La paciencia también tiene un límite. Durante meses se ha hablado del mantenimiento de la Carretera Central como si estuviera en marcha una respuesta suficiente para uno de los corredores más importantes de Huánuco. Hoy sabemos que no es así. El contrato vigente entre Cerro de Pasco y Tingo María no rehabilita la vía, no puede pavimentarla integralmente y tiene como objetivo principal mantener la transitabilidad. Dicho de manera sencilla: se intenta que los vehículos sigan pasando por una carretera que continúa deteriorándose.
Eso no es la solución que Huánuco necesita. Es, cuando mucho, una medida para evitar que el problema termine de desbordarse.
La explicación ofrecida en el conversatorio es reveladora: la rehabilitación integral requiere otro contrato, otro financiamiento y todavía continúa en evaluación. Incluso se ha reconocido que la carretera llegará al periodo de lluvias sin una solución estructural inmediata. Mientras tanto, se anuncian mayores recursos para septiembre y maquinaria para atender sectores críticos. Otra vez la emergencia antes que la solución.
No puede llamarse normal a vivir permanentemente apagando incendios.
Lo más preocupante, sin embargo, no está únicamente en Provías ni en las limitaciones de un contrato de conservación. Está también en Huánuco. Según lo informado por los participantes del conversatorio, autoridades convocadas no asistieron ni enviaron equipos técnicos. Esa ausencia resulta difícil de justificar cuando está en discusión una carretera de la que dependen transportistas, pasajeros, comerciantes y poblaciones enteras.
¿Dónde están nuestras autoridades cuando Huánuco necesita una voz firme ante el Gobierno central?
Desde Diario Ahora creemos que este episodio retrata un problema político más profundo: nos hemos acostumbrado demasiado al silencio frente a los grandes asuntos regionales. Podemos discutir inauguraciones, presupuestos, expedientes y nuevas obras, pero ninguna fotografía de cemento recién colocado puede reemplazar la obligación de defender aquello que sostiene la vida económica y social de la región.
La Carretera Central no es un asunto secundario. Cuando un tramo colapsa, no queda atrapado solamente un vehículo. Se retrasan viajes, productos, atención médica, jornadas laborales y actividades comerciales. El deterioro de una vía termina trasladándose al bolsillo y al tiempo de miles de ciudadanos.
Por eso también resulta legítimo preguntarse cuáles son las prioridades de quienes gobiernan. No afirmamos intenciones que no podemos demostrar ni atribuimos intereses ocultos sin pruebas. Pero sí podemos juzgar hechos públicos: cuando se convoca una reunión sobre una vía estratégica y las principales autoridades regionales no están presentes, el mensaje político que recibe la población es pésimo.
Huánuco necesita menos conformismo y mucha más representación.
La asociación que recorrerá el tramo Huánuco–Tingo María plantea documentar los sectores críticos y llevar un informe técnico a Lima. Está bien que la sociedad civil se organice. Lo preocupante es que tenga que empujar una agenda que debería encontrar a sus autoridades encabezándola.
Las lluvias se acercan. La carretera seguirá allí, con sus puntos críticos y sus problemas pendientes. Y cuando vuelva una emergencia, ya no será suficiente decir que faltó maquinaria, presupuesto o un nuevo contrato.
La pregunta será otra: ¿quién defendió realmente a Huánuco cuando todavía había tiempo para hacerlo?










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