Infancia e ingenio
Chaplin tomó la idea del pantalón bombacho y el saco roído al observar a un viejo mendigo en las calles de Inglaterra, tras haber internado a su madre en un centro de rehabilitación mental. La clásica caminata que haría inolvidable a su personaje, mundialmente conocido como el pequeño Vagabundo o Charlot, lo adaptó de otro anciano obrero que también conoció en su Inglaterra natal. Charles Chaplin había nacido en la pobreza el 16 de abril de 1889 en Londres. Sus padres eran prácticamente artistas frustrados: el señor Chaplin, su padre, se sumergió en el alcoholismo, agravando el estado económico de la familia, a la que abandonó repentinamente, sin comunicar absolutamente nada. La señora Hannah Chaplin enloquecería poco tiempo después, debido a las excesivas preocupaciones económicas y a la obsesión enfermiza de alimentar adecuadamente a sus hijos y prodigarles una vida un poco más holgada. Por estas razones, Charlie Chaplin y su hermano Sydney se vieron obligados a trabajar desde muy pequeños, aunque los trabajos modestos que iban consiguiendo les permitían sobrevivir a duras penas, pese a que Inglaterra se erigía como la más grande potencia capitalista de aquellos tiempos.
Sería Syd Chaplin quien, más adelante, conseguiría importantes nexos e influencias para que su hermano menor ingresara al mundo del teatro, en donde se iría ganando un lugar muy reconocido y respetable, gracias a su carisma y a la comicidad genuina y natural que solía transmitir entre sus seguidores, a quienes sorprendía también con movimientos acrobáticos. Entonces, Charles Chaplin supo que su mundo y su vida radicaban en la actuación; Syd, pese a las discrepancias políticas que pudo ganarse con su propio hermano, no dejó de apoyarlo sino hasta el día de su muerte, acaecida el 16 de abril de 1965, fecha exacta en la que Charles cumplía 76 años. Por tal motivo, esta fecha dejó de ser festejada por el reconocido actor, ya que la muerte de su hermano lo ensombreció para siempre.
Inicios en el cine e indirectas.
Lo paradójico de Charles Chaplin es que, pese a no estimar a su padre porque había sido alcohólico y los había abandonado intempestivamente en la extrema pobreza, su carrera como actor la inició interpretando o ridiculizando a personajes alcoholizados. No obstante, el gran debut de Charlot o Carlitos —el Pequeño Vagabundo en Hispanoamérica— se concretizó el año 1914, en una comedia de Keystone titulada Carreteras sofocantes, estrenada en Estados Unidos el 7 de febrero del mismo año. Se dice que el propio Chaplin se encargó de diseñar el atuendo y el maquillaje del personaje, basándose en la película Extraños dilemas de Mabel que había grabado antes y que no se estrenaría sino hasta el 9 de febrero de 1914; es decir, dos días después del éxito que alcanzara Carreteras sofocantes. Según algunas versiones, varios trabajadores de la productora Keystone Film Company aportaron implementos para caracterizar al personaje que Chaplin había creado. Así, uno proporcionó el frac; otro, el pantalón; uno más, los zapatos y Charles Chaplin aportó únicamente el bastón de caña.
En poco tiempo, el pequeño vagabundo, a quien José Carlos Mariátegui admiró de sobremanera, alcanzaría fama mundial y conquistaría la admiración de las masas populares, porque estas se veían reflejadas en aquel vivaz hombrecito capaz de golpear en las nalgas a policías, cuestionar el orden social y jurídico, exponer dictaduras, soñar con un mundo mejor, amar pura y sinceramente. En la realidad, mientras tanto, Charles Chaplin jamás olvidaría sus raíces y nunca se desligó de su conciencia de clase en favor de los más desposeídos, posición que le costó difamaciones, persecuciones y hostigamiento que desencadenaron en un enfrentamiento directo contra la CIA y otros aparatos gubernamentales de Estados Unidos de Norteamérica.
Su cinematografía lo convierte en un enemigo de la “libertad”
Chaplin no es solo un actor, productor y director más. Con la disciplina que lo caracterizaba, supo convertirse en un ícono del cine mundial y se dedicó a exhibir la tragedia social de su tiempo a través de una comedia satírica, equilibrada y alejada de la ramplonería, asumiendo una postura en favor de los oprimidos. En una de aquellas cenas ostentosas a la que le invitaron, le cuestionaron la burla que hacía de las autoridades. Él, que ya estaba extremadamente estresado por el simple hecho de estar ahí y guardar las composturas, pues solía decir que le aburrían los eventos de la alta sociedad, atinó a responder disimuladamente: «Es lo que le gusta a la mayoría y yo me debo al pueblo. Ese pueblo ama ver que alguien se burla de las autoridades, porque estas no la representan. Yo solo les doy lo que les gusta». Muchos amigos suyos esbozaron diversos argumentos evitar que lo consideren enemigo de la clase pudiente norteamericana; sin embargo, la furia del capitalismo ya tenía los ojos furibundos sobre él, a quien empezarían a espiar como posible “enemigo de la libertad”. En sus cortometrajes Vida de perro y Armas al hombro, satirizaba al sistema capitalista, criticaba la injusticia social, los problemas laborales que campeaban en el capitalismo de entonces, el maltrato a los inmigrantes y las guerras injustas (todo esto activó la alarma de los grandes burgueses).
Chaplin juega muy bien con la imagen cinematográfica hasta transformarla en un poema ornamentado de profundas metáforas. Por ejemplo, en un pasaje de una de sus películas muestra la llegada de varios inmigrantes a Estados Unidos, considerado el “país donde los sueños se cumplen”, y admiran la vieja Estatua de la Libertad. Los migrantes, irónicamente, van aprisionados y custodiados rigurosamente por efectivos policiales a bordo de una embarcación; llegan a dicho país solo a padecer los sufrimientos más inhumanos y jamás se cumplirán sus anhelados sueños. Tanto el lema como la vieja estatua son simples símbolos ya obsoletos. Además, Chaplin no duda en satirizar a las autoridades, a quienes hace víctimas del irrespeto y la agresión, ya que no están al servicio de las necesidades de la mayoría social.
Pero aquella alarma que era el arte de Chaplin se convierte en una amenaza viva cuando aparecen sus largometrajes The kids o El chico en 1921, La quimera de oro en 1925, Luces de la ciudad en 1931 y Tiempos modernos en 1935, obras maestras, escritas, producidas, dirigidas, protagonizadas y musicalizadas (la mayoría) por el propio Charlie Chaplin. Las obras son bien recibidas a nivel internacional; la gente le llora, aplaude y ovaciona, pero el único dizque defecto que le encuentran las autoridades norteamericanas es que expone la realidad y las brechas socioeconómicas existentes. Lo peor, según el propio servicio de inteligencia, es que toma partido, quizá inconscientemente, en favor de las clases trabajadoras.








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