Apoyo a la URSS, El gran dictador y deportación de Chaplin
La Segunda Guerra Mundial se desata. Las grandes potencias mundiales, como Inglaterra y Estados Unidos se quedan con los brazos cruzados, mientras los nazis persiguen y asesinan judíos y amenazan a la Unión Soviética. En ese contexto, Charles Chaplin iniciará una campaña para presionar a los aliados (USA e Inglaterra) a abrir un segundo frente militar y aliviar la sobrecarga del Ejército Rojo soviético que, prácticamente, luchaba sin ayuda contra la Alemania nazi. Este sería su sentencia definitiva. Tras el lanzamiento de El gran dictador en 1940, la CIA conseguiría lo que quería: deportar a Chaplin de Estados Unidos, sin hallar más pretexto que el supuesto atentando contra la fibra moral de ese país. El gran dictador no solo ridiculizó a Hitler, sino a todas las formas fascistas y a la falsa democracia burguesa. Chaplin, que era menor por unos tres días de Adolf Hitler, guardaba semejanzas físicas con este; además, el personaje del primero tenía el característico bigote del dictador nazi (La leyenda narra que fue Adolf Hitler quien se copió el bigote del famosísimo Charlot). Todo esto lo aprovecharía Chaplin para encarnar al “Führer”. Aunque la cinta fue nominada a los premios de la academia, no ganó ninguno. Su estreno fue vetado en España por órdenes explícitas de Francisco Franco y los españoles no pudieron visionarla sino hasta la muerte de dicho dictador.
En esta película, Chaplin se solidariza con los judíos e insta a la solidaridad humana, pero el imperialismo encontrará en ello, las bases de un discurso comunista. La ira del capital norteamericano estallará cuando la Unión Soviética premia El gran dictador. En el emblemático discurso al final del largometraje, el personaje del barbero judío, quien logra hacerse pasar por Hitler, pronuncia las siguientes palabras:
«…Queremos vivir con la felicidad del otro, no con su angustia. No queremos odiarnos y despreciarnos. En este mundo hay sitio para todos, y la tierra es rica y puede proveer a todos. El camino de la vida podría ser libre y hermoso».
En 1942, la prensa lo acusa de comunista y las autoridades utilizan Joan Barry, ex pareja, para acusarlo de faltas a la moral, aunque el actor saldrá airado del juicio. Sin embargo, este no dejaría de apoyar a Barry, a quien le dio una mensualidad generosa hasta su muerte. A esto se le suma la negación de poyar al ejército norteamericano cuando Estados Unidos decide ingresar a la Segunda Guerra Mundial.
En 1947, se estrena Monsieur Verdoux, una de las obras más aclamadas de Chaplin. La metáfora se centra en un hombre que se casa con mujeres maduras y, específicamente, con viudas adineradas, a quienes asesina para quedarse con sus riquezas. Finalmente, es aprisionado y condenado a muerte, pero en su defensa arguye que si lo condenan a muerte a él, también deberían condenar al sistema:
«En cuanto a ser un asesino de masas, ¿acaso el mundo no lo fomenta? ¿No está construyendo armas de destrucción con el único propósito de cometer asesinatos en masa? ¿No ha despedazado a mujeres indefensas y a niños pequeños, y lo ha hecho de forma muy científica? Como asesino de masas, soy un simple aficionado en comparación.
Sin embargo, no deseo perder los nervios, porque muy pronto perderé la cabeza. No obstante, al abandonar esta chispa de existencia terrenal, tengo esto que decir: los veré a todos... muy pronto... muy pronto».
La presión para deportarlo se torna mucho más apabullante. Comentarios como “amenaza de traición”, “comunista pro soviético” y “peligro contra la moral de Hollywood” se dejan escuchar por todas partes. Finalmente, en 1952, lo deportan, pero él se había conseguido ya una casa en Suiza, donde radicará hasta el día de su muerte acompañado de Oona O’Neill; ella iluminaría su madurez con el fulgor de su juventud, le daría ocho hijos y le demostraría una lealtad a prueba de fuego.
Un rey en Nueva York, una de sus últimas producciones, sería su forma de devolverle el golpe a la burguesía norteamericana, pues relata las peripecias que enfrenta un rey exiliado, al que quisieron asesinar por oponerse a la bomba atómica y aspirar a crear un mundo mejor para la mayoría social. En consecuencia, satiriza su propia deportación de los Estados Unidos, a donde no piensa regresar jamás y no lo hace sino hasta 1972 para recibir el Óscar honorífico por su trayectoria artística. Según biógrafos, fue su esposa quien tuvo que suplicarle y convencerlo. Hasta esa fecha, había producido y dirigido más películas, entre las que sobresale Una condesa de Hong Kong, donde dirigió a Sophia Loren y a Marlon Brandon. Este actor catalogaría al pequeño Chaplin como un director dictador y tirano, ya que ambos sostuvieron fuertes discusiones durante el rodaje.
Murió un día que él detestaba por traerle recuerdos de su infancia sumergida en la pobreza y de la enfermedad mental de su madre, a quien amó demasiado. Murió a los 88 años de edad en Suiza, a las cuatro de la mañana, mientras dormía junto a Oona O’Neill: era la navidad de 1977.
DATOS EXTRAS:
1. Chaplin jamás dejó de apoyar a su madre. Ella moriría en 1928 en Estados Unidos, a donde llegó en 1921, gracias al propio Charlie, quien decidió que su hermano le trajera para hacerle parte de sus triunfos.
2. Pese a las discrepancias con su hermano sobre la película El gran dictador, Chaplin jamás dejó de lado a Syd, ni este a Charlie. Se dice que El gran dictador también tenía que ver con la ascendencia de Syd o, por lo menos, con los rumores que se esparcían sobre su origen. Se creía que los Chaplin tenían ascendía judía, aunque sí se confirmó que tenían sangre gitana.
3. Chaplin jamás dejó de apoyar a los pobres ni a las mujeres que más daño le causaron. Jamás desamparó al elenco con el cual inició, prodigándoles trabajo en cada uno de sus proyectos. Su corazón de niño lo eternizó entre las masas populares, a las que debe su gran prestigio y eternidad.








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