La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, llega a su tercer año de mandato con una fortaleza política consolidada y un perfil presidencial más definido, según un análisis publicado por El País Internacional. La mandataria ha demostrado capacidad para administrar crisis y ejercer el poder con prudencia y disciplina, aunque esa solidez convive con problemas que aún no tienen respuesta suficiente.
Entre esos pendientes figuran la violencia que marca la vida de amplias zonas del país, un crecimiento económico débil y las diferencias con algunos miembros de su partido y gobernadores bajo la mira de Estados Unidos por supuestos vínculos con el narcotráfico. Estos desafíos adquieren relevancia cuando la presidenta dispone de un enorme capital político y de una mayoría que le permite impulsar transformaciones profundas.
La relación con Estados Unidos, la prueba más difícil
El vínculo con Estados Unidos ha sido probablemente la prueba más compleja del mandato. Mientras Donald Trump ha convertido la amenaza, la presión comercial y el combate al narcotráfico en instrumentos de negociación, Sheinbaum ha evitado tanto la confrontación estéril como la subordinación. Su postura de que México colaborará con EE UU, pero no aceptará injerencias ni intervenciones, expresa un principio que merece ser defendido, según el análisis.
La soberanía, sin embargo, será más sólida cuanto mayor sea la capacidad del Estado mexicano de enfrentar al crimen organizado, la corrupción y las redes de complicidad que durante años han permitido su expansión. Ahí reside uno de los grandes desafíos de su mandato.
Seguridad: avances estadísticos y violencia persistente
El Gobierno puede exhibir una reducción significativa de los homicidios y un cambio de estrategia en seguridad, un avance que debe reconocerse. Pero la violencia aún condiciona la vida de millones de mexicanos. Las desapariciones, la extorsión, el control territorial de grupos criminales y la vulnerabilidad de autoridades locales recuerdan que mejorar las estadísticas no significa recuperar la seguridad. Sheinbaum necesita demostrar resultados duraderos.
La economía también exige más. México ha mantenido estabilidad pese a la incertidumbre generada desde Washington, pero el crecimiento resulta insuficiente. El Gobierno ha apostado por atraer inversión, fortalecer la industria y aprovechar la integración económica norteamericana. Para que ello se traduzca en prosperidad se requiere energía, infraestructura, seguridad jurídica y reglas previsibles, señala el análisis.
Continuidad con AMLO y la necesidad de contrapesos
Sheinbaum ha mantenido la continuidad con el proyecto de Andrés Manuel López Obrador y nunca ha pretendido ocultarlo. Sin embargo, se ha distanciado en las formas de ejercer el poder: una mayor inclinación por la gestión, un discurso menos polarizador y capacidad para rectificar. Esa personalidad propia debe profundizarse, según la publicación.
El texto advierte que gobernar también significa poner límites al propio partido y reconocer que una mayoría electoral no elimina la necesidad de contrapesos. Morena concentra un poder extraordinario y México atraviesa una profunda transformación institucional. La fortaleza de un Gobierno democrático no se mide únicamente por su respaldo popular o porque apruebe reformas, sino también por la independencia de las instituciones, la división de poderes, la libertad de expresión y la existencia de espacios para la crítica.
Dos años después, la presidenta ha demostrado templanza, método y capacidad política. El reto de los próximos años será convertir esas virtudes personales y ese enorme poder acumulado en resultados que sobrevivan a su Gobierno: un país más seguro, una economía más dinámica y unas instituciones más fuertes. Esa, más que la popularidad o la disciplina de su mayoría, será la verdadera medida de su presidencia, concluye el análisis.










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