La primera barrera que enfrenta un paciente no es la enfermedad. Es la incertidumbre.
Cuando una familia llega a un establecimiento de salud en Huánuco, a menudo no sabe qué exámenes le van a pedir, cuánto costará, cuánto esperará, quién decide y con qué criterio. Esa asimetría de información no es neutral: es el terreno donde prosperan la derivación innecesaria, el pago informal —el "aceitito" para que el examen salga antes—, la exclusión y la negligencia. Se agrava para el paciente de zonas rurales o amazónicas, donde la distancia, el idioma y la falta de conectividad convierten cada trámite en una odisea, y para los sectores pobres de la ciudad. Huánuco está entre las regiones más pobres del país: más de un tercio de su población vive en pobreza monetaria.
En el sector privado, hay clínicas donde el incentivo perverso por facturación —comisiones por procedimiento, bonos por receta, consultorios asociados a farmacias— convierte al paciente en una fuente de ingresos antes que en una persona. En el sector público, el equipo existe pero está paralizado sin explicación escrita, y el paciente termina cruzando la calle para pagar por lo que el Estado ya compró.
La falta de información es, en sí misma, una intervención preventiva que no se está haciendo. Un Sistema de Información y Orientación en Salud —híbrido, con personal humano y tecnología— podría acompañar al paciente, explicarle cada paso y permitirle una segunda opinión. No se trata solo de enfermeras: es todo el personal de salud, que escasea y está sobrepasado.
Lo que se perdió: prevención y atención primaria
Hubo un tiempo en que las familias de Huánuco se cuidaban antes de enfermarse. La medicina tradicional —el ajo, la cebolla, las hierbas de la misma tierra— era la primera respuesta. Ese conocimiento ha sido desplazado por la automedicación y la inyección fácil: en una botica se recetan ceftriaxona, penicilina y dexametasona por una tos simple. El Estado no promueve la medicina tradicional como política de atención primaria, más allá de pilotos valiosos pero aislados como los del INS en pueblos originarios. Y cuando alguien llega a un centro de salud, muchas veces encuentra un establecimiento de nivel 1-2: partos sí, pero para cualquier cosa mayor, al Hermilio Valdizán. La atención primaria no es solo prevención: es la capacidad de resolver cerca de casa lo que no necesita un hospital. En la ciudad ningún centro queda a más de quince minutos; en zonas rurales y amazónicas, la posta puede estar a horas.
El equipo que duerme mientras el paciente paga
En Tingo María, la Contraloría documentó una compra irregular de 199 equipos biomédicos con un perjuicio de S/ 1 149 870; varios, por más de S/ 5 millones, siguen sin uso por falta de personal especializado. En el Hermilio Valdizán, detectó un perjuicio de S/ 3 002 331: un láser de oftalmología comprado en 2023 sigue en los pasadizos porque no hay ambiente quirúrgico adecuado ni cobertura del SIS, y equipos de anestesia fueron pagados sin instalarse. La inversión terminó en equipos que no salvan vidas: nadie los instaló, nadie los usó, nadie los reclamó.
En 2025, la Fiscalía condenó al expresidente regional Luis Picón por favorecer a un consorcio en Huarichaca, y se intervino el Gobierno Regional por adjudicar una obra de centro de salud en Baños por más de S/ 38 millones a un consorcio cuyos accionistas incluían a una vendedora de desayunos y una ex barrendera municipal.
Y en el ámbito nacional, los robots quirúrgicos. En octubre de 2024, el Hospital Dos de Mayo pagó S/ 35,2 millones y el INEN S/ 34,9 millones por sendos sistemas Da Vinci Xi: casi S/ 70 millones por dos equipos, cuando el robot en sí costaba S/ 17 millones en cada caso. Brasil adquirió el mismo sistema por S/ 7,4 millones en 2023. El sobreprecio supera los S/ 34 millones. Según Salud con Lupa, el IETSI de EsSalud concluyó en enero de 2025 que el robot no ofrece beneficios clínicos relevantes frente a la laparoscopía; la directora fue reemplazada y el informe original fue sustituido por otro que, sin nueva evidencia, concluía que generaría ahorros. La Contraloría confirmó que el Minsa compró sin evaluación previa.
Aquí no se trata de un caso más de corrupción: se trata de la vida. Un equipo de anestesia que no se instala es una cirugía que no se puede programar. Un láser que duerme en un pasadizo es un paciente que sigue esperando, o que paga en el privado lo que el hospital público tenía y no usó. Las listas de espera quirúrgica se cuentan por decenas de miles; la demora en fractura de cadera incrementa la mortalidad. El desabastecimiento ha dejado a pacientes con hemofilia sin tratamiento vital, confirmado por la Contraloría en varias regiones, incluido PADOMI. Cada equipo paralizado se traduce en niños sin tratamiento y adultos mayores sin control. La corrupción no es un delito sin víctimas: es un delito con nombres, con edades y con consecuencias.
¿Qué se habría podido hacer en Huánuco con los S/ 34 millones de sobreprecio? A precio brasileño, cuatro equipos adicionales; a precio chino, once más. O decenas de plazas para personal de salud, equipos básicos para varias redes, medicamentos para crónicos durante años.
La oportunidad que no se aprovecha
China es uno de los principales productores mundiales de medicamentos y equipos médicos, y ya es uno de los principales orígenes de esas importaciones en el Perú. La barrera para acceder a equipamiento de calidad no es tecnológica ni de precios: es de decisión política y de capacidad de compra agregada. Una compra corporativa regional de equipos básicos con la oferta china abarataría drásticamente la atención preventiva.
Todos tienen un rol, todos tienen una tarea
El Gobierno Regional tiene la competencia directa sobre las redes de salud, pero no está solo: el Gobierno Nacional define políticas y autorizaciones que retrasan la llegada de equipos; Agricultura, Educación y Transportes tienen un rol en la red regional. Las rondas campesinas y los comités de vaso de leche son el primer contacto con las familias. Las ONGs y las iglesias aportan capacitación y acompañamiento si se articulan. Y la familia, que hoy llega sin herramientas para preguntar, también tiene un rol: exigir información, pedir una segunda opinión, no aceptar la automedicación como primera respuesta.
Huánuco no necesita un nuevo diagnóstico. Necesita tres medidas concretas en los primeros cien días: primera, co-construir el Sistema de Información y Orientación en Salud, con un equipo multisectorial —personal de salud, agentes comunitarios, rondas e iglesias— y una plataforma que permita conocer la ruta de atención; segunda, publicar un inventario de equipos paralizados, con plazo de instalación y responsable identificado; tercera, convocar las plazas de personal de salud ya financiadas, publicar cuántas están vacantes, y articular una compra corporativa de equipos básicos con comparación internacional de precios.
La desnutrición infantil en Lauricocha, zona roja, con niños de hemoglobina de seis y siete, no se resuelve con charlas: se resuelve con un sistema que oriente a las familias, les explique por qué su hijo no puede aprender si no come bien, y articule salud con agricultura y educación.
Porque en salud, la ineficiencia y la corrupción no solo cuestan dinero. por sobre todo Matan.









Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.