Japón permanece en alerta después de que un potente terremoto sacudiera la prefectura de Kumamoto, en la isla meridional de Kyushu, y provocara una cadena de más de cien réplicas. El balance inicial confirmó 13 fallecidos y más de 200 heridos, cifra que posteriormente fue elevada a 18 mientras continuaba la búsqueda de personas atrapadas y desaparecidas. El sismo, registrado la tarde del martes, alcanzó una magnitud de 7,1 según la Agencia Meteorológica de Japón. Su epicentro se localizó a unos diez kilómetros de profundidad y el movimiento llegó al máximo nivel de la escala sísmica japonesa. Poco después se emitió una alerta de tsunami, posteriormente levantada. Los equipos de emergencia trabajan contra el tiempo entre edificios colapsados, carreteras dañadas y frecuentes interrupciones de electricidad y agua. Uno de los puntos más afectados fue un centro comercial de Kashima, donde una explosión posterior al temblor causó víctimas y dejó personas bajo los escombros. También se reportaron graves daños en una fábrica de papel de Yatsushiro. Miles de militares, policías y bomberos fueron movilizados para localizar sobrevivientes y asistir a los damnificados. Las labores se desarrollan bajo temperaturas extremas, lo que incrementa el riesgo de golpes de calor entre rescatistas y evacuados. La Agencia Meteorológica pidió mantener la vigilancia ante posibles nuevas sacudidas, derrumbes y deslizamientos. Kumamoto ya sufrió en 2016 una serie de terremotos devastadores. Japón se encuentra actualmente dentro del Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica en todo el mundo.
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