Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo
Desde la Epístola de Amarilis a Belardo (1621) hasta Samuel Cárdich, la literatura huanuqueña --o mejor la poesía-- ha tenido una presencia visible. El crítico literario Manuel Baquerizo Baldeón fue uno de los primeros en advertir el potencial literario y el talento de los escritores huanuqueños. A Huánuco lo llamo “foco literario” muy importante en el Perú. Adalberto Varallanos vivió en Lima y mantuvo amistad y comunicación con poetas vanguardistas como Carlos Oquendo de Amat, autor del innovador poemario 5 metros de poemas.
Es innegable la literatura precursora de los Varallanos y Esteban Pavletich. La poesía de Graciela Briceño presenta credencial notable, alta creatividad y trascendencia continental. En la década del 80, aparece el poemario inaugural de Samuel Cárdich: Hora de silencio. Este hito literario es muy significativo, inspirador y abre camino firme a la poesía de Huánuco. Samuel Cárdich es un escritor ambidiestro: escribe, con la misma calidad, vitalidad y talento, cuento, novela y poesía, esta última desde la intimidad personal, el entorno familiar, el discurrir de la vida hasta una protesta contra la depredación de la naturaleza y el salvajismo de la cacería deportiva y la corrida de toros. Cárdich es el solitario poeta de la generación Convergencia. Muy cerca lo acompaña Miguel Rivera Asensios, poeta fino, de verso tierno y referentes andinos. Armando Ruiz Vásquez y Vedoco representan la poesía social, la literatura al servicio de la ideología política. La poesía escrita por mujeres en Huánuco es escasa aún. Sobresalen Rosy Majino, Cristina Villaflor, Rosario Sánchez Infantes. La generación Cauce produjo 4 poetas: Andrés Jara Maylle, Luis H, Mozombite, Víctor Rojas Rivera y Johnny Ramírez. Hay continuidad generacional con la presencia de poetas jóvenes y los no afiliados a grupos literarios: Irving Ramírez, Ángel Santillán, Alex Ginés, Ronald Mondragón.
El primer libro doble (dos libros en uno) de Irving Ramírez Flores (1984) es un gran paso para la poesía de Huánuco, pues representa la continuidad de la creación poético y la cosecha con creces del magisterio de las generaciones anteriores. Irving no salió del sombrero de un mago, sino de las lecturas, la motivación del entorno literario y universitario, las tertulias con los “poetas mayores”, concursos y la creación de versos con talento, entrega total, responsabilidad y la valentía de publicar libros de poesía, a sabiendas que la lectoría es irrisoria. En ese contexto, muchos jóvenes escriben poesía con esmero y en fraternidad. La poesía exige paciencia en la lectura, a veces los versos no dicen ni explican directamente, sino siguieren, muestran solo la punta del iceberg nada más, lo demás es trabajo del lector para entender y deleitarse con la belleza verbal.
Luz inmóvil y Concierto mío conforman un solo libro, como las caras de una misma moneda, unidos por “poemas en prosa”. Irving no escribe un verso debajo de otro. Para él, la poesía también está en la prosa poética. Hay refinamiento verbal, escritura tejida con escrúpulo y estilísticamente certero. La creación poética, precisamente, demanda “escribir acertadamente y con precisión de lenguaje, ritmo y silencio debidos”. Con suma modestia, el poeta Irving Ramírez dice en Nota del autor: “Ahora, otra vez, entrego Luz inmóvil y Concierto mío, y reconozco haberlos publicado aquella vez, con fallos propios de la impericia, fue un acierto porque representaba un testimonio de mi existencia y vestigio incólume de lo que fui y sigo siendo: un poeta en ciernes”. Las palabras claves son aprendizaje y existencia. Efectivamente, la vida misma es un insumo poderoso para escribir poesía, elevada a una categoría estética suprema, donde lo mío (el yo ciudadano) se hace del otro (yo lírico, relator lírico) con validez social y trascendental.
En los poemas de ambos libros de Irving Ramírez se constata que la poesía es un trabajo artístico de paciencia, de talento, de selección adecuada de palabras y el plan que permita llegar mejor al lector, que coge el libro ávido de experiencias estéticas. “Eres la piedra que se tiende sobre la tierra y que simula una sonrisa, una corriente de agua que se contiene al borde de la ensenada, un eucalipto de la noche, un rayo detenido en el paisaje, una lágrima ígnea de caída imperiosa y una saeta que se dispara a la alborada.” (Luz inmóvil). “Poesía, palabra inmortal, no sé si piensas en mí, pero aquí se abre mi pecho para recibirte. Verdad encendida, viva voz de los resucitados, luz serena que avivas la muerte.” (Convierto mío). En estos poemas se advierten las constantes de la poesía de Irving Ramírez: la pasión por la poesía, la estética como fin primordial de la creación poética, el lenguaje exento de ambigüedad y rebuscamiento lingüístico, la musicalidad y ritmo sostenibles, la reflexión, gratitud, la admiración por la naturaleza, el entorno familiar, la vida de retos y satisfacciones y el sentimiento amoroso, este último distante de la cursilería y la tediosa redundancia. En los títulos de este libro se oyen lejanos títulos extraordinarios: Amada inmóvil de Amado Nervo y Concierto animal de Blanca Valera). Irving escribe con admiración, entre otros, para Samuel Cárdich: “Shamuco, ¿cuándo vino la poesía a tocar tu puerta? (…) Oh, prodigio natural de la transparencia, tu duelo con la muerte es el duelo de la arena con la mar serena. Pequeño Apolo, entrégame tu poesía de rosas que teje tu esencia sobre la primavera”.
El primer libro de Irving Ramírez demuestra que la poesía en Huánuco tiene continuidad, calidad estética, grandes expectativas y garantía de vigencia. Sin duda, vendrán más libros. Los lectores de poesía estaremos al tanto.










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