Embarcaciones cargadas con bidones de petróleo parten todos los días desde grifos flotantes y estaciones en tierra firme, en Iquitos y Nauta, para alimentar las dragas mineras que operan en la parte alta del río Nanay, en la Amazonía peruana. El control fluvial, realizado por la Marina y la Policía, resulta insuficiente ante las redes criminales que invierten cerca de 50 000 dólares diarios en combustible para mantener 60 dragas activas, según reveló una investigación de Mongabay Latam.
El mecanismo del traslado ilegal
Un equipo periodístico siguió por más de 12 horas el trayecto del combustible desde los puntos de recarga hacia los sectores tomados por las redes de minería ilegal en el Alto Nanay. El recorrido permitió identificar las zonas donde operan los principales dueños de dragas y la ruta clandestina que sus redes utilizan para llevar grandes cantidades de petróleo. Caminos mucho más largos y costosos, pero que les sirven para evadir con audacia los puestos de inspección de la Policía y la Marina en el río Nanay.
Los bidones son escondidos dentro de compartimentos ocultos bajo los pisos de las embarcaciones, denominados ‘caletas’. También son acondicionados en estructuras de fierro —tipo jaulas o canastillas— soldadas directamente a la parte sumergida de los cascos. La mayoría solo deja al descubierto un bidón que, por su tamaño, podría almacenar no menos de 50 galones; un número importante ya que en el país se debe contar con una autorización para trasladar combustible con un volumen mayor a 55 galones.
“No hay presencia de ninguna autoridad por esas rutas. Nadie revisa. Muchos bidones con combustible surcan a cada rato”, declaró Arquímedes Arirama, dirigente de la Coordinadora de Comunidades Nativas y Campesinas de la Cuenca del Nanay (Conaccunay).
Grifos flotantes y terrestres: el primer eslabón
Desde grifos flotantes como los del río Itaya sale el petróleo que abastece a los casi 60 focos de minería ilegal activos que la Conaccunay ha identificado en la parte alta del río Nanay o Alto Nanay. A esta cuenca estrecha de selva tupida —hogar de 29 comunidades campesinas y cuatro nativas del pueblo indígena ikitu— llegan embarcaciones cargadas de combustible también desde otros puntos de suministro. Mongabay Latam constató cómo de día y de noche los mineros ilegales se abastecen de petróleo en distintas zonas de Iquitos y en Nauta, una ciudad vecina.
En el distrito de San Juan Bautista, a ocho kilómetros de distancia desde la curva Moronacocha, también en Iquitos, otro grifo ha sido punto de provisión para una red minera. Entre marzo y abril de 2021, el exalcalde provincial de Putumayo, Golber Java, adquirió de esta amplia estación de servicio 1200 galones de combustible que tenían como destino las dragas del Alto Nanay. Hoy está condenado por financiamiento de la minería ilegal.
“Llenaban galoneras allí, las subían a una furgoneta y así llevaban petróleo hacia varios botes que salían del puerto Santa Clara. Ya no lo hace el Tío Golber porque tiene sentencia, pero sigue pasando con otros dueños de dragas”, declaró un agricultor de Pucaurco, comunidad campesina enclavada dentro de la cuenca del Nanay, quien pidió ser llamado Tomás para proteger su identidad.
El costo de la minería ilegal en el Nanay
Conservación Amazónica, a través de su programa MAAP (Monitoreo de la Amazonía Andina), identificó un total de 275 maquinarias mineras en el río Nanay durante 2025. Los dirigentes de la Conaccunay tienen registrado que solo en el Alto Nanay son al menos 48 dragas y nueve tracas (armazones grandes de hierro) en constante succión de oro. De acuerdo con información que maneja la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental de Loreto, las redes criminales pagan hasta 2800 soles (823 dólares) por un bidón con 50 galones de combustible que llega al Alto Nanay.
Una draga o traca minera consume en promedio esos 50 galones de petróleo durante una jornada de 20 horas. Si se considera que hay al menos 60 maquinarias activas, como indicó la Conaccunay, las bandas de minería ilegal en el Alto Nanay estarían invirtiendo en total alrededor de 168 000 soles (49 400 dólares) por jornada.
“Lo que requiere el transporte fluvial y la generación de electricidad en la zona es mucho menor de lo que se mueve para darle energía a los motores de las dragas. Eso es clarísimo”, remarcó Juan Luis Dammert, coordinador territorial de la iniciativa Amazonía Resiliente y Justa de Grade (Grupo de Análisis para el Desarrollo), un centro de investigación dedicado a temas ambientales educativos y sociales.
Una autoridad indígena del Alto Nanay, a quien se identificó como Saúl para proteger su identidad, sostiene que el incesante flujo de combustible que parte de los grifos flotantes supera cualquier necesidad doméstica en las comunidades y responde únicamente a la fuerte demanda en los focos de explotación. La investigación no precisó si las autoridades han adoptado nuevas medidas de control sobre los grifos flotantes o las rutas clandestinas identificadas.










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