A casi 1.700 metros bajo el mar de Noruega, el pecio del submarino nuclear soviético Komsomolets continúa liberando radionúclidos de forma intermitente, casi cuatro décadas después de su hundimiento. Así lo confirmó un estudio publicado este año en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que detectó emisiones esporádicas de material radiactivo desde el reactor de la nave, dañado por la corrosión y la presión del agua.
El Komsomolets, una de las naves más avanzadas de la ingeniería naval soviética, se hundió el 7 de abril de 1989 tras un incendio a bordo mientras navegaba por el mar de Noruega. En el accidente murieron 42 de sus 69 tripulantes. A bordo quedaron el reactor nuclear que impulsaba la nave y dos torpedos armados con ojivas nucleares, encerrados en un casco de titanio sometido desde entonces al agua salada y la presión.
Fugas detectadas y riesgo controlado
Los resultados del estudio, basados en una expedición científica de 2019 que envió el robot sumergible Ægir 6000 hasta el pecio, indican que los conjuntos que contienen el combustible nuclear están dañados y que el agua de mar ha alcanzado el material del reactor. Los análisis vinculan ese deterioro con emisiones intermitentes de radionúclidos, aunque los investigadores aún no determinan los mecanismos exactos que las originan.
Las concentraciones más elevadas de material radiactivo aparecieron junto a un conducto de ventilación y una rejilla próxima. No obstante, el material se diluye rápidamente en el agua y existe poca evidencia de acumulación en el entorno del pecio. Tampoco se encontraron indicios de plutonio de grado militar procedente de las ojivas en la zona de la proa.
Medidas de contención y vigilancia
En 1994, una expedición rusa selló con placas de titanio los seis tubos lanzatorpedos y algunos orificios de la sección de proa para reducir la circulación de agua y limitar una eventual liberación de plutonio. Esa contención seguía aparentemente intacta cuando el pecio fue inspeccionado en 2019.
Las evaluaciones actuales descartan una explosión nuclear espontánea como riesgo relevante, ya que ese tipo de detonación exige mecanismos de armado e iniciación con una sincronización muy concreta. La preocupación documentada apunta a que la corrosión termine permitiendo la salida de material radiactivo del reactor o, en el futuro, de las armas.
Según explicó la autoridad noruega de seguridad nuclear a la BBC, por ahora no existen planes para una nueva operación de contención. La respuesta de las autoridades sigue siendo volver, medir y vigilar cómo cambia un submarino que lleva casi cuatro décadas bajo el mar.









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