Arlindo Luciano Guillermo El sacerdote Oswaldo Rodríguez Martínez cumplió exitosamente, el 16 enero, con frutos cuantificables y visibles, treinta y siete años
Jimmy Trujillo•18 de enero de 2019•4 min de lectura•818 palabras•13 lecturas
Arlindo Luciano GuillermoEl sacerdote Oswaldo Rodríguez Martínez cumplió exitosamente, el 16 enero, confrutos cuantificables y visibles, treinta y siete años de ordenamiento sacerdotal, más detres décadas al servicio del prójimo. El padre Oswaldo ejerce el más noble y servicialde los oficios: servir a Dios y al prójimo a tiempo completo, de todo corazón, con todaslas fuerzas físicas disponibles, sin desmayo, sin fatiga, sin quejarse ni buscarculpables de las desgracias o la felicidad de los ciudadanos, sin esperar recompensani aspirar a medallas, sin enriquecerse, acumular fortuna, abrir cuentas bancarias nivestir trajes elegantes para caminar por la ciudad como ciudadano de cuello y corbata.Como el buen pastor está junto a las ovejas, vigilando el redil de los lobos y lastentaciones del mundo egoísta y consumista, las recupera, las atiende, les dabienestar y oportunidades de vida y dignidad; como el buen samaritano,incondicionalmente, está al lado del desvalido, del menesteroso, del mendigo, delmarginado, del paria, del que no tiene un perro que le ladre.Cristo dijo: “Por sus frutos os conoceréis”. El padre Oswaldo es la más excelsa y másidónea comprobación que el mensaje de Cristo no es hablar como un “incontinenteverbal”, criticar con rabia, juzgar como un inquisidor, mirar con ojos de águila la pajaen el ojo ajeno, cuestionar como los fariseos las actitudes de los demás, sino amar aDios por sobre todas las cosas y trabajar a puño limpio, a lomo partido, por elbienestar del prójimo. Quien quiere realmente proclamarse “auténtico cristiano” haga(hoy mismo) lo que hace el padre Oswaldo. El presbítero Oswaldo no exhibe títulosacadémicos de Harvard, maestría en gestión pública ni doctorado en liderazgo ocoaching ni hablar como un erudito de la Real Academia Española de la Lengua. Nonecesita cargos públicos para cerrar brechas de pobreza, inclusión social y el derechode vivir con dignidad. Nosotros, (ciudadanos no sacerdotes) hacemos por el prójimo loque podemos, cuando lo permite el tiempo libre, pero damos nuestro granito de arena.El padre Oswaldo es el más predilecto hijo de Cochachinche (pueblo acogedor, delimas, paltas y panecillos en horno artesanal) donde nació, creció y sintió el llamado delsacerdocio. La única calle larga, que no es más que la carretera polvorienta que vahacia Yanahuanca, bordeada de casas, el verde campo deportivo, a orillas del ríoHuertas, transitada por gente campesina y hospitalaria, lo vio caminar, hacer laprocesión con una imagen del Señor de los Milagros. Regresa a Huánuco convertidoen sacerdote de convicciones claras, formación religiosa basada principalmente (másallá de la educación filosófica y teológica que recibió en el seminario) en el amor alprójimo, en el magisterio de Cristo y la vocación inclaudicable en la Santísima VirgenMaría. Llegado no más le dieron el primer reto: reaperturar el Seminario San Teodoroque había estado cerrado por varias décadas. Lo hizo, sin duda. Luego se le dio ladirección del Colegio Seminario San Luis Gonzaga, donde estudiaba, entre otros,Toño Robles Jara, cuyas anécdotas conoce de memoria el padre Oswaldo. Dirigió laparroquia el Sagrario La Merced, donde ya empezó, con la feligresía comprometida, aatender a los niños trabajadores dándoles almuerzo, abrigo y atenciones necesarias.Lo demás es historia que todos conocemos.Si el padre Oswaldo solo hubiese predicado el evangelio en la misa de los domingos ofiestas patronales, confesado, bautizado, acompañado con rezos en las procesiones,no tendríamos las grandes obras sociales que hoy conocemos, apoyamos y vemoscómo se atiende al prójimo desvalido, desprotegido, sin techo ni un plato de comida,que sabe comer, dormir, sentir cariño y recibir afecto. La grandeza del sacerdocio(seguramente por eso quedará impresa eternamente en nuestra memoria) está,precisamente, en las obras benéficas que hizo junto a involucrados colaboradores,autoridades solidarias y ciudadanos generosos: Aldea Infantil San Juan Bosco (LaEsperanza), “hogar y refugio” de niños y adolescentes donde reciben educación yafecto familiar; la Casa San José (Llicua) que alberga a enfermos mentales, a quienesse les da alimentación, hospedaje, tratamiento y medicación; la casa de ancianos MisAbuelitos de Cochachinche, donde viven con dignidad, tal vez sus últimos años deexistencia terrenal, ancianos en estado de abandono; la Escuela Técnica PillcomozoHuasi (Las Pampas) que da formación técnica a jóvenes que no pueden ir a launiversidad; Casa de las Señoritas Santa Rosa donde, superando adversidades.encuentran una oportunidad para vivir correctamente; el Colegio Pillcomarca,institución educativa que educa ciudadanos íntegros.No hay como el deber cumplido por convicción y responsabilidad. Cuando tengamosque partir algún día de este planeta, no llevaremos nada, sino la conciencia tranquila,sin remordimiento ni sentimiento de culpa. El padre Oswaldo, en estos treinta y siete añosde vida sacerdotal, ha vivido trabajando por los hermanos necesitados, practicando elevangelio, con acciones, con devoción, con menos discurso, llevando esperanza alprójimo, dándoles una oportunidad para vivir con dignidad.
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