El presidente del consejo de supervisión de la empresa de motosierras Stihl, Nikolas Stihl, pidió elevar la jornada laboral en Alemania a 40 horas semanales sin un aumento salarial de por medio. Lo dijo en una entrevista concedida a Euronews, en la que sostuvo que su país ya no puede pagar salarios altos y mantener al mismo tiempo jornadas a tiempo parcial o reducidas.
"Abogo por un aumento de la jornada laboral semanal a 40 horas", afirmó el empresario, sin añadir un incremento de sueldo. La propuesta llega mientras otros países, entre ellos México y España, discuten reducir sus jornadas sin merma del poder adquisitivo de los trabajadores.
El argumento de los empresarios alemanes
Stihl no es el único directivo alemán que plantea esa vía. Martin Brudermüller, presidente del consejo de supervisión de Mercedes-Benz, reclama lo mismo desde hace meses. Según contaba Financial Times, para él Alemania ha perdido la ventaja que le aportaba la productividad que antes justificaba sus sueldos elevados.
"La mano de obra se ha encarecido demasiado aquí según los estándares internacionales"
La declaración corresponde a Brudermüller, según el reporte del diario económico. El matiz central de ambas posturas, de acuerdo con la información difundida, no es que alguien deba recibir el mismo salario trabajando 40 horas que 35, sino que el coste laboral actual no se incremente.
De acuerdo con lo difundido por el Financial Times, la propuesta implica pasar de las 35 horas pactadas en convenio a 40 manteniendo intacto el salario semanal. El argumento central es que elevar un 14% el tiempo trabajado sin incrementar el coste salarial reduciría el coste laboral por unidad producida.
Lo que cuesta una hora de trabajo
Una hora de trabajo en la industria alemana cuesta 45 euros. Según los últimos datos de Eurostat, la media de la Unión Europea ronda los 34,9 euros. En Hungría ese mismo coste se sitúa en 15,2 euros, mientras que en España es de 26,4 euros.
Esa brecha no es nueva. Antes Alemania podía compensarla con mano de obra cualificada, buenas infraestructuras y estabilidad política, según la misma fuente. Desde 2023, en cambio, los costos laborales unitarios crecen mucho más rápido que antes, lo que debilita una de las principales defensas del modelo industrial alemán, según el material difundido.
Una industria que pierde fábricas y empleos
La producción industrial alemana lleva ocho años cuesta abajo. Ha caído más del 15% desde su máximo, alcanzado en 2017. Cada mes desaparecen entre 12.000 y 15.000 empleos en las factorías alemanas.
El empleo no bajó al mismo ritmo: todavía trabajan unos 6,5 millones de personas en la industria alemana, lo que aumenta la presión para reducir costos y elevar la productividad, según los datos difundidos.
Volkswagen es el caso más actual de esa situación. La compañía ya confirmó un acuerdo para eliminar más de 50.000 puestos hasta 2030, y el grupo negocia ahora un ajuste que podría llegar a 100.000 empleos. BMW, por su parte, anunció despidos propios en el país este mismo año. Ese declive está forzando al actual gobierno a tomar medidas drásticas con el endurecimiento de la jornada laboral, según el material difundido.
Marcus Berret, responsable global de la consultora Roland Berger, considera que el ajuste podría ser mayor y que el número de trabajadores industriales terminará cayendo por debajo de los cinco millones, de acuerdo con el material consultado.
La respuesta sindical
El sindicato mayoritario IG Metall, que representa a unos 2,2 millones de empleados de la industria, no comparte el diagnóstico de los empresarios. Su negociadora, Nadine Boguslawski, insiste en que la semana de 35 horas ya es flexible en la práctica.
"La rígida semana laboral de 35 horas que a veces se describe simplemente no existe en las empresas que conozco"
Para el sindicato, incrementar la jornada por persona significa menos personas contratadas. "Si se invierte la situación y se aumentan las horas de trabajo a 40 semanales, independientemente de si esas horas adicionales son remuneradas o no, se tiende a necesitar menos trabajadores", advirtió Boguslawski en declaraciones al Financial Times.
Ese temor fue el que llevó a la industria del metal a tomar la calle en 1984, con siete semanas de huelga que concluyeron con la instauración de la semana de 35 horas.
El contexto del debate
El canciller alemán Friedrich Merz ya puso en marcha un plan de medidas de contención, según el material consultado.
Nikolas Stihl, por su parte, publicó un artículo de opinión en Euronews en el que sostuvo que la economía alemana atraviesa una situación grave y que las reformas previstas no bastan para cambiar el rumbo. En ese texto afirmó que la inversión privada neta cayó hasta casi cero y que las empresas apenas hacen otra cosa que sustituir lo que se amortiza.
El empresario atribuyó los problemas a factores internos: una economía sobrerregulada, elevados costos energéticos, altos costos laborales, una presión fiscal elevada y un descenso del nivel de educación y cualificación. Señaló además que el paquete especial de amortizaciones que el Gobierno alemán introdujo a mediados de 2025 no logró revertir la situación.
La empresa que preside cumple este año su centenario. Fundada como un taller en Stuttgart en 1926, Stihl se presenta hoy como líder en herramientas a batería, categoría que ya representa uno de cada cuatro productos vendidos por la marca, según lo difundido por Radio Mitre.










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