El retorno del Congreso bicameral se instaló como uno de los hechos políticos más relevantes del fin de semana, porque el próximo gobierno no solo enfrentará una segunda vuelta polarizada, sino también un Parlamento rediseñado después de 34 años. La nueva estructura incluirá 130 diputados y 60 senadores, en un escenario de fragmentación que obligará al próximo presidente a negociar desde el primer día.
El cambio ocurre después de una década de crisis institucional. En ese periodo, el Congreso fue protagonista de la caída de cuatro presidentes y censuró a diez ministros, según el recuento político difundido en la prensa internacional. Ese antecedente convierte al nuevo Parlamento en un actor decisivo para la gobernabilidad del país.
Fuerza Popular tendrá la bancada con mayor peso, seguida por Juntos por el Perú, aunque ninguna fuerza alcanzaría mayoría absoluta. Esa composición anticipa una relación compleja entre Ejecutivo y Legislativo, con posibles alianzas inestables, negociaciones por comisiones y disputas por reformas institucionales.
El retorno del Senado también llega con cuestionamientos. La ciudadanía rechazó el bicameralismo en el referéndum de 2018, pero el Congreso lo restituyó posteriormente mediante reforma constitucional. Esa decisión alimenta el escepticismo sobre si la nueva cámara servirá para mejorar la calidad legislativa o para ampliar cuotas de poder político.
El próximo gobierno tendrá que convivir con ese Parlamento desde el inicio. La gobernabilidad dependerá menos de los discursos de campaña que de la capacidad real para construir acuerdos en un Congreso con poder ampliado y legitimidad todavía frágil.










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