Hay problemas que dejan de ser pequeños cuando una ciudad se acostumbra a convivir con ellos. Lo que ocurre en el Mercado Modelo de Huánuco es uno de esos casos. El desorden, las deficientes condiciones de salubridad y la ocupación descontrolada de espacios no pueden seguir tratándose como parte inevitable del paisaje cotidiano. Estamos hablando del lugar donde miles de familias compran los alimentos que terminarán en sus mesas.
Desde Diario Ahora creemos que el problema ya no admite más anuncios. Durante demasiado tiempo se ha hablado de ordenar, mejorar y recuperar este mercado. Pero mejorar un centro de abastos no significa únicamente pintar paredes, reparar techos o anunciar futuras intervenciones. Significa garantizar condiciones mínimas para que la carne, el pescado y otros productos destinados al consumo humano sean manipulados con higiene, orden y responsabilidad.
Preocupa observar prácticas que deberían haber desaparecido hace mucho tiempo: superficies deterioradas utilizadas para cortar pescado, agua acumulada empleada para limpiar áreas de trabajo, residuos orgánicos que terminan en los sistemas de desagüe y comerciantes que extienden sus productos fuera de los espacios asignados. Cada una de estas situaciones, por separado, puede parecer un problema cotidiano. Juntas revelan algo mucho más serio: una ausencia prolongada de control.
Y allí está el punto central. No corresponde cargar toda la responsabilidad sobre los comerciantes. Muchos trabajan desde muy temprano, dependen de sus ventas para mantener a sus familias y desarrollan sus actividades en condiciones que se han permitido durante años. Cuando una autoridad tolera una práctica permanentemente, termina convirtiéndola, de hecho, en parte de la normalidad.
Pero no debería ser normal.
No debería ser normal que los residuos de animales terminen en los desagües. No debería ser normal que espacios destinados a la venta de alimentos funcionen sin condiciones adecuadas de limpieza. No debería ser normal que los límites de los puestos existan en el papel, pero pierdan sentido en la práctica. Y tampoco debería ser normal que la reacción municipal aparezca únicamente cuando las quejas se hacen públicas.
Huánuco necesita un Mercado Modelo digno, pero también necesita autoridad. Una autoridad que fiscalice sin abusos, que ordene sin perseguir al pequeño comerciante y que entienda que la salubridad no es un asunto decorativo. Es una cuestión de salud pública.
También hace falta responsabilidad de los propios vendedores. Defender el derecho al trabajo no puede significar aceptar cualquier práctica. Quien comercializa alimentos asume una obligación especial con sus clientes. Las condiciones de limpieza, la correcta disposición de residuos y el respeto por los espacios comunes no son exigencias exageradas; son reglas elementales de convivencia.
El alcalde y los funcionarios responsables tienen delante un problema concreto y perfectamente visible. Ya no hacen falta discursos grandilocuentes. Hace falta supervisión permanente, limpieza real, manejo adecuado de residuos, reglas claras y cumplimiento.
Una ciudad también se mide por sus mercados. Por cómo compra, cómo vende, cómo cuida sus alimentos y cómo protege a quienes los consumen.
El Mercado Modelo no necesita otra promesa.
Necesita orden. Y lo necesita ahora.










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