Abro con emoción el libro: La Sierra de Guadarrama, firmado por Alessandro Taiana (Como, Italia: 1967), está dedicado a Fátima y Bernadette. Ha viajado como equipaje de mano: Madrid, Lima, Pozuzo, Huácar y otra vez Pozuzo. Antes que supiera de la ruta para recordar a Ernest Hemingway (1899–1961), geografía donde estableció su novela “Por quién doblan las campanas”; antes de saber que para Alessandro Taiana, quien camina sin cesar sus faldas y crestas, es el lugar de viraje en su vocación pictórica, como en su juventud, fue el Museo Nacional del Prado, lugar donde, ese mediodía, nos dirigíamos al encuentro de Erick Miraval.
Especular en la pintura como una tela soportando el orden de las pinceladas de luces y sombras, es superficial; sería bueno, intentar deponer la técnica y escudriñar la intencionalidad del autor. La representación incorpora contrariedad e interpelación: contrariedad, en un universo donde todo se mueve e interpelación, en sociedades donde circulamos buscando explicaciones. ¿Cómo capturar el movimiento, sin pretender eternidad? Jorge Luis Borges, nos recuerda que estamos hechos de tiempo, sueño y agua, enreda el momento, imposibilita agarrarlo; quedamos en ascuas.

Alessandro Taiana. Hoya de Peñalara el 18 de abril de 2014. Foto: Luis Sevillano. (Fotografía: cortesía del artista)
Asir el movimiento es tomar el tiempo, viajar al encuentro del artista de la caverna apresando un bisonte. Sorprenderse del acto y salir de la cueva para ver si al retornar, el bisonte te espera. La imagen detenida, mansa, atrapada, donde colocarse a mirarla fijamente. Todo ser humano, es un poco, ese cazador de iconografías de la caverna.
Alessandro Taiana es, por eso, más que un pintor, el espíritu remoto. Coge, cada vez que sube a la Sierra de Guadarrama y pinta sobre la tela, un poco de eternidad. Formado en la Academia de Bellas Artes de Milán con el maestro Beppe Devalle (Italia, 1949 – 2013) comparte: “Me interesa acompañar el paisaje, no abandonarlo. Los lugares vuelven a llamarnos” (del diálogo con Beatriz Pascual del diario La Razón de Madrid).

Alessandro Taiana, Fundación Ramón Meñendez Pidal, Madrid 2026
Alessandro Taiana, camina mucho; en cada paso, descubre recodos; un antiguo y nuevo punto de vista, un clic para su tela. Su estancia en la Sierra de Guadarrama, responde a un encuentro afectivo entre él y la cadena montañosa. Sus series de pinturas de las montañas: "Hierro" o “Peñalara”, despiertan y se suman, a la montaña Sainte-Victoire en Provenza pintada, tantas veces por Paul Cézanne (Francia, 1839-1906), como él, en actitud contracorriente. Evocan a las imágenes que Hokusai (Japón, 1760–1849), Treinta y seis vistas del monte Fuji. En su mirada panorámica, el punto de fuga te involucra como cuando estás frente a "Las Meninas", cuadro que lo deslumbró desde joven; incluso, su ausencia, la de Taiana, se torna presencia, como Diego Velázquez (España, 1599 – 1660) en la penumbra de su colosal pintura.
Alessandro, no la tiene fácil sobre su querida Sierra de Guadarrama: “las nubes bajan, lluvia imparable. De vuelta a Madrid, llueve todo el día” o “los puntos identificados con el mal tiempo ahora, con el sol, ya no me convienen. Subo y bajo de la montaña toda la tarde (…)”. Contempla, anda, descansa, estudia; observa la luz solar, recorre como una manecilla de reloj las montañas: Hierro, Peñalara, Siete Picos, La Pedriza, Aurrulaque, Valsaín, Guarramillas, Morcuera, etc. Sube y baja, sujetar el instante nunca puede darse por descontado.

Antonio López García y Alessandro Taiana, en la exposición: flores. Galería Gurri (Fotografía: cortesía del artista).
Cada imagen es acuciosa, muestra pormenores, no intenta competir con la cámara fotográfica; su manera de captar la forma es producto de su afán, como ser finito, de interrumpir el tiempo. Otro momento significativo, en su recorrido de artista, es en 1998, su visita y encuentro en el estudio del maestro Antonio López García (1936). Taiana, hace mucho, cimenta un mapa a escala 1:1 de La Sierra de Guadarrama. Un plano que bien contiene su libreta de campo.
El tiempo inasible, inabarcable, al cual afanosamente le damos medida, es lo mejor del ingenio humano, como hace Alessandro Taiana: pintando momentos. Como el artista en la caverna, el creador intuye, sospecha que de esta manera, en un tiempo no muy lejano, se podrá detener las bombas, sobrevivir al tiempo, el sueño y el agua. Tal vez a la muerte (Pozuzo, noviembre 2026)

Libro: La Sierra de Guadarrama. Foto, Luis Sevillano (Fotografía: cortesía del artista).








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