Los trabajadores de la Salud marcharon un miércoles; el fin de semana, por segunda vez, la ciudadanía de Guadalajara salió a las calles por la crisis del agua. Antes, en los últimos meses, lo hicieron transportistas, agricultores, maestros y la llamada Generación Z. En Ciudad de México, la secretaría de Gobierno registró 3.277 protestas en lo que va de 2026, un promedio de 11 al día y una cifra 18% superior a la de 2025, según el recuento citado por BBC Mundo.
El dato convive con otro que parece contradecirlo: la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una aceptación de 66%, promediando varias encuestas, superior a la de sus antecesores y a la de la mayoría de sus homólogos en la región. La representante más directa del sistema, sugieren los números, no sufre desgaste ante lo que los titulares de prensa describen a diario como cierres viales y choques con la policía.
Una protesta, una lógica
Para las expertas consultadas por el medio británico, la insatisfacción en un rubro y la aprobación general de la presidenta en un país federal son variables independientes. Cada protesta responde a lógicas locales o sectorizadas y no existe, añaden, un clima generalizado de descontento social.
"Una cosa es un movimiento ciudadano que tiene mecanismos de exigencia ambiguos o inexistentes y otra un movimiento institucional con mecanismos contractuales que buscan ser cumplidos", dice la politóloga Luz María Cruz.
El caso del sector Salud se vincula con aumentos salariales en medio de una compleja lucha sindical. La analista Viri Ríos, citando una encuesta del Instituto Mexicano del Seguro Social, señala que la satisfacción con los servicios de seguridad social supera el 81% entre los usuarios y que solo el 23% percibe el sistema como "malo". "Las protestas son percibidas como un problema mayormente sindical y el problema de acceso a la salud pública no se le atribuye a la presidenta porque las carencias tienen décadas", agrega.
En Guadalajara, en cambio, las quejas por el agua se dirigen al gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, del partido Movimiento Ciudadano, y a las empresas acusadas de descargar agua contaminada a las fuentes hídricas. Sheinbaum criticó la represión de esas protestas, pidió al gobernador rendir cuentas y anunció un plan para financiar proyectos de infraestructura y potabilización.
De movimiento a sistema
Sheinbaum fundó y lideró en los años 80 grupos de protesta contra el neoliberalismo y la violencia estatal. Su partido, Morena, surgió bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador como una acción de protesta contra la desigualdad, la exclusión y la corrupción. En los ocho años que lleva en el poder, sin embargo, se convirtió en sistema: domina la mayoría de los cargos de elección popular y controla las ramas judicial y administrativa del Estado, al punto de que cada vez se lo describe más como un "partido hegemónico".
La presidenta lo dice con frecuencia: "Garantizamos el derecho a la protesta". Y suele criticar a las autoridades cuando reprimen con mano dura.
"La entidad del pueblo es central en México y Morena recoge ese sentimiento con una construcción simbólica muy densa y rica en imágenes que da una sensación de unidad", señala Alina Peña, experta en acción social.
La profesora añade que las marchas apelan a "una precarización de la vida por el enriquecimiento de unos pocos que atraviesa ideologías; no es una conversación sobre partidos y políticos". Y subraya que el electorado no es monolítico: "Una persona puede votar por Morena al tiempo que pensar que la situación de los desaparecidos es intolerable y protestar porque el agua le llega sucia".
Los frentes que siguen abiertos
El gobierno afirma que logró bajar los feminicidios un 36%, pero hay verificaciones que cuestionan el número o lo ven inferior. Ocurre igual con las cifras de homicidios o desaparecidos, con los casos de corrupción o con el poder del narco en la política, según el análisis.
En materia de salud, la situación es ambigua: aumentó el gasto, pero el sistema no tiene financiamiento suficiente de acuerdo a lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud. No se reporta desabastecimiento de medicamentos, pero sí gente que no logra acceder a ellos; alrededor de un tercio de la población no tiene cobertura. "Me canso ganso que vamos a modernizar todo el sistema de salud", prometió Sheinbaum en esos días, citando a su antecesor.
La popularidad presidencial se sostiene, según el análisis, en la asistencia social, los aumentos al salario mínimo y las pensiones universales heredadas de López Obrador, además del manejo pragmático y nacionalista de la agenda de Donald Trump y su decisión de desmarcarse de algunos pesos pesados de Morena y respaldar investigaciones judiciales.
La pregunta que deja abierta el análisis es si esa popularidad es inalterable cuando la derecha se fortalece en la región, la presión de Trump no cede y los movimientos de protesta proliferan. "La popularidad, que responde a una sociología del carisma y el liderazgo, no se traduce en representación o en acuerdos o en eficacia; son esferas distintas", concluye el texto.










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