Hoy, 4 de noviembre, se cumplen los primeros 100 días del gobierno de Keiko Fujimori, un periodo en el que generalmente culmina la «luna de miel» de una autoridad recientemente electa. En este caso, el desencanto podría ser mayor y más efusivo.
Es pertinente recordar que Keiko Fujimori logró el triunfo en primera vuelta con solo el 10 % del total de electores. Por tanto, ya presentaba una baja legitimidad, a pesar de haber ocupado el primer lugar en las elecciones presidenciales del 12 de abril. Seguramente, la atomización de candidatos la benefició en demasía.
Los partidos históricos que han tenido experiencia de gobierno en las últimas décadas han quedado relegados; tal es el caso del APRA y de Acción Popular. El fujimorismo keikista, por su parte, tiene experiencia básicamente en el Poder Legislativo, donde mostró una actitud obstruccionista. Allí sacó la navaja —como un malhechor que delinque— para decapitar políticamente a cualquier figura que se convirtiera en opositora. También utilizó medios de comunicación y aliados opinólogos para mancillar la imagen de quienes criticaban al fujimorismo o, por el contrario, defenderlo a ultranza. Ahora intentan pregonar que no fueron gobierno y que no se hacen responsables de lo ocurrido en la última década. Para ello, utilizan como caja de resonancia a los grandes medios de comunicación, pese a que es sabido que Fuerza Popular dominó el Poder Legislativo durante la década perdida (2016-2026). Ahora intentan lavarse las manos, como Poncio Pilato hizo con el maestro Jesús.
Es pertinente recordar que el último presidente que gobernó durante todo su periodo fue Ollanta Humala (2011-2016). Por tanto, los jóvenes de la generación Z no han presenciado en el Perú un mandato estable. Desde entonces, hemos tenido nueve presidentes, 173 ministros (un ministro cada diez días), 18 ministros del Interior, 13 ministros de Defensa y 12 jefes de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM). Es imposible gobernar con tanta rotación de los gabinetes. Esto explica, en parte, por qué la inseguridad y otros indicadores no logran revertirse.
Keiko hizo grandes promesas durante la campaña y en su plan de gobierno. Por ejemplo, este último señala que la tasa de homicidios se reducirá en un 20 % para el año 2031. Según los datos de Juan Carbajal, durante lo que va de su gobierno se han registrado, en promedio, más de cinco muertes diarias a causa del crimen organizado, cifras casi similares a las de los gobiernos de Dina Boluarte y José Jerí. También prometió construir 5 000 colegios durante su mandato; sin embargo, el Plan Educativo Nacional (PEN), publicado en setiembre de este año, menciona que se construirán 2 000 colegios nuevos y se mejorarán otros 3 000. Esto implica que, durante estos primeros 100 días de gobierno, deberían haberse construido 137 colegios, algo que no se ha cumplido. Por otro lado, el plan de gobierno establece como meta reducir la anemia al 20 % para el año 2031. Actualmente, el porcentaje llega al 34,9 % (con los nuevos ajustes por altitud aplicados). La historia revela que ningún gobierno ha logrado reducir en 15 puntos porcentuales este flagelo. Peor aún, los datos de la última década muestran que la anemia suele comportarse como el dólar: sube y baja. Por ello, es muy probable que tampoco se cumpla dicha meta en 2031. En lo que respecta al transporte, el plan de gobierno señala que se culminará la Línea 2 del Metro y se iniciará la ejecución de las líneas 3, 4, 5 y 6. Son promesas que probablemente no se cumplan, pues la historia demuestra que se trata de proyectos de largo aliento.
Según IPSOS, Keiko inició su gestión presidencial con un nivel de aprobación del 57 %. En setiembre, la encuestadora registró una preocupante caída de 15 puntos porcentuales (42 %) y, en octubre, la aprobación llegó al 40 %. Es decir, en lo que va de su gobierno, ha perdido casi 20 puntos porcentuales. Esto evidencia una estrepitosa caída de su popularidad, que seguramente continuará en los próximos meses.
El mismo día en que asumió el cargo, ciudadanos salieron a protestar en Lima. Posteriormente, en agosto, hubo un paro de transportistas en Loreto, Ucayali, Arequipa y Tacna. Paradójicamente, en dos departamentos donde Keiko ganó en primera y segunda vuelta, la población salió a protestar por el alza del combustible. Agosto también fue un mes en el que hubo protestas de los gremios de transportistas debido a la criminalidad. Asimismo, la CGTP alzó su voz de protesta en las calles para exigir el aumento del salario mínimo vital y la protección de los derechos laborales. El 30 de setiembre, sindicatos y manifestantes protestaron contra las facultades legislativas solicitadas por el Ejecutivo. Finalmente, el 29 de octubre, poco más de 16 000 docentes salieron a las calles con diversas plataformas de reclamo. ¿Acaso es un presagio de lo que se viene a posteriori? Solo el tiempo lo dirá.
Lamentablemente, Keiko inició su gestión presidencial realizando transmisiones en vivo («live») a través de las redes sociales, mientras que, en varios lugares del Perú, los incendios, las emergencias por desastres y la alta tasa de criminalidad afectaban gravemente al país. Con ello, evidenció frivolidad, poca sensibilidad social y falta de empatía. Resulta contradictorio que haya convocado a ministros que fueron sus críticos e incluso que, antaño, fueron tildados de «caviares». Más preocupante aún es la falta de experiencia de varios integrantes de su equipo en la gestión pública (la lista es larga). Hace unos meses, había mencionado que en diciembre era probable un cambio de gabinete. Tenemos a un jefe de la PCM que no comunica, no sabe consensuar y ya no cuenta con el respaldo de Keiko ni de su entorno más cercano. Lamentablemente, durante estos primeros 100 días no ha habido resultados. La hija de Alberto Fujimori ha dado un giro a su imagen: ahora pretende mostrarse con mayor autoridad y firmeza, y suele aparecer junto a efectivos policiales y militares. Sin embargo, esa pantomima le durará muy poco y está predestinada a sufrir una caída inminente en su nivel de aceptación.
La retahíla de errores cometidos durante su corta gestión la deslegitima cada vez más. Quizá la visita del papa frene durante algunos días la inminente caída de su aprobación. Según la última encuesta de DATUM, el 68 % considera que no se ha avanzado nada en materia de seguridad ciudadana y el 39 % cree que la confianza en Keiko ha disminuido.
Creo que el fenómeno de El Niño será un gran termómetro para Keiko en su intento por sobrevivir políticamente; quizá también podría marcar el inicio del fin.









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