Nacida en Huánuco en 1837 y fallecida en Lima el 21 de marzo de 1907, María Avelina Gutiérrez Cortés ocupa un lugar singular en la historia peruana. No solo fue la madre del coronel Leoncio Prado Gutiérrez, sino también la mujer que forjó los valores morales y patrióticos de uno de los más grandes héroes del Perú y de América. Fruto de su relación con el militar huanuqueño Mariano Ignacio Prado, quien llegaría a ser dos veces presidente de la República, María Avelina Gutiérrez trajo al mundo, un 26 de agosto de 1853, al hombre que, a lo largo de casi treinta años de existencia, tuvo una destacada actuación en la guerra contra España, la exploración de los ríos de la Amazonía, la independencia de Cuba y la guerra con Chile.
En el marco de nuestra investigación histórica, que da lugar a la publicación de nuestro reciente libro LEONCIO PRADO. Héroe naval del Perú y Cuba, en los repositorios del Archivo General de la Nación hemos encontrado el testamento de doña María Avelina Gutiérrez Cortés, madre del insigne militar huanuqueño Leoncio Prado Gutiérrez, que había sido otorgado en Lima el 23 de febrero de 1907 ante el notario público de Lima Miguel de La Lama. Se trata de una fuente documental muy importante para reconstruir la historia familiar de Leoncio Prado Gutiérrez.
El testamento fue otorgado bajo la vigencia del Código Civil de 1852, primer Código Civil de la República del Perú, que exigía estrictas solemnidades para garantizar la autenticidad de la voluntad del testador. Su otorgamiento ante el notario Miguel de la Lama y la presencia de tres testigos instrumentales —Pedro Liverio, Pedro Abel Betancourt y Amadeo Delgado— confieren al documento plena validez jurídica y una excepcional fuerza probatoria para la investigación histórica.
El valor del testamento de María Avelina Gutiérrez Cortés trasciende el ámbito del derecho sucesorio, pues se convierte en un documento de enorme relevancia para la historia de Huánuco, del Perú y de la memoria histórica de uno de los principales héroes nacionales del Perú y América. Se trata de un testimonio directo de quien fue nada menos que la madre del coronel Leoncio Prado, redactado veinticuatro años después de su muerte, lo que le confiere un extraordinario valor histórico, jurídico y biográfico.
Desde el punto de vista de la investigación histórica, el testamento reúne características excepcionales: es una fuente primaria auténtica y protocolizada; fue otorgado por la madre del propio Leoncio Prado; contiene información familiar, jurídica, patrimonial y política; confirma hechos biográficos fundamentales; aporta datos inéditos sobre la descendencia del héroe; documenta las relaciones entre la familia Prado y el Estado peruano tras la Guerra del Pacífico.
En su testamento, María Avelina Gutiérrez Cortés declara ser natural de Huánuco, de religión católica y viuda de Manuel Morales. Menciona que sus dos hijos legítimos fallecieron siendo recién nacidos. Sostiene que su único hijo sobreviviente fue el coronel Leoncio Prado, fusilado por el ejército chileno en Huamachuco en julio de 1883. Precisa que Leoncio Prado dejó un hijo póstumo, Leoncio Abel Prado, nacido el 19 de noviembre de 1883 en Paccho, cuya madre fue Paula Pacheco, ya fallecida al momento del otorgamiento del testamento.
En materia jurídica, formula una declaración de enorme trascendencia al afirmar, bajo juramento de conciencia, que sabe y le consta que Leoncio Abel Prado era hijo natural de Leoncio Prado, precisando que, de no haber muerto cuatro meses antes del nacimiento del niño, su hijo lo habría reconocido legalmente. Reconoce expresamente a Leoncio Abel como su nieto; describe el patrimonio que poseía: una casa en la calle España de Lima; bonos de la deuda interna; un expediente administrativo reclamando el pago del montepío militar derivado de la muerte de Leoncio Prado; y un crédito otorgado mediante escritura pública.
Las afirmaciones contenidas en el testamento encuentran un importante respaldo documental en otra fuente primaria descubierta durante nuestra investigación. En relación con el dinero que posteriormente permitió a doña María Avelina Gutiérrez adquirir la vivienda ubicada en la calle de España de Lima —según ella misma declara en su testamento de 1907—, resulta especialmente revelador un documento conservado en los repositorios de la Biblioteca Nacional del Perú.
Se trata de una carta fechada el 16 de diciembre de 1896, mediante la cual María Avelina Gutiérrez de Morales se dirige al presidente de la República, Nicolás de Piérola, solicitándole disponer el cumplimiento de la Ley N.° 27, aprobada por el Congreso de la República, que ordenaba el pago de tres mil cuatrocientos noventa y ocho soles, correspondientes a los sueldos devengados de su hijo, el coronel Leoncio Prado, durante el tiempo que permaneció prisionero en San Bernardo (Chile). En su emotiva petición, la madre del héroe invoca los eminentes servicios prestados por su hijo a la nación y ruega al mandatario poner el «cúmplase» a la citada ley para hacer efectivo el pago que el Congreso ya había reconocido.
Continuando con los términos de su testamento, hasta ahora inédito, María Avelina Gutiérrez revela que la vivienda fue adquirida con el dinero que el Estado peruano le entregó por los sueldos devengados correspondientes a Leoncio Prado durante su cautiverio en Chile. Finalmente, instituye heredero universal a Leoncio Abel Prado, no como heredero forzoso, sino como heredero voluntario, debido a que la legislación vigente no permitía la sucesión forzosa de un hijo natural no reconocido legalmente por su padre.
Más de un siglo después de haber sido otorgado, el testamento de María Avelina Gutiérrez deja de ser únicamente un instrumento de sucesión para convertirse en una voz que llega desde los años posteriores a la Guerra del Pacífico. En sus cláusulas no solo se distribuyen bienes materiales; también se preservan la memoria de un héroe, la dignidad de una madre y la continuidad de un linaje que la historia peruana no podía dejar en el olvido. Por ello, este documento constituye una fuente indispensable para comprender la dimensión humana de Leoncio Prado y una de las piezas documentales más valiosas para la historiografía huanuqueña y peruana sobre el héroe continental.









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