El futuro hospital de EsSalud en Huánuco vuelve a tropezar con algo tan elemental como indispensable: el agua. Mientras las autoridades discuten quién debía prever la fuente, quién tiene que rehacer el expediente y quién demoró la licitación, el proyecto continúa sin una solución definitiva. Para Diario Ahora, ese es el verdadero problema. Las explicaciones pueden aclarar responsabilidades, pero no reemplazan las decisiones que Huánuco lleva demasiado tiempo esperando.
El gobernador Antonio Pulgar ha reconocido que el proyecto de agua debe reiniciarse porque la empresa contratada resolvió el contrato luego de que la fuente inicialmente prevista no pudiera utilizarse por la oposición de pobladores de la zona. Eso obliga al Gobierno Regional a preparar otro perfil y un nuevo expediente técnico, evaluar pozos tubulares u otra alternativa y volver prácticamente al punto de partida.
La explicación técnica existe. Lo que resulta difícil aceptar es que una infraestructura de la importancia de un hospital avance sin tener resuelto previamente un componente básico para su funcionamiento. Un hospital puede tener paredes, equipos y personal, pero sin agua y saneamiento simplemente no puede operar. Esa evidencia, que parece obvia para cualquier ciudadano, debió pesar desde las primeras decisiones del proyecto.
Aquí tampoco sirve convertir el problema en una competencia de reproches. El parlamentario Luis Beteta cuestiona al Gobierno Regional por el agua y el saneamiento; Pulgar, a su vez, sostiene que EsSalud todavía no convoca la licitación del establecimiento. Ambas discusiones pueden tener sustento en las competencias que corresponden a cada institución, pero ninguna modifica el resultado que observa la población: el hospital anunciado continúa esperando decisiones esenciales.
Y ese es precisamente el punto que las autoridades no deberían perder de vista. Para el ciudadano que necesita atención especializada, poco importa cuál oficina dejó pendiente un documento o qué entidad debía iniciar primero un procedimiento. Lo que importa es saber cuándo comenzará realmente una obra largamente esperada y si, cuando llegue ese momento, contará con todos los servicios necesarios para funcionar.
La salida tampoco consiste en apresurar una alternativa solo para mostrar avance. Si la primera fuente encontró oposición de la población, corresponde que la nueva solución tenga respaldo técnico, viabilidad social y claridad sobre su sostenibilidad. Repetir errores por presión política únicamente significaría perder más tiempo y recursos.
Pero rigor técnico tampoco puede convertirse en sinónimo de espera indefinida. El Gobierno Regional tiene ahora la obligación de transparentar los pasos que seguirá para encontrar la nueva fuente, elaborar el perfil y concluir el expediente. EsSalud, por su parte, necesita despejar la incertidumbre sobre la licitación del hospital y explicar con precisión qué falta para convocarla.
Huánuco ya ha escuchado suficientes anuncios. Lo que necesita ahora es coordinación, fechas verificables y decisiones que puedan ser fiscalizadas públicamente.
Porque cuando una obra sanitaria queda atrapada entre expedientes, competencias y versiones cruzadas, quienes terminan pagando la demora no son las instituciones. Son los pacientes y sus familias. Y en salud, el tiempo administrativo también tiene consecuencias humanas.










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