Tengo una hermosa colección de obras completas de Federico García Lorca, aunque extravié uno de esos siete libros, tal vez por prestarlo, en una de esas ocasiones embrujado por la poesía. “A las cinco en punto de la tarde”, es la frase que con frecuencia, me acompaña mientras veo el sol perderse tras el cerro verde tropical, asomando una sombra como en la vieja Alhambra.

Arco Iris 1 (Fotografía: cortesía Luis Torres).
Una cita de Stephen Shore, en Lección de Fotografía, elegida por Luis Torres dice: “La fotografía es ante todo una disciplina analítica. Si para crear un cuadro el pintor parte de un lienzo en blanco, el fotógrafo, partiendo del caos del mundo, selecciona una imagen. Un fotógrafo plantado frente a casas, calles, personas, árboles y artefactos de una cultura impone un determinado orden a la escena, simplificando todo ese embrollo otorgándole una estructura. Al escoger un ángulo de visión, un encuadre, un tiempo de exposición y un plano de enfoque, el fotógrafo impone su orden”.
Dentro de sus pasiones están las bibliotecas, explorador atento, descubridor de las peculiaridades de esos espacios. Luis Torres, escribe íntimas reflexiones sobre Arte, con la acuciosa mirada del que siembra, cultiva y consume de su huerta, es así como sus meditaciones, son regalos exquisitos, un brote de orquídea, las primeras luces del sol.

La otra casa (Fotografía: cortesía Luis Torres).
De su papá: Nicolás Torres, personaje que merece un texto aparte, de quien, la sinopsis de un corto, realizado por Microcine Latincine el 2019 expresa: “Nicolás Torres es un fotógrafo que empezó registrando la cotidianidad de un pueblo que empezaba a nacer en Huachipa, y que terminó exponiendo su trabajo en grandes galerías de arte en Lima y en Nueva York. A pesar de todo lo logrado, no se desapega de lo que siempre ha sido su vida: el barrio, la música y los rostros cercanos”, descubrió la fotografía. Luis Antonio, heredó de su padre eso, la sensibilidad, termino sencillo que contiene todo lo que se puede descubrir a través de una mirada.

S/T (Fotografía: cortesía Luis Torres).
Lucho Torres, brillante hombre gráfico, nos revela las delicias que viene experimentando con la cámara estenopeica (pinhole) y su amiga digital. Si algo celebra su condición personal es, no estar sumido a ninguna corriente de arte, ideología, moda artística; su obra es y ha sido desde que lo conozco, la vida individual, familiar y del barrio donde le ha tocado subsistir. Acaba de presentar, en Granada, actual espacio donde la vida le viene trasladando: “La otra casa” título crudo, sin mucha lírica. Comparto, como un abrazo y homenaje, el texto introductorio de este, su proyecto fotográfico: “Hace un año y medio que mi familia emigró, decidimos dejar nuestro país natal en Latinoamérica, empujados por las carencias, la violencia diaria y el deseo de poder sembrar una oportunidad para nuestros hijos – ese sueño europeo se va coagulando en Andalucía España — en este nuevo paisaje de contrastes y diferencias, las oportunidades para nosotros son pocas, pero seguimos resistiendo con la firme convicción de que juntos construiremos mejores senderos. Apenas llegamos pudimos alquilar un piso en un barrio periférico de Granada, en esa nuestra primigenia y “fugaz” casa europea, fuimos felices, esta casa nos meció en su cuerpo por 8 meses, casi el tiempo que se vive dentro de un vientre, de la cual se hizo muy pocas fotografías, sin embargo ese corto tiempo de permanencia y su posterior abandono me sembró de nostalgias y recuerdos, en las conversaciones en familia siempre aflora el comentario de que aquella casa, la dejada atrás, “que era la más hermosa en comparación con la que hoy habitamos” y pienso, En el libro Poéticas del Espacio el filósofo Gaston Bachelard disecciona la espacialidad de la casa, la vivienda, para emparentar las locaciones de esta a sensaciones espaciales buscando la génesis de las imágenes, a nuestras imágenes primigenias y las formas de aprender a sentir el mirar, los recónditos lugares donde nos sentimos felices y donde se construye la soledad individual; Pienso en mi casa, la única que tuve, en el escondite preferido que de niño en mi país natal, en mi casa primigenia, recuerdo aquel mueble o aquel recodo, laberinto en mi memoria. La casa que me tocó vivir me enseñó a soñar con mis imágenes, entonces me pregunto ¿qué pedagogía dejará en la memoria de mi familia este nuevo hogar? Porque esta segunda casa será nuestra por un breve tiempo (lo que dure el contrato y la buena fe del casero), este cobijo, abrigo frente a la intemperie, guarida para la soledad y la familia será efímera, pero sus rincones se sostendrán en mi memoria y más aún en la memoria de mi familia. Tal vez la insistencia en fotografiar estos espacios responda a llenar esos agujeros donde la fotografía ayude a constituir esa memoria ́para configurar ese hogar, esa otra casa para ellos y para responder a esa odisea de soñar en el exilio recordando a veces las antiguas otras casas dejadas.

Autorretrato (Fotografía: cortesía Luis Torres).
Lucho Torres, es un artista sorprendente, de aquellos que aparecen una vez cada cien años, alguna vez le dije: si te murieras hoy, quedaría mucho que estudiar de ti. El arte peruano, tiene una deuda impagable contigo, un abrazo querido Lucho (Pozuzo, julio 2026).








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