Originalmente tenía pensado publicar este texto el mismo día 7 de octubre que caía un miércoles; eso sí, desistí de hacerlo porque en esa fecha correspondía hacer un comentario sobre las elecciones regionales y municipales. Ahora, y luego de comentar la semana pasada sobre un clásico del cual quería hablar hace un tiempo, es menester retroceder al año 2023 para comentar una fecha que ya ha quedado marcada en la historia. La conocida como operación "Tormenta de Al-Aqsa" sigue siendo hasta la fecha un motivo que divide a la opinión pública sobre si fue simplemente un ataque terrorista o la respuesta legítima de un pueblo que se ha visto oprimido desde que desde Occidente se decidió la invasión y exilio de su gente. Son exactamente las seis y media de la mañana y difícilmente alguien se imagina lo que puede ocurrir. El ataque inició con el disparo simultáneo de 5 mil cohetes dirigidos a Israel, lo que saturó el famoso sistema de defensa aérea denominada: “Cúpula de hierro”. De ahí, un aproximado de 3 mil milicianos de Hamás fuertemente armados rompieron las vallas de seguridad utilizando explosivos. Previo al ataque, drones inhabilitaron las torres de comunicación, cámaras de vigilancia y armas automáticas remotas del ejército israelí en la frontera, impidiendo una reacción inmediata de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Este fue, sin exagerar, quizás el ataque más fuerte sufrido por el Estado de Israel desde la guerra del Yom Kipur. Los atacantes asaltaron más de 20 comunidades locales y bases militares de la zona sur de Israel. Uno de los puntos que más atención mediática recibió fue el ataque al festival de música Nova celebrado cerca del kibutz Re'im, el mismo que se convirtió en uno de los puntos más trágicos, dejando un rezago de 364 civiles muertos. Varias bases del ejército israelí en Gaza fueron tomadas por sorpresa, resultando en la muerte y captura de numerosos soldados. En total, se estimó que 1200 personas fueron asesinadas y se tomaron 251 rehenes. A todo esto cabe destacar que hubo un saldo de más de 3 mil personas heridas. Fue, como pude escuchar a uno de los analistas que comentaban la noticia, lo más cercano a un 11 de septiembre para los israelitas. Posterior a ese primer impacto, el primer ministro Benjamín Netanyahu declaró formalmente el estado de guerra. El ejército israelí tardó días en recuperar el control total de las poblaciones del sur fronterizo debido a la presencia de encarnizados combates urbanos. En paralelo, esa misma tarde se ordenó la movilización masiva de más de 3 mil reservistas y se iniciaron los bombardeos de represalia sobre Gaza. Israel inició una de las campañas de ataques aéreos más intensas del siglo XXI, destruyendo o dañando gravemente cerca del 78% de las edificaciones e infraestructura clave del enclave, incluyendo viviendas, escuelas y hospitales. Las FDI penetraron en Gaza el 27 de octubre de 2023, dividiendo el territorio, tomando el control de corredores estratégicos y forzando el desplazamiento repetido de más del 90% de la población de Gaza, que se calcula en un aproximado de cerca de dos millones de personas. Estas primeras acciones significaron la imposición de un estricto cerco sobre el territorio que restringió de forma drástica el ingreso de agua, electricidad, combustible, medicinas y alimentos. Se registran más de 74 mil muertes confirmadas en la Franja de Gaza. Distintos estudios independientes y de Naciones Unidas calculan que aproximadamente el 80% de los fallecidos corresponden a la población civil, con una altísima proporción de mujeres y niños. Miles de personas adicionales permanecen desaparecidas y atrapadas de forma permanente bajo los escombros. La cifra de heridos en Gaza supera las 175 mil personas, muchas de ellas con amputaciones y lesiones que alteraron sus vidas de forma permanente, sumado a un sistema de salud colapsado por los bombardeos. En paralelo, las operaciones militares, redadas del ejército israelí y los choques con colonos en la Cisjordania ocupada dejaron cientos de palestinos muertos, más de 4000 desplazados por demoliciones y más de 11 mil detenciones. Las enormes pérdidas humanas, la destrucción estimada en más de 35 mil millones de dólares y el desplazamiento masivo derivaron en demandas internacionales ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por presuntas violaciones al derecho internacional humanitario, que culminó con una orden de arresto internacional sobre Benjamin Netanyahu, el mismo que varias potencias adscritas a la corte se han negado a ejecutar. Esto despertó en su momento un movimiento internacional de solidaridad en donde se sumaron estudiantes de universidades americanas y hasta artistas y músicos como el caso del rapero Macklemore, quien recientemente fue excluido como telonero de la gira del cantante Ed Sheeran por decir “Palestina libre”, hecho que generó muestras de solidaridad hacia él en redes sociales. Así como muchos acusaron a George Bush en su momento de orquestar los ataques del 11 de septiembre para invadir Irak, muchos analistas y hasta ciudadanos israelíes han acusado a su gobierno de permitir el ataque para justificar la invasión de Gaza y las acciones expansionistas en Cisjordania. Para muchos sigue siendo difícil de creer que los servicios de inteligencia más avanzados del mundo, como el Mossad y el blindado sistema fronterizo de Israel, fallaran de forma tan estrepitosa. Según esta narrativa, el objetivo de permitir la masacre habría sido obtener la justificación perfecta ante la opinión pública internacional para destruir a Hamás, invadir la Franja de Gaza y desplazar a su población e incluso muchos sugieren que varias de las víctimas israelíes del 7 de octubre fueron provocadas por Israel en uso de la polémica directiva Hanibal, que autoriza a los soldados israelíes a atacar a sus propios ciudadanos. De poco ayuda que el mismo primer ministro israelí permitió y fomentó el flujo de financiamiento de Qatar hacia la Franja de Gaza hasta las semanas previas al ataque del 7 de octubre de 2023. Esta política, confirmada por documentos oficiales y declaraciones posteriores del propio mandatario, consistió en facilitar la entrada de casi 2 millones de dólares en total durante más de una década. Incluso, apenas un mes antes de la ofensiva de Hamás, el gobierno israelí pidió formalmente a Qatar continuar e incluso incrementar estas transferencias, todo ello con el objetivo de debilitar a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), siendo que el mismo país de Qatar se desmarcó de esas acusaciones señalando que era enteramente responsabilidad del gobierno de Israel el fiscalizar el uso de esos fondos. Si hay algo que debe quedar claro es que este conflicto no comenzó hace tres años, ni el 7 de octubre marcó la peor tragedia del mismo. Esto inició hace más de 70 años con una injusticia mucho mayor conocida como la “Nakba”. Más de 750 mil palestinos fueron expulsados violentamente de sus tierras ancestrales, habitadas por ellos durante milenios. Sus aldeas arrasadas, más de 13 mil personas masacradas, sus lugares de culto profanados y su historia borrada. Desde entonces, permanecen como rehenes fuera de sus legítimos hogares. ¿Qué harías si un pueblo extranjero, armado hasta los dientes por poderosas potencias extranjeras, llegara a tu hogar y se apropiara de tu tierra, tu identidad y tu historia? ¿Te quedarías de brazos cruzados o pelearías?
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