La anemia sigue siendo un problema de salud pública en el Perú que va más allá de tener la hemoglobina baja. Así lo advirtió la hematóloga Karen Matos, quien señaló que el verdadero reto está en detectar y tratar la enfermedad que origina el trastorno, ya que si no se corrige el origen, la anemia puede reaparecer en menos de un mes tras el diagnóstico inicial.
Diagnóstico: más allá de la hemoglobina
De acuerdo con la especialista, la definición clínica de anemia parte de valores de hemoglobina por debajo de lo esperado para la edad, aunque ese umbral varía según la persona. Por ello, el diagnóstico no debe basarse en una cifra aislada, sino que debe ser integral y contemplar la búsqueda de la enfermedad de base.
Matos precisó que la forma más frecuente es la anemia por déficit de hierro, pero no es la única. Existen también anemias vinculadas a la carencia de vitamina B12 o ácido fólico, así como otras secundarias a enfermedades crónicas y cuadros hemolíticos.
El origen determina el tratamiento
La hematóloga explicó que la anemia debe entenderse como una consecuencia y no como el diagnóstico final. “Si no se encuentra la causa de fondo, el paciente puede recibir hierro o cualquier otro suplemento sin obtener una solución real”, manifestó en una entrevista con Radio Exitosa.
Matos también cuestionó uno de los mitos más extendidos: la creencia de que la anemia se cura únicamente con una dieta rica en hierro. Para la especialista, una alimentación adecuada es clave en la prevención, pero cuando la anemia ya está presente, el abordaje requiere un tratamiento específico con el elemento que falta —hierro, vitamina B12 u otro— durante un periodo que suele extenderse por seis meses.
Diagnóstico precoz y prevención
La médica sostuvo que una persona puede descubrir su diagnóstico de anemia en enero, aunque la disminución de hierro haya comenzado seis meses, un año o incluso dos años antes. Reponer los depósitos solo con alimentos resulta sumamente difícil, según lo expuesto.
Además, rechazó la idea de que la anemia solo se relaciona con delgadez o una apariencia frágil. Una persona con sobrepeso puede padecerla, ya que el peso no determina si la alimentación cubre las necesidades del organismo. En niños, alertó que el signo más confiable no es el peso, sino la talla o la falta de desarrollo. Por ello, recomendó realizar al menos un control básico anual, idealmente con un hemograma completo, no solo midiendo hemoglobina.
Grupos de riesgo: mujeres, niños y adultos mayores
Karen Matos subrayó que las mujeres en edad fértil enfrentan un requerimiento de hierro más elevado debido a la menstruación, las hormonas y la posibilidad de embarazo y lactancia. Según la especialista, las mujeres presentan casi un 35 % de probabilidad de desarrollar anemia. Además, aun en ausencia de anemia declarada, puede existir déficit de hierro que requiere atención, ya que este mineral cumple funciones en el sistema nervioso, inmunológico y el cabello.
Sobre los síntomas, la hematóloga explicó que la imagen clásica de palidez, decaimiento y somnolencia aparece solo en cuadros severos o moderados. Muchas personas con valores de hemoglobina entre 10 y 11 pueden no experimentar manifestaciones evidentes, lo que transforma al trastorno en un problema potencialmente silencioso. Por esta razón, recomendó controles periódicos y la participación en campañas de tamizaje, incluso sin síntomas.
En menores de cinco años, el punto de corte de hemoglobina está entre 11 y 11,5 gramos por decilitro. En gestantes, se sitúa en 11; en mujeres de la costa, en 12,5; y en varones, en 13,5. Matos precisó que en zonas de mayor altitud esos valores pueden aumentar entre uno y uno y medio puntos como consecuencia de la adaptación fisiológica.
El embarazo y la infancia: etapas críticas
La hematóloga advirtió sobre el impacto del déficit de hierro durante el embarazo y la infancia. Si una mujer cursa el tercer trimestre con anemia, existe un mayor riesgo de que el recién nacido también la padezca. Por ello, recomendó estudios preconcepcionales completos que incluyan hierro, vitamina B12 y ácido fólico, además de la hemoglobina.
Durante la infancia escolar, la carencia de hierro puede afectar distintos órganos, incluido el sistema nervioso. Un niño con déficit puede no responder adecuadamente a las exigencias mentales, lo que afecta la productividad y el desempeño escolar y laboral en la adultez.
Adultos mayores: foco en sangrados digestivos
En el caso de los adultos mayores, la anemia obliga a descartar causas digestivas, como úlceras y otros sangrados que suelen pasar inadvertidos. Matos señaló que, en varones mayores, la anemia es infrecuente y requiere investigaciones específicas, entre las que mencionó la búsqueda de sangre oculta en heces. Esta prueba ayuda a identificar pérdidas digestivas antes de iniciar la suplementación, evitando así tratamientos inadecuados.
La médica concluyó que la anemia es un indicador de alerta sobre la salud general y que su abordaje exige un enfoque personalizado, sostenido y orientado a la causa de fondo para prevenir recurrencias y complicaciones futuras. La especialista recomendó a la población acudir a controles periódicos y participar en campañas de tamizaje para detectar la anemia a tiempo.










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