Morirse, parece un hecho injusto. Un miedo terrible al personaje con su guadaña. Vivir, ese equilibrio, medido en años, intentamos que perdure; cuando se arranca, cerca de la mitad de la vida, afecta a más no poder. La muerte es un sueño extenso comparado con la vida y cada edad trae un sentimiento desigual.
Escribir, cuando alguien no está, no es lo mejor, sobre todo si esa persona, no podrá leerlo. Un vacío, frente a la necesidad de relatar. Tal vez sea mejor dejar todo en blanco. Asoma una sensación de deuda, algo que te dice que el haber conocido es motivo para compartir el recuerdo. Uno, desde este lado del universo, tú, tal vez al otro lado. Despertar o dormir.
Comparte Nuria Cano: “Entrábamos en un juego imparable de creación, lleno de ojos, bocas y cuerpos… No puedo creer que ya no estés”. María Abaddon, María Sarango (1988-2026), acaba de romper el equilibrio que se espera dure eternamente. La distancia, deja nudos que se desatan, la contrariedad es cuando pasa como ahora, que tu alejamiento es para toda la vida. El llanto de todos no será suficiente.
Conocí a María Sarango cuando su personalidad iba transformándola en María Abaddón. Su primer nombre, María: “amada de Dios”, “la elegida”, en contradicción con Abaddon: “destrucción, el ángel del abismo, la separación de Dios”. Más que contradicción, buscaba equilibrio, como la imaginería consciente que iba construyendo. La última vez que cruzamos nuestras miradas, fue en el Mercado Central, conversamos con regocijo, estaba por anochecer. Son pocos los momentos contigo, los recuerdo todos.

María Abaddon y Emilio Longhi (Foto: muro de E. Longhi).

María Abaddon exposición: “soñar con fuego”. ICPNA (Foto: muro de M. López).
Eduardo Villanes, fue quien me invitó a participar en el espacio iniciado en la Plaza Italia; tú a la cabeza. Un lugar obtenido de la Policía Nacional. Era la primera vez que en un sitio, se encontraban jóvenes (Eduardo y yo, un poco mayores) de las tres escuelas de arte de Lima: Escuela de Bellas Artes, la Pontificia Universidad Católica y Corriente Alterna. Música, performance, instalación, pintura, dibujo, escultura y otros medios.
Tu taller era de asombrarse, un espacio oblongo, rodeado de tus criaturas, numerosas ideas, cuantioso trabajo. Un espacio de invención. Tu sentada en tu máquina de coser, sin pinceles ni paleta, llena de hilos de colores y esponjas y otras variedades de productos industriales. Momento donde no sabía mirarte como escultora o pintora, aunque el volumen y el color eran indivisibles en tu obra. Una fábrica donde se daba forma a personajes para los más descalabrados sueños. El taller en principio era una tremenda y permanente instalación. Me cosquilleaba el hecho de no poder etiquetarte; esa manía negativa que hacía que se adivine ¿de qué escuela de arte será? María creaba por sobre las etiquetas.

María Abaddon. Taller plaza Italia (Foto: muro de E. Longhi).
¿Te acuerdas, las paredes con impresiones de esqueletos? hubo una que, subiendo las escaleras de madera, señalaba la entrada del segundo piso que coincidía con la oficina del policía encargado de la estropeada casa, una tarde, intentó obligarme a cambiar la posición de una figura, te fui a buscar. Encaraste al policía, bajó la cabeza, sin entendernos, dejó todo como estaba montado. Recuerdo tus lisuras y sonrisa cómplice. Esa tarde usurpamos libertad.
En el espacio del fondo, donde estaban los alambres para tender ropa, colgué un grupo enorme de grises calaveras, mientras en ti crecían los tejidos de color. Me pediste te regale una de las cabezas voladoras que había impreso. El Espacio de la plaza Italia, fue un momento significativo para mí, te lo agradecí y sonreíste. A fin de año subí a vivir a las alturas andinas.

Miguel López (curador) y María Abaddon. Individual “Soñar con fuego”. ICPNA (Foto: muro de M. López).
Supe que te iban sucediendo atrayentes momentos, me contaste de tu participación en Amil, tu obra madura y sobrecogedora, ocupando los lugares que el sistema limeño abría para ti, sin que ello te sorprendiera. Momento en que nació tu hija y los tatuajes fueron creciendo en el jardín de tu cuerpo. Tu personalidad no cambió, atraías y compartías a muchos artistas jóvenes.
Has marcado a una generación, los recuerdos de hoy y toda la pena y cariño descargados en los medios por tus amigxs, son tu unión a sus corazones. “Hay tanto que decir sobre lo que hiciste e imaginaste, que aún no se había ni empezado a decirlo”. Sentir de Miguel López, que resume este hasta luego, María Sarango María Abaddon (Huácar, octubre 2026).








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