Hay un patrón que se repite con frecuencia en cualquier conversación sobre geología. Se menciona la palabra y la reacción inmediata, casi automática, es pensar en minería ilegal o en el último temblor. Rara vez se piensa en lo que hay debajo de nuestros pies el resto del tiempo, en la enorme mayoría de los días en que la tierra no se mueve ni sale en las noticias.
Después de un tiempo trabajando de cerca con geólogos, traduciendo su trabajo para un público general, esa reacción deja de sorprender y empieza a parecer, más bien, una oportunidad desperdiciada.
Una ciencia relegada a las emergencias
La percepción ciudadana limita el aprovechamiento de esta disciplina para la planificación urbana, la gestión de recursos hídricos, la prevención de desastres y el ordenamiento territorial, áreas donde su aporte sería clave para el bienestar social y el desarrollo sostenible de las comunidades.
El Perú, por su diversidad geológica, ofrece un laboratorio natural para estudios que podrían traducirse en políticas públicas más informadas. Sin embargo, el vínculo casi exclusivo con la minería ilegal o los sismos reduce el debate público y deja fuera temas como la disponibilidad de agua subterránea, la estabilidad de suelos para viviendas o la identificación de zonas de riesgo.
La oportunidad, según el artículo, está en ampliar la conversación: pasar de ver la geología solo como una noticia de emergencia a entenderla como una herramienta cotidiana para conocer el país y tomar mejores decisiones colectivas.










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