El oso pardo cantábrico ocupa hoy cerca de 17.000 kilómetros cuadrados en el noroeste de la península Ibérica, tras décadas de reducción que lo llevaron al borde de la desaparición a finales del siglo XX. Así lo documenta un estudio de la Estación Biológica de Doñana, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que reconstruyó la evolución de su área de distribución desde 1982.
La investigación, publicada en la revista científica Conservation Science and Practice, comparó cuatro periodos: 1982-1992, 1993-2002, 2003-2012 y 2013-2021. En ese lapso midió dos parámetros: el área de presencia y el área reproductora, aquella donde hay constancia de hembras con crías.
De la caída del 25% al crecimiento del 70%
Los datos muestran un giro marcado. Mientras el área de presencia cayó un 25% entre los dos primeros periodos analizados, creció un 70% en el tercero. En ese crecimiento ocurrió un hecho relevante para la especie: dos poblaciones que permanecían aisladas se unieron.
El censo genético más reciente, difundido en febrero de 2023 por las comunidades autónomas donde habita el animal, contabilizó 370 ejemplares: 250 en la subpoblación occidental y 120 en la oriental. El trabajo de campo abarcó 16.700 kilómetros cuadrados muestreados y más de 7.600 kilómetros recorridos.
El operativo fue coordinado por Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León, con la participación de técnicos, agentes medioambientales, celadores y las Patrullas Oso de esas comunidades. El muestreo se apoyó en 1.288 muestras no invasivas: 936 excrementos y 352 muestras de pelo.
El genotipado se obtuvo mediante 120 marcadores moleculares de tipo SNPs y el análisis aplicó métodos de captura-recaptura espacialmente explícita, a cargo de José Jiménez García-Herrera, investigador del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos. El análisis genético lo realizó Natalia Sastre, del Servicio Genético Molecular.
Los especialistas consideran que la unión de ambas poblaciones es clave para una especie con pocos especímenes, porque amplía las posibilidades de intercambio genético conforme ambas áreas se aproximan.
Una protección que no sigue el ritmo del avance
El estudio no solo describe el avance territorial. También señala una brecha entre el área que la especie ha colonizado y la cobertura de los planes de recuperación: según la investigación, esos planes cubren aproximadamente el 50% de la distribución actual, de modo que casi la mitad del territorio que hoy ocupa el oso queda fuera de las zonas de vigilancia.
Esa diferencia expone a la especie a cultivos, ganado y apicultura, actividades que pueden derivar en conflictos. La Fundación Oso Pardo prevé más daños causados por algunos ejemplares y mayor presencia en zonas humanizadas, lo que podría modificar la percepción social del mamífero y, a la larga, afectar las políticas de protección.
Los investigadores identificaron además un patrón en la colonización: los osos avanzan hacia áreas con menos presencia humana y cercanas geográficamente a las que ya habitaban. Por eso piden que los planes de conservación se actualicen a medida que la especie se expande.
El trabajo sostiene que las administraciones de Cantabria, Castilla y León, Asturias y Galicia pusieron en marcha desde los años 90 políticas de recuperación y conservación del espacio natural que, aunque no de manera inmediata, dieron frutos. La investigación parte de la base de que la población de grandes carnívoros es muy sensible a los cambios de gestión del paisaje.
El eslabón más frágil: la reproducción
El área reproductora apenas ha crecido en los últimos 45 años, según las conclusiones del trabajo. Se trata, apuntan los autores, del punto más débil para la supervivencia de la especie y el que requiere mayor protección.
Sobre las causas del declive en los años 90, un estudio de 2016 citado por la investigación señaló que influyeron principalmente factores ambientales, en concreto los cambios en los recursos alimentarios asociados al clima, mientras que la presencia humana fue secundaria.
Manuel Díaz Martínez, autor principal del trabajo e investigador de la Estación Biológica de Doñana, sostuvo que «el área delimitada en los planes de recuperación de la especie solo cubre el 50% del área de distribución actual». Los autores añaden que «monitorizar los sutiles cambios en el estatus de especies amenazadas es clave para su conservación, sobre todo cuando estos son incluso más dinámicos que las propias políticas de protección».
De menos de 80 ejemplares a 370
En los peores momentos de su evolución, según los datos difundidos tras el censo, llegaron a contabilizarse en España menos de 80 ejemplares. Hoy la Cordillera Cantábrica registra 370 individuos, de los cuales 160 son hembras, con un intervalo de confianza de entre 333 y 421 ejemplares.
El sex ratio obtenido es del 56% a favor de los machos, con 210 machos y 160 hembras. La subpoblación oriental pasó de estimas previas próximas a los 50 ejemplares a los 120 actuales, mientras que el occidente muestra una estabilización.
Con esos datos, la especie pasó de estar considerada en peligro crítico de extinción a ser catalogada solo como población «en peligro», conforme a los datos divulgados tras el censo de 2023. El oso pardo ibérico es el mayor mamífero terrestre de la fauna española: los machos pueden alcanzar los 300 kilos y superar los dos metros de longitud, y habita en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, según la información divulgada junto al censo.
El estado actual es de expansión documentada, pero con una tarea pendiente: actualizar los planes de protección para que acompañen el avance de la especie y reforzar el monitoreo de las áreas reproductoras, el punto más vulnerable para su supervivencia.










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