El Giving Pledge, iniciativa de Buffett y Gates para que multimillonarios donen la mitad de su fortuna, se desploma. Con solo 4 firmas en 2024, la promesa muestra su declive frente a una creciente brecha económica global.
En 2010, Warren Buffett y Bill Gates lanzaron el Giving Pledge, un compromiso para que los más ricos donaran al menos la mitad de su fortuna. Catorce años después, esta campaña muestra un declive drástico, con solo cuatro nuevos signatarios en 2024, en un contexto de desigualdad global sin precedentes que alcanza los 18.3 billones de dólares entre multimillonarios.
Según la investigación publicada por TechCrunch, que analizó un revelador informe del New York Times, el panorama filantrópico de los superricos está en un punto de inflexión. La promesa moral de miles de millones de dólares, pensada para mitigar la creciente desigualdad global, parece desmoronarse ante una nueva mentalidad que prioriza la creación de riqueza sobre la donación directa.
La Gran Promesa de 2010: Más de Cien Magnates se Unieron Inicialmente
El año 2010 marcó un hito con el lanzamiento del Giving Pledge por dos titanes de la economía global: Warren Buffett, el "Oráculo de Omaha", y Bill Gates, cofundador de Microsoft. Su visión era simple pero audaz: invitar a los individuos más acaudalados del mundo a comprometerse públicamente a donar más de la mitad de su vasta fortuna, ya sea durante su vida o después de su muerte. Este movimiento surgía en un momento de ebullición tecnológica, que estaba gestando multimillonarios a un ritmo sin precedentes. Buffett predijo con optimismo que estaríamos "hablando de billones con el tiempo" en cuanto a las donaciones. En sus primeros cinco años, la iniciativa atrajo a 113 familias de alto perfil, con una tasa promedio de 22.6 nuevas firmas anuales. Sin embargo, en el quinquenio siguiente, de 2015 a 2020, la cifra cayó notablemente a 72 nuevos signatarios, un descenso del 36% en la adhesión. Este inicio prometedor contrastaba con las advertencias de economistas como Thomas Piketty, quien ya en 2013 señalaba en sus estudios la tendencia global hacia una alarmante concentración de capital.
¿Se Extingue la Llama de la Generosidad entre los Más Ricos a Nivel Mundial?
La euforia inicial del Giving Pledge se ha desvanecido, dando paso a una realidad que debería preocupar a todos. Los datos recientes, incluidos en el reporte del New York Times y analizados por TechCrunch, muestran un declive constante y acelerado: apenas 43 firmas en el tercer quinquenio (2020-2025) y un preocupante mínimo histórico de solo 4 nuevas en todo 2024. Este desplome coincide dramáticamente con una escalada de la desigualdad global. Hoy, el 1% de los hogares estadounidenses más ricos posee aproximadamente la misma riqueza que el 90% más pobre combinado, la concentración más alta que la Reserva Federal ha registrado desde que comenzó a rastrear la distribución de la riqueza en 1989. A nivel mundial, la fortuna de los multimillonarios se ha disparado un 81% desde 2020, alcanzando la asombrosa cifra de 18.3 billones de dólares, según el informe global de desigualdad de Oxfam de 2026. Alarmantemente, mientras tanto, una de cada cuatro personas en el mundo no tiene regularmente suficiente para comer. ¿Es este el "club" al que se refería Peter Thiel, cofundador de PayPal, cuando dijo al Times que "realmente se ha quedado sin energía" y que su marca quizás era "francamente negativa"?
El Giro de Silicon Valley: De "Hacer el Bien" a un Pragmatismo Financiero
La narrativa de "hacer del mundo un lugar mejor" que caracterizó a Silicon Valley durante años, ha sufrido una profunda metamorfosis. La serie de HBO "Silicon Valley" en 2016 satirizó tan implacablemente esta frase que, según se informa, cambió el comportamiento corporativo real, con empresas tecnológicas instruyendo a sus departamentos de relaciones públicas para que la evitaran. Esta broma, sin embargo, velaba un cambio ideológico más profundo. El veterano inversor tecnológico Roger McNamee lo articuló como una "batalla titánica" entre los valores "hippie" de la generación de Steve Jobs y el "libertarismo ayn-randiano" de figuras como Peter Thiel. Este último, un influyente inversor que realizó una de sus primeras grandes apuestas en Facebook en 2004, nunca firmó el Compromiso y ha sido un crítico abierto de la filantropía tradicional, llegando incluso a llamar a Bill Gates una "persona horrible". Su postura es clara: construir empresas, generar millones de empleos y el impulso de la innovación son, para él, las verdaderas y únicas contribuciones significativas.
¿Es la Filantropía Solo una "Extorsión Disfrazada de Virtud" para Algunos Magnates?
Para la creciente ala libertaria del sector tecnológico, cuyo principal exponente es Peter Thiel, la premisa misma de la filantropía tradicional es errónea. Argumentan que la verdadera contribución a la sociedad reside en la creación de empresas, la generación de puestos de trabajo —que, en el caso de gigantes tecnológicos, pueden superar los 150.000 empleados en una sola compañía— y el impulso de la innovación, que beneficia a miles de millones de usuarios globalmente. La presión para la filantropía, en esta visión, se percibe, en el mejor de los escenarios, como una mera convención social y, en el peor, como una "extorsión disfrazada de virtud". Thiel, que ha alentado en privado a una decena de firmantes a deshacer sus compromisos y ha presionado a otros, como Elon Musk, afirmó al New York Times que muchos de ellos se sienten "chantajeados", coaccionados por la opinión pública para mantener una promesa legalmente no vinculante. Cuando el CEO de Coinbase, Brian Armstrong, dejó desaparecer discretamente su carta del sitio web del Compromiso a mediados de 2024, Thiel le envió una nota de felicitación. ¿Hasta qué punto es realmente voluntaria una promesa pública si la presión social impide su retractación, incluso cuando legalmente no es vinculante y la opinión pública ya está polarizada?
La Realidad en la Calle: GoFundMe frente a los Megaproyectos Filantrópicos de Billones
Mientras la discusión sobre las promesas de billonarios se estanca en los despachos, una realidad palpable y urgente se gesta en la base de la sociedad. La plataforma GoFundMe informó un alarmante aumento del 17% en las recaudaciones de fondos para necesidades básicas durante el último año, superando los 4.5 millones de campañas activas. Palabras clave como "alquiler", "comida", "factura", "hogar" y "cuidado" dominaron las solicitudes, reflejando una profunda crisis de subsistencia. Durante un cierre federal de 43 días que paralizó la distribución de cupones de alimentos el otoño pasado, las campañas relacionadas con esta necesidad vital se multiplicaron por seis. La vida se encarece drásticamente, y millones de personas, lejos de las fortunas de billonarios, recurren a amigos y familiares para subsistir. Esta disparidad es impactante: en 2025, la riqueza acumulada por los multimillonarios globales habría sido suficiente para dar 250 dólares a cada persona en la Tierra y, aun así, dejarles con más de 500 mil millones de dólares adicionales, según el informe global de desigualdad de Oxfam de 2026. Esta brecha económica no es una casualidad, sino el resultado de políticas y tendencias que favorecen una acumulación sin precedentes.
Redefiniendo la Generosidad: Recortes y Nuevos Enfoques para la Gestión de Cientos de Millones
El destino del Giving Pledge, aunque preocupante, no define el de toda la filantropía en su conjunto. Algunas de las personas más ricas en tecnología todavía están donando, pero lo hacen bajo sus propios términos, a través de sus propios vehículos y hacia sus propios fines elegidos. La Chan Zuckerberg Initiative (CZI), por ejemplo, recortó alrededor de 70 puestos de trabajo (el 8% de su fuerza laboral) a principios de 2026, reenfocando su filantropía de la educación y la justicia social hacia su red Biohub, un grupo de institutos de investigación sin fines de lucro centrados en la biología que operan en varias ciudades. Mark Zuckerberg y Priscilla Chan, quienes se comprometieron a través del Compromiso a donar el 99% de su riqueza de por vida, están recalibrando, no retirándose por completo. En contraste, Bill Gates anunció el año pasado que donaría prácticamente toda su riqueza restante —más de 200 mil millones de dólares— a través de la Fundación Gates, la cual cerrará definitivamente el 31 de diciembre de 2045. Gates, invocando la vieja frase de Carnegie de que "el hombre que muere rico, muere en desgracia", está resuelto a "no morir rico", una promesa que implica un desembolso monumental en las próximas dos décadas.
¿Estamos Ante una Nueva "Edad Dorada" y Quién Impulsará el Cambio Sustancial Esta Vez?
La historia rima. La última vez que la concentración de riqueza alcanzó niveles parecidos a los actuales —la "Gilded Age" original, desde la década de 1890 hasta principios de 1900—, la corrección no provino de la filantropía voluntaria de los más ricos. Surgió de políticas públicas contundentes y estructurales: leyes antimonopolio, el impuesto federal sobre la renta (implementado en 1913), el impuesto de sucesiones y, finalmente, el New Deal en la década de 1930. Estas medidas fueron el resultado de una presión política demasiado poderosa para ser ignorada, impulsada por una sociedad que demandaba un cambio. Hoy, las instituciones que podrían forzar una corrección —un Congreso funcional, una prensa libre robusta y vigilante, un estado regulador empoderado— se ven considerablemente diferentes y, para muchos, debilitadas. La velocidad del cambio en la acumulación de estas fortunas es innegable; se han forjado en años, no en generaciones, al mismo tiempo que la red de seguridad social se ha ido recortando progresivamente. El Giving Pledge siempre fue, como dijo Buffett desde el principio, solo una "promesa moral" sin aplicación legal ni consecuencias formales. Que alguna vez tuviera peso dice algo sobre la era que lo produjo. Pero que Thiel ahora enmarque el hecho de permanecer en la lista como una forma de coerción —y que el Times considerara que ese argumento valía la pena ser reportado extensamente— dice algo aún más revelador sobre la época en la que nos encontramos ahora mismo. ¿Será la presión de la sociedad civil y la demanda de políticas justas y transformadoras, como un impuesto global del 2% a la riqueza de los superricos (propuesta por Oxfam para combatir la desigualdad), el verdadero motor del cambio necesario en esta nueva era de opulencia desmedida y promesas incumplidas, o la historia se repetirá con un final diferente?
Crédito de imagen: Fuente externa










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