La feria por Fiestas Patrias y aniversario de Huánuco dejó de ser solo una discusión comercial. Ahora cruza tres frentes sensibles para la gestión de Antonio Jara: cuánto cobrar, dónde instalar a los comerciantes y cómo justificar que una actividad popular también deje ingresos a la municipalidad. Los feriantes denuncian tarifas excesivas y piden aplicar el TUPA. El alcalde responde que los precios deben salir de una estructura de costos y no de presiones de último momento. El choque empezó con una lista de montos que los comerciantes consideran fuera de escala. Según representantes de los feriantes, la municipalidad comunicó cobros de S/1.800 para artesanía y “gustitos”, S/2.700 para ropa, calzado, juguetes y otros rubros, y S/4.500 para gastronomía. Frente a eso, plantean usar la tarifa TUPA de S/17,80 por día, que al mes bordearía entre S/530 y S/540. Para ellos, esa cifra se ajusta mejor a una feria que aún no tiene sede definida. Jara rechaza que el cobro sea un capricho municipal. Según el alcalde, la Defensoría del Pueblo participó en el acuerdo para elaborar una estructura de costos que determine el valor real de los stands. El burgomaestre sostiene que organizar la feria implica pagar luz, agua, seguridad, servicios higiénicos y acondicionamiento de espacios. Incluso afirmó que solo el gasto de energía eléctrica puede superar los S/120 mil. El precio no es solo precio: es confianza El problema de fondo es que los feriantes no sienten que el costo esté explicado. Ellos comparan Huánuco con otras ciudades donde, según sus testimonios, se paga entre S/100 y S/300 por espacios similares. También recuerdan que antes aceptaron montos más altos cuando recibieron carpas, toldos, uniformidad, agua, desagüe y ordenamiento. Esta vez, afirman que los servicios no han sido detallados con claridad suficiente para justificar los nuevos cobros. Jara intenta cerrar otro flanco: la sospecha de intermediarios. El alcalde aseguró que no habrá concesionario de la feria y que todo ingreso irá directamente a las arcas de la Municipalidad Provincial de Huánuco. También planteó que la adjudicación sea individual, con DNI, para identificar quién ocupa cada puesto. Con eso busca evitar reventas, asociaciones que concentren espacios o cobros paralelos que históricamente suelen contaminar este tipo de eventos. La propuesta municipal, sin embargo, choca con la urgencia de los comerciantes. Muchos llegan de otras regiones, trasladan mercadería y dependen de esta campaña para recuperar inversión. Una representante sostuvo que hay madres y comerciantes esperando una respuesta porque ya asumieron gastos. Según los feriantes, la feria debe realizarse “sí o sí”, aun si la municipalidad no termina de definir la sede o el cronograma. La sede también se volvió parte del conflicto El segundo problema es el lugar. Los feriantes cuestionan la posibilidad de instalarse en Riberas de la Laguna o zonas cercanas al río, porque consideran que no son comercialmente viables. También ven complicado el Malecón Higueras, principalmente por el viento, la falta de espacio para gastronomía y las áreas verdes existentes. Según una representante, la zona de la Laguna funciona mejor porque los árboles reducen el viento y permiten mayor estabilidad para las carpas. Jara reconoció que tiene un plan B en el Malecón, condicionado al avance de la obra de la Laguna. Esa frase revela que la feria está subordinada a otro problema urbano: las obras pendientes y la disponibilidad de espacios. Si la intervención en la Laguna no empieza, el municipio podría volver a conversar sobre esa sede. Si avanza, los comerciantes tendrían que aceptar otro punto o renegociar las condiciones. Los feriantes, por su parte, aseguran que no se ha vendido ningún stand y que todo está en pausa. También indican que fueron citados para una nueva reunión este viernes, donde insistirán en tarifas más bajas y un lugar más adecuado. Su plazo real es corto: estiman que hacia el 20 de julio ya deberían saber dónde instalarse para iniciar labores y recuperar el movimiento previo a la feria. Jara afirma buscar orden; los feriantes, sobrevivir al costo La municipalidad quiere presentar la feria como una actividad ordenada, rentable y sin concesionarios y no como los años anteriores, donde sucedía todo lo contrario. Los comerciantes la miran como una campaña de supervivencia económica. Allí aparece el choque principal. Para Jara, cobrar menos sin estructura podría dejar pérdidas o trasladar costos a la municipalidad. Para los feriantes, cobrar hasta S/4.500 sin servicios claramente detallados puede volver inviable su participación. El conflicto exige más que una rebaja o una imposición. La municipalidad debe publicar la estructura de costos, precisar qué incluye cada tarifa y explicar por qué algunos rubros pagan más que otros. Los feriantes, a su vez, deben transparentar cuántos puestos requieren, qué servicios asumirían por cuenta propia y qué condiciones mínimas necesitan para operar sin desorden ni riesgos. La feria no puede resolverse como una pelea entre caja municipal y bolsillo comerciante. También es una vitrina de ciudad, una fuente de ingresos temporales y una prueba de gestión para el aniversario de Huánuco. Si Jara consigue ordenar cobros, ubicación y adjudicación individual, podrá mostrar control. Si no lo hace, el evento puede iniciar con protestas, sospechas y comerciantes instalados contra el reloj.
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