Hay estructuras que se caen de golpe y otras que avisan durante años. El sedimentador de San Luis es de las segundas. Si un día cede, nadie en la Municipalidad de Amarilis ni en EMAPA podrá decir que no lo vio venir. Diario Ahora lo dice sin rodeos: lo que ocurre en el cerro San Cristóbal es una negligencia anunciada, y quienes tienen la llave de la solución la guardan en un cajón.
Con más de tres décadas y fierros corroídos según quienes la administraron, esa estructura abastece a los cinco sectores de San Luis, donde viven entre 30 mil y 40 mil personas. La propia municipalidad la habría declarado en alto riesgo en 2024. ¿Y qué se hizo? Un forro de geomembrana y una cinta amarilla con la palabra «peligro». Nadie ha explicado si ese material sirve para contener agua que luego se bebe. Tampoco hay un estudio que diga cuánto aguanta lo que quedó debajo.
Indigna, sobre todo, la excusa. No se construye uno nuevo, nos dicen, porque el terreno no está saneado, porque una parte es de una comunidad campesina, porque las licencias se pagaron y se negaron, porque hay cuatro demandas entre la municipalidad y su propia empresa de agua. Aun si todo fuera cierto, lo inaceptable es que un expediente pese más que la seguridad de un barrio entero. El proyecto de 170 millones de soles arrastra el mismo problema del terreno desde la gestión de Robinson Aguirre y, según el exdirector Lavado, acumula cerca de 360 observaciones del Ministerio de Vivienda que nadie levantó.
Mientras tanto, el cerro también se mueve. El Ingemmet ubicó al sector 4 y a la quebrada Agoragra en zona de peligro alto, y las lluvias de noviembre de 2024 dejaron a 332 familias viviendo con bono de alquiler. Y se viene una temporada marcada por El Niño. Agua acumulada, ladera inestable y concreto cansado: cualquier vecino entiende esa suma sin ser ingeniero.
Encima está la pelea política. El alcalde Roger Hidalgo empuja la integración de EMAPA a Seda Huánuco, una empresa que bajo la conducción del OTASS tampoco ha sabido garantizar agua segura en la ciudad. Ese camino se puede discutir, pero no servir de coartada para dejar todo como está. Este diario buscó al alcalde y no obtuvo respuesta. En un tema así, callar también es una forma de decidir.
Exigimos lo mínimo. Que la municipalidad publique la resolución de 2024 y explique qué hizo desde entonces. Que EMAPA presente un informe técnico sobre la estructura y las viviendas que están cuesta abajo. Que la Diresa certifique la calidad del agua que sale de ese forro, porque en 2023 la Defensoría ya advirtió que no era apta para el consumo. Y que el saneamiento del terreno se trate como emergencia, con la comunidad campesina sentada a la mesa desde el primer día.
El 1 de enero asumen nuevas autoridades, que tampoco podrán alegar sorpresa. A las salientes les quedan dos meses, suficientes para no despedirse dejando un cerro amarrado con cinta amarilla. San Luis no pide un milagro. Pide que alguien firme a tiempo.










Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.