El atentado que sufrió el alcalde del distrito de La Morada, en la provincia de Marañón, Percy Soncco Trujillo, no solo puso en riesgo su vida, sino que también dejó al descubierto la fragilidad de la respuesta del Estado frente a casos de amenaza y extorsión previamente advertidos. La autoridad edil denunció que había solicitado protección al Ministerio del Interior con al menos 15 días de anticipación, pero que esa seguridad recién se activó después del ataque armado que sufrió cuando se dirigía a Huánuco.
El hecho ocurrió, entre las 11:26 y 11:30 p.m., cuando dos sujetos a bordo de una motocicleta interceptaron su camioneta y dispararon directamente contra él. Soncco relató que los atacantes aprovecharon un tramo de curva y las condiciones de lluvia para acercarse a su vehículo y abrir fuego. En medio del ataque, respondió con su arma de fuego, la cual —según afirmó— cuenta con autorización legal, lo que habría permitido frustrar una agresión mayor antes de que los delincuentes huyeran.
El alcalde sostuvo que este atentado no fue un hecho aislado. Según indicó, desde marzo de 2026 venía recibiendo mensajes, videos y evidencias de seguimiento a su familia, en un contexto que atribuye a actos de extorsión cada vez más agresivos.
Pese a todo, el alcalde afirmó que continuará ejerciendo sus funciones y que no cederá ante la delincuencia. Reiteró que seguirá al frente de la gestión municipal en La Morada y sostuvo que no permitirá que el miedo frene el trabajo que viene realizando en el distrito. Su postura convierte este caso no solo en una denuncia por intento de homicidio, sino también en una alerta sobre la debilidad del Estado para prevenir, proteger y responder ante amenazas persistentes contra autoridades locales.
Amenazas previas
Soncco recordó que las amenazas no comenzaron este año, sino que existen antecedentes desde 2024. Entre ellos mencionó la voladura de la vivienda de su madre y un ataque armado contra un trabajador vinculado a su entorno familiar. Estos hechos, afirmó, evidencian una situación prolongada de hostigamiento que no fue contenida a tiempo y que terminó escalando hasta un atentado directo contra su persona.
Bajo esa línea, lamentó que haya tenido que exponerse a un ataque para que recién se le otorgara protección. Indicó que, pese a haber alertado formalmente sobre el peligro que afrontaba, no recibió una respuesta inmediata. Tras el atentado, y una vez que el caso tomó conocimiento nacional, se le asignó seguridad policial mientras continúan las diligencias.
El caso es investigado por la Dirincri, que realiza peritaje balístico, análisis de la trayectoria de los disparos y evaluación de evidencias recogidas en el vehículo, el arma y otros elementos vinculados al hecho. Hasta el momento no existe una identificación clara de los atacantes, aunque una de las hipótesis gira en torno a una posible extorsión sistemática. El alcalde incluso advirtió que los delincuentes buscan que las autoridades “trabajen para ellos”, una expresión que refleja el nivel de presión criminal que, según su denuncia, se estaría instalando en la zona.
Precariedad policial
Uno de los aspectos más delicados del caso es la limitada capacidad de respuesta de la policía en La Morada. De acuerdo con el propio alcalde, la comisaría no contaba con camioneta ni con medios suficientes para intervenir de inmediato, lo que provocó que los efectivos llegaran casi una hora después del atentado, a pesar de que el ataque se produjo a menos de diez minutos de la dependencia policial. Esta situación pone en evidencia la precariedad operativa del Estado en zonas rurales y la vulnerabilidad en la que quedan tanto autoridades como ciudadanos.
A ello se suma un clima de tensión e incertidumbre por el posible móvil del ataque. Aunque se ha planteado la hipótesis de que el atentado podría tener relación con su intención de mantenerse activo en política, Soncco evitó responsabilizar directamente a actores políticos y señaló que cualquier conclusión debe quedar en manos de la investigación. Aun así, reconoció que el contexto es delicado y que la violencia criminal se mezcla con un escenario local de alta tensión.







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