¡El hombre común ha vuelto! No se puede pedir permiso para dar un paso libre, de lo contrario, ¿qué es un paso libre? (Clet).
Mira, ponte bajo la intervención de Clet. ¿Clet? le respondo. Si, el artista francés que realiza innumerables intervenciones en Firenze. Cruzo la pista, me ubico bajo la intervención de un hombre con el peso sobre la espalda, como un Sísifo. Marco, me saca varias fotografías. Una inesperada sorpresa, la primera vez que vi sobre él, fue en el Instagram.
Jean Marie Clet Abraham (1966) es natural de Francia. Reside en Florencia desde el 2005. Clet, como suele firmar, atraviesa con su bicicleta oscura, el “Palazzo Vecchio”, lleva muchas pegatinas para espacios elegidos de antemano en la hermosa “città vecchia”. Clet, no trepa a los postes a medianoche o en la madrugada, cuando la ciudad vieja duerme; él avanza con ella en plena tarde, con el sol proyectando su flaca figura, pide permiso a la multitud y empieza su faena. Trepa sobre su “bici” como un “Spiderman”, sin capucha, con la naturalidad de un ciudadano libre. Los transeúntes se paralizan e inician a sacarle fotografías; le miran con entusiasmo, ese recorrido hace que cada pegatina sea la prueba de las interminables acciones de cada día, de cada performance. Clet es parte de la prodigiosa Firenze.
Como en el país y otros lugares, el pensamiento gráfico oxigena, desde hace mucho, la imagen. La obra de Clet, es portátil e ingrávida. La gráfica, continúa siendo el campo de la visualidad que desde siempre ha estado expandida, es ineludible a la metrópoli, su hechura prolonga la calle, la vereda, el edificio, el mensaje.
La primera vez que pasé por esa calle bajaba de caminar por el mirador de Florencia, día soleado cuando la pared de una casa, con la puerta de vidrio cerrada y abigarrada de imágenes llamaba mi atención. Me alejé del lugar sin saber cuándo volvería. Conversando con mi amigo Efren, en el Piazzale degli Uffizi, me indicó como llegar nuevamente a ese lugar. Sin darme cuenta cruzaba esa puerta, había pasado más de un mes.

Sin título. Stopwar, obra de Clet (2024).

Con Jean Marie Clet Abraham. Florencia 2026 (Fotografía: Ronni Squizzio).
Cruzo el “Ponte alle Grazie” sobre el río Arno y me encuentro con “L'Uomo Comune”, un personaje cualquiera, que en ese instante soy yo y luego de un paso, es otro. Es tarde, llueve perezosamente, como hoy en Pozuzo. Siento, entre tanta gente, la soledad de “L'Uomo Comune” mientras termino de cruzar el puente. La avenida perpendicular, en sentido contrario al Arno, me lleva a la tienda – taller de Clet. Había tirado la toalla por conocerlo, pero esta tarde gris, por pura insistencia, encuentro abiertas las hojas de la puerta de vidrio. Conozco a Ronni Squizzio, con quien amablemente converso y me menciona la imposibilidad de conocerlo en estos días. Me despido tres veces, antes de la última Ronni timbra y Clet le dice que salió a comprar unos ganchos para una obra pública próxima a estrenarse y llegará a las 17 horas. Como un cliente que va asomando su sombra por los vidrios, va apareciendo, cruza la calle mojada, se abre paso entre las bicicletas estacionadas. Todo es rápido, en un momento Ronni nos hace varias fotografías.

“L'Uomo Comune” escultura en el puente “Ponte alle Grazie” sobre el río Arno.
Debe presentar una obra para el consulado francés en Florencia, cuenta que “jugando” con la palabra en italiano: “consolato”, que significa tanto consulado como confortado, realiza una extensa banderola que será colgada en el frontis.
Clet es intrépido, apropiacionista e irónico; mostrarle los excesos al florentino en su propia “città vecchia” ha sido respondida con la presencia de la “polizia” en su taller (Estos encuentros alcanzan para un libro aparte). Su hacer creativo inicia una nueva historia cuando estaciona su bicicleta, trepa y ubica una pegatina... Clet piensa con sus signos, ha logrado encontrar en la demarcación de la ciudad los puntos donde llevar la pregunta inquisidora a cada “ospite”. No encontré recoveco sin su presencia. Cada pegatina hecha de ironía, síntesis cromática, proporciones, funciona como un parásito visual, intervención “site-specific” o sencillamente se cuela de los excesos, inutilidad y desorden visual de la “vecchia cittá”. Cuantas calles, se atavían con sus imágenes. Siento que soy el único que observa a cada ciclista que se estaciona cerca a una señal de tránsito, que espera suba sobre el sillín, saque algo bajo la manga… Sea Clet.
Clet, no es complaciente, sobre la tragedia Palestina escribe: “non ho parole di fronte allá folle crudeltá dell’esercito israeliano e al silenzio dei miei amici occidentali comodamente adagiati sui privilegi acquisiti. Sará mai possibile un giorno perdonare Israele per tutti i suoi crimini?”. “No tengo palabras ante la brutal crueldad del ejército israelí y el silencio de mis amigos occidentales que están cómodamente arraigados en sus privilegios adquiridos.
¿Será posible algún día perdonar a Israel por todos sus crímenes?” (Pozuzo, octubre 2026).

Clet en Livorno (Fotografía: cortesía del artista).








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