El Sudeste Asiático, golpeado por la crisis energética de 2026 tras el cierre del Estrecho de Ormuz, reconsidera la energía nuclear, medio siglo después de un fallido proyecto de 2.200 millones de dólares en Filipinas.
Una nueva y profunda crisis energética global ha forzado a once naciones del Sudeste Asiático a volver la mirada hacia la energía nuclear, una opción abandonada hace décadas. Con precios del petróleo y gas disparados, la región, hogar de más de 680 millones de personas, busca soluciones rápidas y fiables para su creciente demanda eléctrica.
Según la investigación publicada por Fortune, el cierre del Estrecho de Ormuz por Irán en 2026 desencadenó una onda expansiva en los mercados globales de energía, afectando desproporcionadamente a países que son importadores netos, como la mayoría de las economías del Sudeste Asiático, que ahora enfrentan una imperiosa necesidad de diversificar sus fuentes energéticas.
Una deuda de 2.200 millones de dólares por una planta que nunca operó
La historia de la energía nuclear en el Sudeste Asiático no es nueva, ni sencilla. En 1976, Filipinas inició la construcción de la Central Nuclear de Bataan, impulsada por la crisis del petróleo de 1973. Finalizada en 1984 con un costo monumental de aproximadamente 2.200 millones de dólares, esta planta nunca llegó a encenderse. Denuncias de corrupción masiva bajo la presidencia de Ferdinand Marcos y la sombra del desastre de Chernóbil en 1986 minaron la confianza pública. "El sucesor de Marcos dijo que la planta estaba contaminada por la corrupción —lo cual es cierto— y afirmó que era deficiente y demasiado peligrosa para operar", explica Julius Cesar I. Trajano, investigador de la Universidad Tecnológica de Nanyang de Singapur (NTU), un recordatorio de los complejos desafíos políticos que históricamente acompañaron a estos megaproyectos.
¿Por qué la energía nuclear vuelve a estar sobre la mesa medio siglo después?
Medio siglo después del fallido intento filipino, la región se ve acorralada. La actual crisis energética, sumada a una demanda eléctrica que crece a un ritmo del 12% anual durante los últimos cinco años, en parte impulsada por una explosión de centros de datos de IA que consumieron 415 TWh solo en 2024 (el 1.5% de la electricidad mundial), ha hecho que la energía nuclear sea atractiva. Los gobiernos buscan una fuente de energía baja en carbono que no dependa del clima, algo que las renovables como la solar y la eólica no pueden garantizar por sí solas. La seguridad energética y la necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles, que en algunos países representa hasta el 80% de su matriz energética, son ahora prioridades absolutas.
Vietnam lidera el camino: un acuerdo de una década para una nueva planta
El 23 de marzo pasado, Vietnam y Rusia dieron un paso adelante trascendental, firmando un acuerdo para construir una central nuclear en la provincia vietnamita de Ninh Thuan. Se estima que esta planta, la primera central nuclear moderna del Sudeste Asiático, entre en funcionamiento en aproximadamente una década. Este movimiento estratégico refleja una urgencia regional. Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas también han expresado su intención de desarrollar capacidad nuclear, buscando replicar el éxito de países como Francia, donde cerca del 70% de la electricidad proviene de reactores atómicos.
¿Son los pequeños reactores modulares (SMR) la clave para la seguridad?
La tecnología ha avanzado. Los pequeños reactores modulares (SMR), con una capacidad de hasta 300 MW por unidad —lo que representa un tercio del tamaño de los reactores convencionales—, son vistos como una posible solución. Alvin Chew, investigador principal de la NTU, destaca que los SMR prometen ser más seguros y eficientes. Su tamaño compacto los hace ideales para ser implementados en zonas remotas, como las numerosas islas de la región, o para conectarse a redes eléctricas menos desarrolladas. Indonesia ya ha incorporado la energía nuclear a su plan energético, apuntando a construir dos SMR para 2034, mientras que Tailandia aspira a añadir 600 MW de capacidad nuclear para 2037.
Desafíos financieros y tecnológicos: una inversión a largo plazo y de alto riesgo
Sin embargo, el optimismo debe ser moderado. Muchos diseños de SMR están aún en fases tempranas de comercialización. "Solo hay dos SMR experimentales en funcionamiento, uno en China y otro en Rusia. El resto solo existen sobre el papel", advierte Ian Storey del Instituto ISEAS-Yusof Ishak de Singapur, señalando que aún no hay garantía de que sean más baratos, más móviles o intrínsecamente más seguros que sus predecesores. La construcción de centrales nucleares es notoriamente intensiva en capital y requiere largos períodos de tiempo, a menudo superando los 10 años, lo que presenta un desafío significativo para la estabilidad financiera y política a largo plazo de cualquier nación.
La baja aceptación pública: un obstáculo que podría durar años
La percepción pública sigue siendo un desafío considerable. Una encuesta de la NTU de 2021 reveló un bajo apoyo a la energía nuclear en la región. Aunque Indonesia fue la más receptiva con un 39% de apoyo, Tailandia mostró la cuota más baja, con solo un 3%. Países como Indonesia, con un historial de más de 17.000 islas y alta actividad sísmica, enfrentan un escepticismo aún mayor. Catherine Wong, socióloga ambiental de la Universidad de Ámsterdam, sugiere que "la valoración pública de los riesgos de la energía nuclear probablemente cambiará drásticamente cuando se enfrente a una realidad inminente más cercana a casa", lo que podría generar protestas y demoras en los proyectos.
¿Puede la energía nuclear resistir los nuevos desafíos de seguridad del siglo XXI?
Más allá de la financiación y la aceptación, la seguridad se ha vuelto una preocupación primordial en el siglo XXI. La era de la guerra con drones y los ataques cibernéticos plantea riesgos sin precedentes para infraestructuras críticas como las centrales nucleares. A diferencia de las energías renovables descentralizadas, donde la eliminación de cinco o incluso cincuenta turbinas eólicas no paraliza un país, un ataque a una única central nuclear podría tener consecuencias devastadoras. Este factor de riesgo se suma a la ya compleja ecuación que el Sudeste Asiático debe resolver en su búsqueda de una matriz energética sostenible y segura, una decisión que marcará el futuro de sus próximas generaciones y que requerirá una inversión masiva de miles de millones de dólares.
Crédito de imagen: Fortune










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