Quiero a Huánuco, pero no sé si Huánuco me quiere. Solo te pido que me permitas seguir viviendo, con salud, trabajo y luz en mis ojos y en mi memoria, en tu jurisdicción. A veces le pido, con devoción andina, a los tres jircas que me amparen y protejan de la adversidad y al río Huallaga que lleve mis cenizas hasta el mar. Apenas tengo el 12% de años que Huánuco desde que se fundara en 1539. Y si hago el porcentaje con las correrías del hombre por las montañas gélidas de Lauricocha, es nada mi edad. Huánuco tiene más historia y trayectoria cultural que cualquier charlatán que presume refundar esta ciudad de nobles, ínclitos y ejemplares ciudadanos, de honorables vecinos, pero también de “ovejas negras” contadísimas que nunca faltan en el redil del pastor. Huánuco es una urbe, una región con casi un millón de habitantes en las 11 provincias. En Huánuco, según Javier Pulgar Vidal, solo faltan mar y costa para tener las ocho regiones naturales. El mejor clima del mundo, aquí llueve y, al instante, sale el sol para calcinar la cabeza de transeúntes y calles. Aquí llueve puntualmente el 28 de octubre, fecha de la salida del Señor de Burgos; él también tiene su impermeable. En 17 años, aquí cerquita nomás, Huánuco va a cumplir 500 años de fundación española. Ya somos una vieja ciudad con historia, tradición y continuidad generacional. Muchos de nosotros quizá ya no estaremos para los festejos de estas efemérides. El puente Calicanto, el Templo de las Manos Cruzadas, el río Huallaga e Higueras y los cerros gigantes que custodian la ciudad seguirán ahí, en el mismo lugar donde nacieron, por otro medio milenio más, pero nosotros, simples mortales, pasto de los gusanos en la tumba, insumo del crematorio, ya no estaremos y quizá ni el recuerdo merezcamos. No es mashcullo quien critica, opina y cuestiona con razones y propuestas. Ya es momento para desagraviar al humilde, lento y torpe mashcullo de tan innoble imputación: la envidia, que es universal; no tenemos la exclusividad. El huanuqueño es emprendedor, visionario, progresista, costumbrista.
Huánuco crece inconteniblemente, sin cesar. La ciudad de Huánuco ya no es la misma ni siquiera igual o peor que los últimos diez años. La gente se multiplica, las viviendas devoran territorio vital, las urgencias demandan soluciones. Trabajo, ingresos, progreso, vocación de servicio, honradez, transparencia de actos, inversión pública y privada, educación, salud, cultura, vías de comunicación y fortalecimiento y respeto a las instituciones es la agenda política y de gestión. El Huánuco de las crónicas de Virgilio López Calderón es nostalgia, culto idolátrico del pasado y del tiempo mejor e irrepetible, de memorables añoranzas y febriles evocaciones. Ese Huánuco no existe. Y lo poco que queda lo recordamos con afecto y remembranza. Ya no hay Illatúpac, Leoncio Prado, Daniel Alomía Robles, Hermilio Valdizán o Esteban Pavletich; otros son los ciudadanos que hacen patria, historia y cultura en Huánuco. El Huapri, Kadosh, pizzería Sancho, ferretería Atachagua y El Viajero compiten heroicamente, reinventándose e innovando, con los centros comerciales poderosos. En Huánuco, hay empresarios que generan empleo, dinámica económica y tributación a la Sunat. Huánuco tiene tres universidades licenciadas, institutos superiores, pero también desorden, tugurización del mercado, pobreza extrema, brechas de infraestructura educativa y hospitalaria, carencia de servicios básicos, comercio ambulatorio. Cuídate, Huánuco, del impostor, del bandido, del angurriento, del ecléctico; ve con los ojos abiertos al ciudadano probo.
La literatura es ficción, no un instrumento propagandístico; la política, vocación de servicio. Siempre es necesario fomentar con acciones y actividades para fortalecer la identidad cultural; no podemos ser nadie, sino alguien con raíces y destino. No se puede amar ni defender, lo que no se conoce. Huánuco tiene una agenda política, social y cultural pendiente; es un reto impostergable de los gobernantes. El 1 de enero de 2027 tendremos nuevo presidente regional y alcalde provincial. La ignorancia histórica y el desconocimiento de la realidad de los candidatos y políticos siempre es un insolente atrevimiento. Un gobernante no es enciclopedia; toma decisiones y ejerce liderazgo. Solo credenciales éticas y conocimiento de la gestión no son suficientes. Exige la práctica de habilidades socioemocionales, pragmatismo y alineamiento a políticas públicas en beneficio de la ciudad y la región. Soy optimista con el destino y progreso de Huánuco. Idoneidad y vocación de servicio en la función pública. Debe gobernar Huánuco quien conozca al dedillo la realidad in situ. La cultura, el libro y el arte estarán ausentes en el menú electoral. Somos un pueblo milenario, con tradiciones y costumbres arraigadas en la memoria colectiva, con serias carencias, pero también con grandes oportunidades.
No soy adivino, no tengo una bola de cristal, no soy inmaculado ni infalible, no soy poeta. Huánuco, cuídate de tu propio Huánuco, cuídate de los discursos sin acción, cuídate de quienes defienden tus costumbres y tradiciones, pero no las practican, cuídate de quiénes te elogian con interés mezquino, cuídate de la indiferencia y de los que se hacen al sueco cuando solicitas apoyo, cuídate de los que se victimizan y no asumen su responsabilidad, cuídate de los lobos vestidos de cordero, de los que tiran la piedra y esconden la mano, de los que anuncian en los mítines, como vendedor de ilusiones, progreso y resolver tus problemas recurrentes y añosos, sin decir el cómo fundamental, cuídate de los que incumplen su palabra y su rúbrica en el papel e hipotecan su decencia a la astucia y la voracidad, cuídate de los que usan pantalones con correa, pero se les cae ante la adversidad, cuídate de los beodos y energúmenos en el poder político, de su avaricia de Harpagón y la usura de Shylock, cuídate de los Pilatos que te negarán cuando las papas queman, cuídate de los Judas que traicionan tu identidad, reputación y trayectoria histórica, cuídate de los que se hacen a los sordos, ciegos y afásicos cuando los convocas para enfrentar solidariamente los retos y tareas para fortalecer tu grandeza de pueblo milenario, cuídate de los falsos profetas que anuncian el paraíso, de los nuevos líderes que no sabemos qué intenciones tiene su corazón, cuídate de quiénes resucitan muertos y multiplican panes y tres pescados. La única manera de creerles, Huánuco, es viendo su coherencia y su integridad. Huánuco, cuídate de la aguja sin hilo, del hijo negado por su padre, del pan duro y despreciado, del sueldo que no alcanza para lujo ni recreo, del agua que nadie quiere beber, del árbol sin ramas, del sol que se apaga lentamente. Yo solo te ofrezco mi trabajo diario de hormiga obrera; no necesito pergamino, estatua ni medalla. Esa será mi contribución y gratitud por tu generosidad de haberme permitido nacer en tu soberanía cuando tenías 427 años de fundación española. Huánuco, confieso que te quiero sinceramente, sin impostura. Yo no sé hacer otra cosa que leer y escribir con libertad y constancia.








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