La guerra en Irán está desencadenando una crisis alimentaria global, con el cierre del Estrecho de Ormuz que dispara los precios de los fertilizantes hasta un 40% y amenaza con encarecer la canasta básica en Perú.
La interrupción del crucial Estrecho de Ormuz, que maneja el 20% del petróleo y el 30% del gas mundial, está provocando un alza masiva en los costos de fertilizantes y alimentos. Expertos anticipan que esta crisis, exacerbada por la guerra en Irán, golpeará los bolsillos peruanos a partir de los próximos meses de 2026.
Según la investigación publicada por Fortune, el impacto de la guerra en Irán va mucho más allá de la energía, afectando directamente la agricultura y las complejas cadenas de suministro globales. Este análisis, revelado en abril de 2026, advierte sobre una inminente escalada en los precios de productos esenciales que, lamentablemente, perdurará mucho después del cese de las hostilidades, redefiniendo el panorama económico mundial.
El Estrecho de Ormuz: Un Cuello de Botella que Mueve 1/3 de los Fertilizantes Mundiales
La tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz, un pasaje marítimo vital, es el epicentro de esta preocupación global. Este estrecho, no solo es crucial para el 20% del comercio mundial de petróleo crudo y una porción similar de los envíos globales de gas natural licuado (GNL), sino que también transporta aproximadamente un tercio de los fertilizantes comercializados internacionalmente. Estos fertilizantes son la clave para cosechas abundantes que alimentan a millones en todo el planeta. La agricultura moderna depende de la sincronización precisa en la entrega de nutrientes a las plantas. Sin ellos, los agricultores se ven forzados a decisiones difíciles: reducir la cantidad de fertilizante usado, plantar menos cultivos o cambiar a variedades que demandan menos nutrientes. Cada una de estas opciones reduce drásticamente la productividad general, recortando los suministros de alimentos básicos como maíz, trigo y arroz, forraje para el ganado y una amplia gama de ingredientes esenciales para la industria alimentaria. En 2023, el mercado global de fertilizantes nitrogenados solo alcanzó un valor de $176 mil millones de dólares, y su alteración tiene repercusiones inimaginables.
¿Por qué la guerra eleva tanto el precio de nuestra comida?
La conexión entre la guerra en Irán y el costo de su próxima barbacoa de verano es más directa de lo que parece. El gas natural, por ejemplo, representa entre el 70% y el 90% del costo de producción de fertilizantes nitrogenados. La guerra ha provocado una caída del 20% en la producción de gas en regiones clave y aumentos de precios de hasta el 70% en el mercado. Para asegurar sus propios suministros, Rusia, un actor fundamental, ha suspendido las exportaciones de nitrato de amonio, otra fuente vital de nitrógeno para fertilizantes. Paralelamente, China, el mayor productor mundial de fosfato, ha bloqueado sus exportaciones, eliminando de golpe el 25% del suministro global. La potasa, el componente rico en potasio, también ha escaseado en los últimos años, en parte debido a sanciones económicas contra Bielorrusia y Rusia, que son importantes productores. Como consecuencia inmediata, los precios de los fertilizantes se dispararon a nivel mundial; en EE. UU., algunos fertilizantes subieron más del 40% en apenas un mes, tras el inicio del conflicto a fines de febrero de 2026. Los futuros del GNL han visto un aumento del 65% en el último año, exacerbando la situación.
Impacto Directo: Agricultores peruanos al límite
Los agricultores son los primeros en sentir el golpe. En Perú, se estima que importamos cerca del 85% de nuestros fertilizantes, lo que hace a nuestros productores increíblemente vulnerables a las fluctuaciones del mercado global. Las plantas de cereales absorben la gran mayoría de sus necesidades de nitrógeno durante su crecimiento temprano. Reducir la aplicación de nitrógeno en un 10% a 15%, o retrasar la aplicación de dos a cuatro semanas, puede reducir los rendimientos de maíz entre un 10% y un 25%. Esta situación no solo significa menos alimentos disponibles para consumo humano, sino también menos forraje para el ganado.
¿Cómo afectará esto a la carne que comemos y a otros productos básicos?
La escasez y el encarecimiento de los fertilizantes desencadenan una cascada de problemas en la cadena alimentaria. Producir menos maíz y trigo reduce no solo los alimentos disponibles para los humanos, sino también el alimento para el ganado. El aumento de los costos de los fertilizantes y la reducción del suministro de cereales elevan el precio de la cría de ganado, lo que, a su vez, encarece la carne y los productos animales. El costo del forraje, por ejemplo, representa entre el 60% y el 70% del gasto total en la cría de ganado. Cuando los costos de alimentación se vuelven insostenibles, los agricultores pueden verse obligados a sacrificar o vender sus animales reproductores, comprometiendo el futuro del suministro de alimentos. Un ejemplo es EE. UU. en 2022, cuando una combinación de sequía persistente y altos costos obligó a los productores a sacrificar el 13.3% del rebaño nacional de ganado vacuno, la proporción más alta jamás registrada, reduciendo el inventario a su nivel más bajo desde 1962, un problema que restringe el suministro de carne de res durante años. Los precios del maíz aumentan, impactando también muchos condimentos, refrescos y otros productos hechos con jarabe de maíz con alto contenido de fructosa.
No solo es dinero: La ventana crítica del fertilizante
El problema va más allá del simple aumento de precios; se trata de una cuestión de disponibilidad y sincronización. A mediados de marzo de 2026, el suministro de fertilizantes en EE. UU. rondaba solo el 75% de los niveles normales, justo al comienzo del período en que los agricultores suelen preparar su suelo para la siembra, incluidas las primeras aplicaciones esenciales. Las aplicaciones posteriores suelen realizarse desde mediados de abril hasta principios de mayo y entre finales de mayo y mediados de junio. Los agricultores que temen no poder optimizar sus rendimientos de maíz pueden decidir plantar menos maíz o cambiar de cultivo y plantar soja, que necesita menos fertilizante. Cualquiera de las dos opciones reduciría la oferta de maíz, y un retraso de apenas 3 semanas en la aplicación de nitrógeno puede significar pérdidas de hasta 15% en la cosecha final. Las garantías de préstamos gubernamentales y los paquetes de ayuda pueden auxiliar a cubrir los costos más altos, pero no pueden resolver la crucial sincronización si no hay suficiente fertilizante disponible cuando se necesita con urgencia.
El golpe en nuestros bolsillos ya está en camino
Aunque los consumidores en Perú no se enfrentan a la escasez inmediata de gas y alimentos o a los cortes de energía que otros países están experimentando debido a la guerra, el impacto se sentirá directamente en el bolsillo. Los precios del gas y el combustible para aviones ya están subiendo. Los efectos en el suministro de alimentos tardarán más en aparecer, pero son una realidad inminente. De hecho, en marzo de 2026, el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA), utilizando datos previos a la guerra en Irán, proyectó un aumento promedio del 3.1% para todos los precios de los alimentos.
¿Qué podemos esperar en el mercado de Huánuco y más allá?
Los precios globales impactan incluso cosechas abundantes, con la demanda de países como China e India presionando al maíz. Los precios minoristas pueden tardar entre 2 y 4 meses en ajustarse, impactando primero a alimentos poco procesados. La carne reflejará el alza más tarde. Recargos por combustible en el transporte ya operan. Este panorama es crítico para los hogares de bajos ingresos que gastan más en alimentos. En Huánuco, donde un 25% de la población enfrenta pobreza, ¿podremos afrontar esta escalada de costos y asegurar la mesa de nuestras familias?
Crédito de imagen: Fuente externa








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