Turquía es el único país candidato a la adhesión europea cuyos ciudadanos no están exentos de visado para visitar el espacio Schengen, una situación que ha derivado en un mercado negro alrededor de la concesión de citas y en un creciente malestar hacia la Unión Europea, según reportó el diario El País.
El caso de Taylan, nombre modificado para preservar su intimidad, ilustra el problema. Quería pasar las vacaciones del verano pasado en Europa y durante meses intentó tramitar su visado y el de su familia. "Consultaba las web entre 20 y 30 veces al día, pero nunca había hueco. Al final tuvimos que cancelar la reserva de una casa que habíamos alquilado en Grecia", relata. Este año acudió a una empresa que le consiguió una cita en tres semanas, pero pagó unos 1.000 euros por tres visados, casi cuatro veces el coste real. "Es frustrante", se queja: "Sinceramente, si mi esposa no hubiera insistido tanto, no habría invertido tanto tiempo y dinero".
Un problema que afecta a turistas, estudiantes y empresarios
La dificultad no afecta solo al turismo. Estudiantes con becas Erasmus o de posgrado ya aceptados en universidades europeas, empresarios que deben asistir a reuniones de negocios, doctores que participan en congresos médicos, artistas con conciertos programados, cineastas premiados y turcos con familiares en países europeos enfrentan las mismas trabas para cumplir sus planes.
La raíz está en la externalización y privatización de la gestión de visados, emprendida la pasada década por la UE para aliviar a un personal consular sobrepasado. En 2025 las legaciones europeas en el extranjero recibieron 12,2 millones de solicitudes, de las que 1,2 millones fueron en Turquía, según datos de la Comisión Europea.
Las empresas elegidas para gestionar las solicitudes en Turquía fueron VFS Global, fundada en la India y actualmente propiedad del fondo estadounidense Blackstone, y, en el caso de los consulados españoles, BLS International, también india. Estas compañías gestionan las citas, verifican documentos, toman huellas dactilares y envían los expedientes a los consulados. Al precio del visado, unos 90 euros, añaden un coste de gestión de unos 25 euros y ofrecen servicios extra, como una vía VIP de unos 50 euros en el caso de BLS en Estambul.
Una ciudadana turca residente en España relata que sus padres casi se pierden su boda porque BLS tardó meses en hacer las gestiones. "Cuando pienso en volver a tramitar un visado para mis padres, me entra una angustia...", se queja. "Y eso que siempre elijo el servicio VIP, no porque sea un servicio de lujo, sino porque al menos te dan cierta ayuda y te tratan con más respeto".
Bots y reventa de citas
Una investigación periodística de Lighthouse sobre VFS indica que los beneficios de la empresa pasaron de 31 a 172 millones de euros entre 2017 y 2024, pese a que el número de visados tramitados solo aumentó un 15%, lo que se atribuye al añadido de servicios extra, muchas veces sin conocimiento de los clientes. Documentos internos citados por esa investigación muestran que varios Gobiernos europeos han detectado fallos de la empresa en la protección de información privada de los solicitantes, algo sobre lo que también hay quejas respecto a BLS. "A mi esposa le devolvieron las fotografías de otra persona cuando hizo los trámites", explica un español residente en Estambul. BLS está siendo investigada por la Audiencia Nacional por una trama de concesión de visados a cambio de sobornos en el Consulado de España en Argel.
Periódicamente, VFS y BLS publican en sus webs las citas disponibles, pero desaparecen de inmediato. Un ejército de bots automatizados las captura en minutos. Estos programas rastrean las webs y reservan las citas vacantes, que luego sus propietarios —empresas que se presentan como consultoras o de servicios turísticos— revenden entre 100 y 400 euros, adicionales a los costos del visado y de gestión. No se esconden: se anuncian abiertamente en redes sociales. Consultada una de estas empresas por este periódico, reconoció utilizar bots para captar las citas.
Yigit Can Polat, ingeniero informático turco, creó hace dos años un bot que monitorizaba las citas libres en la web de VFS. "Mi intención no era monetizar la crisis, sino proveer una solución gratuita y transparente para garantizar que todos tuvieran un acceso en igualdad de condiciones", explica a El País. Su web se llenó de visitas, pero también sufrió ciberataques que atribuye a las empresas que revenden citas. "Un día recibí una llamada de alguien que aseguraba ser un directivo de VFS y que me dio un ultimátum: 'O nos entregas la infraestructura del bot, o tomaremos acciones legales'", relata. Finalmente cerró su web.
VFS y BLS alegan que no hacen nada mal y que han reforzado la seguridad, pero el sistema permite reservar citas sin que sean personales e intransferibles, lo que facilita el mercadeo. Un informe interno de la Comisión Europea citado por Lighthouse denunciaba que, en Senegal, VFS daba citas extra para el consulado italiano a cambio de dinero, y que en Estambul la vía VIP permitía obtener citas no disponibles para quienes no pagaban, cuando la normativa europea exige que sean gratuitas.
"Por desgracia, hay una amplia gama de intermediarios no autorizados activos en Turquía que cobran cantidades desproporcionadas por supuestamente facilitar el procedimiento de visados y que a menudo participan en comportamientos fraudulentos", reconoce a El País una fuente de la Comisión Europea.
En junio, el ministro de Comercio, Ömer Bolat, anunció investigaciones contra seis de estas compañías. En agosto hubo una gran redada contra varias empresas intermediarias en la que se detuvo a 49 personas. Pero el problema dista de haberse solucionado.
"La demanda de visados es muy alta, los recursos son los que son, las empresas de gestión no siempre funcionan bien y luego están estas mafias de las citas", resume una diplomática europea. "No hay una solución fácil", lamenta otra fuente de la Delegación de la UE en Turquía, que reconoce la preocupación por un problema que también se produce en otros países.
A todo esto se añade un proceso que muchos turcos consideran humillante, en un contexto político donde la falta de exención de visado para Turquía sigue siendo un obstáculo en las relaciones con la UE.










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