Hay cifras que no admiten adjetivos. Seiscientos setenta y siete organismos vivos por litro en el agua que sale de los reservorios de Seda Huánuco, cuando la norma fija cero, es una de ellas. No la dice un dirigente en una asamblea ni un vecino enojado en un plantón. La escribió el Órgano de Control Institucional de la propia empresa, con fecha del 26 de agosto, y se la entregó en mano al gerente general. Diario Ahora leyó el documento completo y lo publica porque la ciudad tiene derecho a saber qué le llega al caño.
Nuestra posición es simple: en Huánuco se está sirviendo agua que no cumple la ley, y nadie ha respondido por eso.
Lo grave no es solo el número, es la historia que lo rodea. En 2022 la Diresa ya había hallado protozoos y parásitos a la salida de un filtro. Un funcionario de Seda contestó entonces que esos organismos no dañaban a nadie. Tres años después, los organismos siguen ahí y han aumentado. En diciembre, la empresa no pudo acreditar ni la autorización sanitaria de su planta ni su plan de contingencia. Todo esto ocurrió bajo la conducción del OTASS, el organismo que llegó en 2020 a poner orden y que hoy es el blanco del paro convocado para el 4 de noviembre.
Eso indigna a cualquier familia huanuqueña. Pagan un recibo que subió dos veces el año pasado, hierven el agua por miedo, y mientras tanto una plana gerencial de seis personas cobra más de sesenta y seis mil soles al mes por un servicio que la Contraloría describe con palabras como «inacción» y «falta de eficacia».
Seda dirá que tiene un plan de control y un programa de adecuación aprobados. El OCI ya le respondió: esos papeles no son una carta libre. Tener un permiso no es cumplirlo. Y la Diresa, que por reglamento debe exigir medidas y sancionar, no registra un solo procedimiento abierto. Dos instituciones públicas miran el mismo cuadro con los mismos números y ninguna actúa. Eso también es una forma de contaminación.
Diario Ahora no comparte la idea de que esto se arregla con un día de paro. Entendemos la rabia; el paro es la voz de una ciudad cansada de esperar. Pero lo que Huánuco necesita no es un gesto, sino tres hechos concretos. Primero, que Seda publique cada mes, en lenguaje de vecino, el resultado de sus análisis de agua tratada, reservorio por reservorio. Segundo, que la Diresa abra el procedimiento sancionador que la norma le manda y diga cuándo lo resolverá. Tercero, que el OTASS explique, con nombre y fecha, quién respondió por cada alerta desde 2022 y qué hizo.
El documento del OCI termina diciendo que no establece responsabilidades. Nosotros creemos que la ciudad sí puede establecerlas, y que empieza por no acostumbrarse. El agua con vida no es un dato técnico. Es la confianza de una ciudad que se muere de a pocos, litro a litro, mientras los responsables firman oficios.










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