El sistema de salud en Ambo ha entrado en una fase de cuidados intensivos antes de haber estrenado su nueva infraestructura. Mientras los muros del área de emergencias caen bajo el golpe de la demolición privada, el impacto real se traslada a las ambulancias. Actualmente, cualquier paciente en estado crítico debe afrontar un viaje de alto riesgo hacia la ciudad de Huánuco, una travesía que la nueva obra buscaba eliminar mediante la implementación de servicios de estabilización las 24 horas.
Iván Palomino, actual director del Centro de Salud de Ambo, advirtió que la mutilación de este pabellón no es solo un perjuicio inmobiliario, sino una sentencia de precariedad para la población. Con la desaparición física del área de cuidados críticos, el establecimiento pierde su viabilidad técnica para alcanzar la categoría 1.4. Este nivel es el único que garantiza que un ciudadano de Ambo pueda ser intervenido o estabilizado sin ser derivado de urgencia por carretera.
La consecuencia ciudadana es inmediata: el hacinamiento y la espera. El establecimiento actual, rebasado en su capacidad operativa, debe seguir asumiendo una demanda para la que no tiene espacio ni equipamiento suficiente. Según Palomino, la desarticulación del nuevo pabellón condena a los usuarios a una red asistencial limitada, donde el tiempo de respuesta entre la vida y la muerte se mide en los kilómetros que separan a Ambo del Hospital Regional Hermilio Valdizán.
El riesgo vital de los traslados y partos
Para la población femenina y los pacientes crónicos, el daño es irreversible en el corto plazo. La nueva infraestructura estaba diseñada para albergar salas de parto y recuperación con estándares modernos. "Significa que el centro de salud no va a poder atender a toda esta población en una situación de urgencia", enfatizó Palomino. Sin el área de emergencias, el flujo de atención para gestantes con complicaciones se rompe, obligando a traslados que, en temporada de lluvias o bloqueos, resultan fatales.
El impacto se extiende a la pérdida de especialización médica. Al verse reducida la infraestructura a un centro de consultas externas de baja complejidad, la provincia pierde la capacidad de atraer y retener personal especializado. Los equipos médicos ya presupuestados y proyectados para la categoría 1.4 carecen ahora de un entorno seguro para su instalación, dejando a los especialistas sin las herramientas necesarias para ejercer en la zona andina de la provincia.
La desprotección de los servicios básicos también juega un papel en este sabotaje sanitario. El bloqueo de los sistemas de desagüe por parte de los invasores, reportado por la dirección del nosocomio, impide cualquier certificación sanitaria futura. Esta obstrucción técnica significa que, aunque el resto del edificio se mantenga en pie, no podrá recibir la autorización de funcionamiento, dejando a miles de beneficiarios sin el servicio por el que el Estado ya invirtió millones de soles.
Un derecho fundamental en suspenso
El sentimiento de frustración ciudadana crece al observar forados en las paredes de lo que debía ser su hospital. Marco Durán Rocca, comisionado de la Defensoría del Pueblo en Huánuco, señaló que la población es testigo de cómo el patrimonio público es integrado a patios privados ante el silencio de sus autoridades. Para Durán, el perjuicio social es de gran magnitud, ya que se está privando a las futuras generaciones de un derecho constitucional: el acceso a una salud digna y cercana.
Desde el punto de vista administrativo, el estancamiento de la obra impide que el Ministerio de Salud proceda con la recepción y liquidación final. Esto genera un círculo vicioso: sin recepción no hay personal nuevo, y sin personal nuevo, el centro de salud sigue operando con la misma precariedad de hace décadas. El director Palomino reiteró que la pérdida de un solo pabellón estratégico invalida la lógica sistémica de todo el proyecto sanitario regional.
El futuro del paciente en Ambo queda ahora a la espera de una decisión fiscal o una medida cautelar que detenga el avance de las calaminas. Mientras tanto, el área de triaje y observación sigue reducida a escombros. La pregunta que recorre los pasillos del actual centro de salud es cuántas emergencias más deberán ser derivadas por carretera antes de que el Estado recupere la soberanía sobre el terreno donde se jugaba la vida de sus ciudadanos.










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