Cuando un vecino pasa de pagar S/26 a S/120 o S/130 por agua, no necesita que le expliquen primero la teoría del funcionamiento de un medidor. Necesita saber, con pruebas, por qué su recibo cambió tanto. Y cuando ese mismo reclamo se repite en cientos de usuarios, deja de ser una molestia individual para convertirse en un problema público. Eso es lo que hoy enfrenta Seda Huánuco. La denuncia presentada ante la Fiscalía Anticorrupción por integrantes de Coalición Ciudadana no demuestra que haya existido un delito. Será el Ministerio Público el que tendrá que determinar si corresponde investigar responsabilidades y hasta dónde llegan. Pero sería un error reducir todo lo ocurrido a una disputa política o a la resistencia de algunos usuarios frente a nuevos medidores. Hay demasiadas preguntas pendientes. Vecinos de Huánuco, Amarilis y Pillco Marca vienen reclamando desde hace meses por incrementos que consideran inexplicables. Algunos sostienen que sus consumos se multiplicaron después del cambio de medidor. Seda responde que los equipos nuevos registran mejor el agua utilizada y afirma que no hubo incremento tarifario. Dos versiones enfrentadas. ¿Cómo se resuelve algo así? No con discursos. Con mediciones. Si existen dudas razonables sobre los equipos instalados, lo sensato es someter una muestra suficiente de medidores a pruebas independientes y publicar los resultados completos. Si los aparatos funcionan correctamente, la empresa tendrá una evidencia sólida para responder a los cuestionamientos. Si existen errores, deberán corregirse los cobros y determinarse las responsabilidades correspondientes. No debería resultar tan complicado. La propia Sunass ha ofrecido realizar verificaciones vivienda por vivienda. Esa disposición debe aprovecharse. Pero también hace falta mirar el problema en conjunto. Una revisión aislada puede resolver el recibo de una familia; cientos de reclamos requieren saber si existe o no un patrón. Y aquí aparece otro asunto incómodo: la confianza. Durante seis años de administración del OTASS, los usuarios esperaban que Seda saliera de sus antiguos problemas. Hoy, en cambio, tenemos protestas, cuestionamientos sobre facturación, observaciones al canal de conducción y una ciudadanía que se organiza para pedir que el organismo deje la empresa. Desde Diario Ahora no creemos que cambiar una administración, por sí solo, vaya a resolver mágicamente el servicio. Tampoco creemos que el OTASS deba permanecer simplemente porque existe un procedimiento técnico para su salida. Lo que corresponde es evaluar resultados, no defender instituciones por costumbre. El agua no puede administrarse desde una oficina cerrada a la desconfianza de la calle. Seda tiene que explicar, demostrar y transparentar. Los dirigentes, por su parte, deben sostener sus denuncias con documentos y permitir que las pruebas hablen por encima de las consignas. Huánuco no necesita una guerra entre usuarios y empresa. Necesita algo mucho más elemental: abrir el caño, recibir agua segura y pagar únicamente lo que realmente consume. Cuando incluso eso empieza a ponerse en duda, la crisis ya no está solamente en los medidores. Está en la confianza.
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