida en los territorios americanos fue una pieza central del comercio internacional entre los siglos XVI y XIX. Flynn y Giráldez (1995) explicaron que las monedas de plata hispanoamericanas circularon por Europa y Asia y fueron aceptadas en mercados tan distantes como China e India.
Cerro de Pasco formó parte de ese sistema argentífero imperial. Sin embargo, no existe una trazabilidad completa que permita afirmar que una moneda específica utilizada en China o la India fue fabricada necesariamente con plata extraída de una determinada mina cerreña.
Para establecer una relación directa se necesitarían registros continuos de extracción, transporte, ensaye y acuñación. La documentación disponible permite sostener que la plata de Cerro de Pasco se incorporó a los circuitos económicos de la época, pero no seguir individualmente el destino de cada carga.
La expresión “motor de la moneda global” funciona como una síntesis divulgativa, aunque debe acompañarse de ese matiz. Cerro de Pasco fue uno de los grandes centros productores de plata del espacio peruano, no el único origen de toda la moneda hispanoamericana que circuló internacionalmente.
Su importancia tampoco fue exclusivamente externa. La minería generó mercados internos de alimentos, animales, madera, herramientas y servicios. Las rutas que abastecían al centro minero conectaron la sierra central con valles agrícolas, zonas ganaderas, la costa y la ceja de selva.
El ferrocarril que venció a los Andes
El Ferrocarril Central del Perú transformó la relación entre Lima, la sierra central y los centros mineros. Su construcción comenzó en el siglo XIX y exigió levantar puentes, abrir túneles y superar pendientes que colocaron a la obra entre los mayores desafíos de ingeniería de su tiempo.
El Ministerio de Cultura (2019) considera al Ferrocarril Central un ejemplo excepcional de la adaptación de la ingeniería ferroviaria europea a la geografía latinoamericana. Ese reconocimiento llevó a incorporarlo a la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la Unesco.
La conexión con Cerro de Pasco se completó durante los primeros años del siglo XX. La llegada del tren redujo tiempos y costos de transporte, facilitó el ingreso de maquinaria pesada y permitió movilizar mayores volúmenes de mineral hacia los centros de procesamiento y los puertos.
No obstante, es impreciso señalar que todo el Ferrocarril Central fue construido exclusivamente para Cerro de Pasco. El proyecto tuvo objetivos más amplios de comunicación e intercambio entre la costa y la sierra. La minería se convirtió después en uno de sus principales motores económicos y justificó ramales, ampliaciones y servicios especializados.
Durante décadas, el ferrocarril fue una pieza clave para el abastecimiento de la ciudad. No transportaba únicamente mineral. También movilizaba trabajadores, alimentos, combustible, herramientas y otros bienes necesarios para mantener una operación industrial a más de 4,000 metros de altura.
La industrialización estadounidense de 1902
En 1902, inversionistas estadounidenses organizaron la empresa que daría origen a la Cerro de Pasco Corporation. La transformación no consistió simplemente en comprar una sola mina. El proceso implicó reunir concesiones, asegurar derechos mineros, desarrollar infraestructura y construir una operación integrada.
Alberto Flores Galindo (2024) analizó cómo la compañía modificó la estructura laboral y social de la sierra central durante las primeras décadas del siglo XX. La expansión empresarial creó un nuevo mercado de trabajo minero, pero también mantuvo vínculos complejos entre los trabajadores, las comunidades campesinas y la economía agraria.
La empresa introdujo perforadoras, bombas, redes eléctricas, plantas de concentración y sistemas de transporte que permitieron trabajar a una escala desconocida para la minería local. La mecanización aumentó la producción y redujo la dependencia de numerosas operaciones pequeñas y dispersas.
La Cerro de Pasco Corporation llegó a controlar distintas fases del negocio, desde la extracción hasta el procesamiento y el transporte. Durante buena parte del siglo XX se convirtió en uno de los actores más influyentes de la minería peruana.
La operación fue nacionalizada en 1974 y pasó a formar parte de la Empresa Minera del Centro del Perú, conocida como Centromin Perú. En 1999, durante el proceso de privatización, la unidad minera Cerro de Pasco fue adquirida por Volcan.
Cada etapa dejó obligaciones diferentes. Por esa razón, los pasivos ambientales y las responsabilidades de remediación no pueden atribuirse automáticamente a una sola empresa o a un único periodo. La determinación legal exige establecer cuándo se produjo cada impacto, quién operaba entonces y qué compromisos fueron asumidos durante la privatización.
La colonia extranjera y la arquitectura perdida
La llegada de ingenieros, técnicos y administradores extranjeros también modificó el paisaje urbano. Memorias empresariales y registros históricos describen viviendas corporativas, oficinas, clubes y espacios sociales vinculados con la presencia estadounidense y europea.
Esa influencia produjo contrastes poco habituales en los Andes. En una ciudad sometida a frío extremo aparecieron edificaciones inspiradas en modelos extranjeros y sectores residenciales diferenciados de los barrios ocupados por los trabajadores.
Sin embargo, las afirmaciones sobre numerosas casas de estilo alpino, campos de golf o clubes estrictamente exclusivos requieren una comprobación documental más precisa. Para presentarlas como hechos generales se necesitarían inventarios patrimoniales, planos, fotografías fechadas y registros municipales.
Lo que sí está documentado es que la presencia empresarial creó una organización urbana jerarquizada. La ubicación, el tamaño y los servicios de las viviendas variaban según la posición de sus ocupantes dentro de la compañía.
Parte de ese patrimonio desapareció con la expansión del tajo y con las sucesivas transformaciones de la ciudad. Otros inmuebles fueron modificados, abandonados o reemplazados, lo que dificulta reconstruir hoy el alcance de aquella arquitectura.
El tajo que avanzó sobre el casco urbano
La minería a cielo abierto alteró de manera decisiva la forma de Cerro de Pasco desde mediados del siglo XX. Según la NASA (2019), para la década de 1950 muchas de las pequeñas operaciones subterráneas habían sido reemplazadas por grandes excavaciones, incluida una ubicada cerca del centro urbano.
El crecimiento del tajo Raúl Rojas no eliminó la ciudad en un solo momento. Fue un proceso progresivo de adquisiciones, demoliciones, cierres de calles, pérdida de espacios públicos y traslado de familias.
La excavación avanzó sobre sectores históricos que alguna vez concentraron viviendas, comercios y representaciones consulares. La ciudad respondió extendiéndose hacia San Juan Pampa y otras áreas de Chaupimarca, Yanacancha y Simón Bolívar.
Por ello, decir que el tajo “se tragó la ciudad” es una metáfora potente, pero incompleta. No desapareció toda la urbe. Lo que ocurrió fue una fragmentación territorial: barrios separados por la excavación, recorridos modificados y población asentada cerca de desmontes, relaves e instalaciones industriales.
La expansión también afectó la memoria urbana. La pérdida de calles y edificios no significó únicamente el desplazamiento físico de las familias. Implicó la desaparición de lugares vinculados con historias familiares, actividades comerciales, celebraciones y formas de convivencia.
El apelativo “Capital Minera del Perú” expresa esa identidad. Conviene presentarlo como una denominación histórica y cívica ampliamente utilizada, no como una certificación sobre la existencia de recursos “inagotables”. Todo yacimiento es finito y su aprovechamiento depende de precios, tecnología, costos, reservas y permisos.
Una geología excepcional, pero más compleja
El yacimiento de Cerro de Pasco es un sistema polimetálico formado por varios procesos geológicos. Los estudios del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico describen la presencia de estructuras volcánicas, brechas, cuerpos mineralizados y reemplazos desarrollados en rocas carbonatadas.
La denominación “depósito de reemplazo de carbonatos” explica parte del yacimiento. Fluidos hidrotermales circularon por fracturas y reaccionaron con rocas favorables, concentrando minerales que contienen zinc, plomo, plata, cobre y otros metales.
No se trató de una única inyección volcánica ocurrida de manera instantánea. El depósito se formó mediante etapas sucesivas de actividad magmática e hidrotermal, con cambios de temperatura, composición química y circulación de fluidos.
Los trabajos geológicos relacionan el yacimiento con un complejo de diatrema y domos del Mioceno. Las mineralizaciones se distribuyen en distintos cuerpos y presentan características diferentes según la roca encajonante y la etapa de formación.
Tampoco existe una comparación técnica que permita asegurar, sin metodología adicional, que Cerro de Pasco posee “la concentración de plomo y zinc más densa del continente”. La descripción defendible es que se trata de un distrito polimetálico de importancia internacional y de una fuente histórica relevante de zinc, plomo y plata.
La operación actual no depende solo del gran tajo
La imagen histórica del tajo puede llevar a pensar que toda la operación contemporánea consiste en continuar ampliándolo. La realidad es más compleja.
Según la información operativa de Volcan, la mina subterránea Paragsha permanece temporalmente suspendida. Durante ese periodo, la unidad ha procesado mineral procedente de depósitos acumulados de años anteriores, sectores del tajo Raúl Rojas y existencias de óxidos y pirita.
La memoria anual correspondiente a 2024, publicada por Volcan (2025), informó que la ruta de sulfuros produjo 22,700 toneladas métricas de zinc, 9,700 toneladas de plomo y 1.52 millones de onzas de plata.
Para la ruta de óxidos, la empresa reportó el tratamiento de 981,000 toneladas de material y una producción de 2.9 millones de onzas de plata durante 2024. Estas cifras corresponden a información empresarial y deben identificarse como resultados reportados por la compañía.
En octubre de 2025, el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles informó que otorgó conformidad al quinto Informe Técnico Sustentatorio de la unidad minera. De acuerdo con Senace (2025), el proyecto comprendía 14 modificaciones y una inversión superior a US$25 millones en los distritos de Simón Bolívar, Chaupimarca y Yanacancha.
La aprobación de ese instrumento autoriza modificaciones evaluadas dentro del procedimiento ambiental correspondiente. No significa que los pasivos históricos o los problemas sanitarios de la ciudad hayan quedado solucionados.
Una contaminación de múltiples orígenes
La crisis ambiental de Cerro de Pasco está respaldada por evaluaciones oficiales. De acuerdo con el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA, 2023), la microcuenca del río Ragra presentó contaminación con arsénico, cadmio, plomo y mercurio por encima de los estándares de calidad ambiental en los puntos evaluados.
El organismo señaló que realizó 42 supervisiones entre 2018 y 2022. Sus conclusiones relacionaron la afectación con componentes mineros, depósitos de desmonte, relaves y descargas de aguas residuales domésticas sin tratamiento.
Este diagnóstico impide reducir el problema a una sola fuente. Existen residuos generados durante diferentes periodos, áreas bajo responsabilidad estatal, componentes vinculados con operaciones privadas y deficiencias de saneamiento urbano.
La distinción es importante para determinar obligaciones legales. No basta con comprobar la existencia de contaminación. Se debe identificar el punto de origen, la fecha en que comenzó el impacto, el operador responsable en ese momento y las medidas previstas en los instrumentos ambientales.
El depósito de relaves de Quiulacocha es uno de los pasivos más conocidos. La NASA (2019) indicó que dejó de recibir nuevos relaves en 1992 y describió la presencia de aguas ácidas asociadas con materiales ricos en pirita.
La misma fuente mencionó investigaciones que encontraron contaminación por metales en agua, polvo y sedimentos fuera de los depósitos. Estos antecedentes muestran que el riesgo no se limita al espacio ocupado por una relavera, pues las sustancias pueden desplazarse mediante el agua, el viento o el movimiento de tierras.
La contaminación del aire tampoco es uniforme en toda la ciudad. Puede variar según la estación, la dirección del viento, la cercanía a depósitos, el tránsito y las actividades operativas. Un informe riguroso debe evitar afirmar que todos los barrios presentan permanentemente los mismos niveles.
Lo acreditado es la existencia de zonas y rutas de exposición que requieren monitoreo continuo. La respuesta no depende únicamente de cubrir depósitos. También exige tratamiento de aguas, control de polvo, recuperación de suelos y mejora del saneamiento.
El impacto en la salud infantil
La presencia de metales en el ambiente adquiere especial gravedad cuando existe exposición humana. En abril de 2008, el Ministerio de Salud informó que 47 niños de Cerro de Pasco serían atendidos en Lima después de presentar niveles elevados de plomo en la sangre.
Según el Minsa (2008), los menores registraban concentraciones superiores a 25 microgramos por decilitro. Se trata de un dato histórico y no debe presentarse como si describiera la situación exacta de todos los niños de la ciudad en 2026.
El hallazgo sí demuestra que la exposición infantil era conocida por las autoridades desde hace más de 18 años. Las posteriores campañas sanitarias y evaluaciones muestran que el problema no se limitó a una intervención puntual.
La Organización Mundial de la Salud (2026) sostiene que no existe un nivel de exposición al plomo que pueda considerarse completamente seguro. Incluso concentraciones bajas pueden relacionarse con alteraciones del aprendizaje, el comportamiento y el desarrollo neurológico infantil.
Detectar plomo en la sangre no permite establecer automáticamente el origen exacto de la exposición. Para hacerlo se necesitan historias clínicas, análisis del agua y los alimentos, evaluación del polvo doméstico, estudios de suelos y seguimiento epidemiológico.
La atribución también debe diferenciar exposición, intoxicación y enfermedad. No todas las personas expuestas desarrollan el mismo cuadro, y ningún diagnóstico individual debería inferirse únicamente a partir de la cercanía a una instalación minera.
La Defensoría del Pueblo (2026) advirtió que el Plan Especial Multisectorial para atender a poblaciones expuestas a metales pesados registraba un avance aproximado del 50% después de casi cinco años de vigencia. La observación fue nacional, pero resulta especialmente relevante para Pasco por la persistencia de casos y demandas de atención.
La institución señaló que los niños, las gestantes y otras poblaciones vulnerables requieren intervenciones sostenidas. El seguimiento médico pierde efectividad cuando se ejecuta mediante campañas discontinuas y sin coordinación con las medidas ambientales.
La ley de reubicación que no produjo la mudanza
La Ley N.º 29293 fue publicada en diciembre de 2008. El Congreso de la República (2008) declaró de necesidad pública e interés nacional la implementación de medidas para alcanzar el desarrollo urbano sostenible y la reubicación de la ciudad de Cerro de Pasco.
La norma no ordenó trasladar inmediatamente a todos los habitantes. Creó una comisión interinstitucional y estableció un proceso que debía incluir estudios sociales, económicos, ambientales, urbanos y territoriales.
Una reubicación integral implicaría mucho más que construir viviendas. Tendría que resolver la ubicación de hospitales, colegios, mercados, oficinas públicas, redes de agua, alcantarillado, energía, transporte y espacios productivos.
También tendría que definir el tratamiento de los títulos de propiedad, las compensaciones, la conservación del patrimonio y la situación de las familias que no aceptaran trasladarse. Sin esos acuerdos, una mudanza puede generar nuevos conflictos en lugar de resolver los existentes.
La cifra de “más de 70,000 personas” debe acompañarse del ámbito territorial y del año de referencia. El número varía según se contabilice únicamente Chaupimarca o el conjunto urbano integrado por Chaupimarca, Yanacancha y Simón Bolívar.
La falta de ejecución integral convirtió la ley en símbolo de una promesa pendiente. Durante los años posteriores existieron comisiones, reuniones, propuestas de terrenos y discusiones técnicas, pero no se concretó el traslado general de la ciudad.
El 30 de diciembre de 2025, la Municipalidad Provincial de Pasco aprobó el Acuerdo de Concejo N.º 180-2025/HMPP-CM. La decisión planteó promover la derogación de la Ley N.º 29293 y formular una nueva iniciativa sobre desarrollo sostenible, remediación ambiental y calidad de vida.
Ese acuerdo municipal no deroga por sí mismo una ley nacional. Expresa una posición política que necesita ser trasladada al Congreso y seguir el procedimiento legislativo correspondiente.
El debate ha cambiado con el tiempo. Mientras algunos sectores consideran que la reubicación sigue siendo necesaria, otros sostienen que la prioridad debería concentrarse en la remediación, la recuperación urbana y la reducción efectiva de los riesgos ambientales.
Excélsior, Quiulacocha y la remediación pendiente
El Estado ha desarrollado intervenciones sobre algunos pasivos mineros. En julio de 2025, Activos Mineros S. A. C. informó que el proyecto Excélsior recuperó más de 69 hectáreas y trató alrededor de 55 millones de toneladas de desmonte acumulado.
Según AMSAC (2025), las obras incluyeron medidas destinadas a conseguir estabilidad física, química e hidrológica. Al tratarse de información difundida por la entidad ejecutora, los resultados necesitan seguimiento sobre la calidad del agua, la estabilidad de las coberturas y el mantenimiento futuro.
El 2 de julio de 2026, AMSAC anunció la primera subasta pública para seleccionar a un operador privado que reaproveche los residuos acumulados en Quiulacocha. La empresa estatal indicó que el adjudicatario asumiría el proyecto por su cuenta, costo, riesgo y responsabilidad, sujeto a obligaciones ambientales, técnicas y sociales.
La iniciativa podría reducir parte del volumen acumulado y permitir la recuperación de minerales. Sin embargo, la convocatoria no equivale a una remediación concluida. Su eficacia dependerá de la adjudicación, los permisos, la tecnología utilizada, la fiscalización y el tratamiento de los residuos que permanezcan.
AMSAC señaló que mantendrá funciones de supervisión y control. El operador, por su parte, deberá obtener los instrumentos y autorizaciones requeridos antes de intervenir el depósito.
Quiulacocha será una prueba importante porque combina riesgo ambiental, valor económico residual y expectativas de la población. El reaprovechamiento no debería evaluarse únicamente por la cantidad de mineral recuperado, sino también por la reducción comprobable de los riesgos.
El futuro de una ciudad minera
Cerro de Pasco no puede explicarse únicamente como una víctima de la minería ni como una celebración de la riqueza extractiva. Generaciones de habitantes construyeron su economía, su cultura y su identidad alrededor de la actividad minera.
Esa relación produjo empleo, infraestructura y conexión con los mercados nacionales. También generó desplazamientos, desigualdades territoriales, residuos acumulados y exposición ambiental.
El orgullo minero y la demanda de remediación no son necesariamente posiciones opuestas. Una población puede reconocer la importancia histórica de la actividad y, al mismo tiempo, exigir agua segura, atención médica, aire limpio y planificación urbana.
El futuro dependerá de la coordinación entre la continuidad de las operaciones, el cierre de componentes, la remediación de pasivos, la vigilancia sanitaria y la reorganización de la ciudad. Atender solo uno de esos elementos dejaría intactos los demás.
La Ley N.º 29293, el acuerdo municipal de 2025, la subasta de Quiulacocha, el seguimiento de Excélsior, las evaluaciones del río Ragra y las decisiones sobre la unidad minera forman parte de una misma discusión.
La pregunta central ya no es únicamente cuánto mineral queda bajo Cerro de Pasco. También es cuánto tiempo y cuánto presupuesto necesitarán el Estado, las empresas y los gobiernos locales para reducir una deuda ambiental y urbana construida durante siglos.
La ciudad ayudó a sostener circuitos coloniales, impulsó la ingeniería ferroviaria y se convirtió en un centro industrial decisivo. El desenlace de su historia dependerá ahora de si logra que la riqueza que todavía produce se traduzca en una recuperación verificable del territorio donde viven sus habitantes.
Referencias
Activos Mineros S. A. C. (2025, 21 de julio). AMSAC recibe reconocimiento del Colegio de Ingenieros de Pasco por proyecto de remediación ambiental Excélsior.
Activos Mineros S. A. C. (2026, 2 de julio). AMSAC lanza primera subasta pública para impulsar solución integral al pasivo ambiental de Quiulacocha.
Congreso de la República del Perú. (2008, 13 de diciembre). Ley N.º 29293, Ley que declara de necesidad pública e interés nacional la implementación de medidas para lograr el desarrollo urbano sostenible concertado y la reubicación de la ciudad de Cerro de Pasco.
Defensoría del Pueblo. (2026, 4 de julio). Defensoría del Pueblo exhorta al Estado a adoptar medidas efectivas frente al limitado avance del Plan Especial Multisectorial frente a la contaminación por metales pesados.
Fisher, J. R. (1975). Silver production in the Viceroyalty of Peru, 1776–1824. The Hispanic American Historical Review, 55(1), 25–43.
Flores Galindo, A. (2024). Los mineros de la Cerro de Pasco, 1900–1930 (4.ª ed.). Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Flynn, D. O., & Giráldez, A. (1995). Born with a silver spoon: The origin of world trade in 1571. Journal of World History, 6(2), 201–221.
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NASA Earth Observatory. (2019, 16 de marzo). Mining Peru’s Cerro de Pasco.
Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental. (2023). Cerro de Pasco: ruta para la recuperación del río Ragra. Análisis histórico de la problemática ambiental del río Ragra y su situación actual. OEFA.
Organización Mundial de la Salud. (2026). Intoxicación por plomo.
Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles. (2025, 21 de octubre). Senace dio conformidad al quinto ITS de la Unidad Minera Cerro de Pasco.
Volcan Compañía Minera S. A. A. (2025). Memoria anual 2024.









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