La crisis de la industria alemana ha reabierto un debate que parecía enterrado desde la huelga metalúrgica de los años ochenta: grandes empresarios y economistas plantean recuperar la semana de 40 horas sin aumentar el sueldo para abaratar el coste efectivo del trabajo y recuperar competitividad.
Según informó en exclusiva el Financial Times, ejecutivos de empresas como Mercedes-Benz y Stihl han planteado volver a las 40 horas semanales sin remuneración adicional como respuesta a la pérdida de competitividad del país. La propuesta implica pasar de las actuales 35 horas pactadas en convenio a 40, manteniendo intacto el salario semanal.
El argumento central es que aumentar un 14% el tiempo trabajado sin incrementar el coste salarial reduciría el coste laboral por unidad producida.
El coste de la hora de trabajo en Alemania
Martin Brudermüller, presidente del consejo de supervisión de Mercedes-Benz, ha resumido el problema señalando que el trabajo en Alemania se ha vuelto demasiado caro en comparación con otros países y que el país ha perdido la ventaja de productividad que durante años compensó sus elevados salarios.
Según datos del Financial Times, una hora de trabajo en la industria manufacturera alemana cuesta actualmente 49,50 euros, frente a los 33,70 euros de media en la Unión Europea, una diferencia del 47%. La brecha se dispara frente a Europa del Este: en Hungría cuesta 15,60 euros, aproximadamente una tercera parte, mientras consultoras como Roland Berger advierten de que frente a algunos competidores las diferencias llegan a multiplicarse por tres o cuatro.
Los elevados salarios no impidieron que Alemania construyera una de las industrias más poderosas del mundo porque las empresas recibían trabajadores altamente cualificados, grandes infraestructuras, estabilidad política y enormes ecosistemas industriales en sectores como el automóvil, la química o la ingeniería. Sin embargo, desde 2023 los costes laborales unitarios están creciendo mucho más deprisa que antes, debilitando una de las principales defensas del modelo industrial alemán.
Caída de la producción y pérdida de empleos
La producción manufacturera alemana alcanzó su máximo a finales de 2017 y desde entonces ha caído más de un 15%, golpeada por la energía cara, la creciente competencia china, los aranceles estadounidenses y una transición hacia el coche eléctrico especialmente complicada para una economía vinculada al automóvil de combustión.
El empleo no ha descendido al mismo ritmo: todavía trabajan unos 6,5 millones de personas en la industria alemana, lo que aumenta la presión para reducir costes y elevar la productividad. Entre 12.000 y 15.000 puestos manufactureros están desapareciendo cada mes, y compañías como Volkswagen ya han advertido de que tendrán que eliminar muchos más empleos.
Marcus Berret, responsable global de Roland Berger, cree que el ajuste podría ser mayor y que el número de trabajadores industriales terminará cayendo hasta menos de cinco millones.
Para Martin Werding, miembro del Consejo Alemán de Expertos Económicos, las herramientas tradicionales para absorber las crisis ya no son suficientes, por lo que aumentar las horas sin elevar los costes salariales ha dejado de ser una discusión meramente simbólica.
La conquista de las 35 horas
La semana de 35 horas nació en 1984, cuando decenas de miles de metalúrgicos de Alemania Occidental protagonizaron una huelga de siete semanas para reducir la jornada, una transformación que se implantó progresivamente durante la década siguiente.
Hoy las 35 horas son el estándar pactado para aproximadamente una quinta parte de los trabajadores alemanes, especialmente en automóvil, ingeniería y siderurgia, aunque la jornada media del conjunto de la economía es de 37,8 horas.
IG Metall, el mayor sindicato del país con más de 2,2 millones de afiliados, sostiene que esa jornada no es tan rígida como se presenta y que los convenios ya permiten ampliar o reducir las horas cuando las empresas lo necesitan.
El choque entre sindicato y economistas
IG Metall recuerda que uno de los objetivos originales de reducir la jornada era repartir el trabajo disponible entre más personas y advierte de que elevarla hasta 40 horas permitiría producir lo mismo con menos trabajadores, acelerando los despidos que se pretende evitar.
Los economistas favorables a la medida responden que esa interpretación supone erróneamente que existe una cantidad fija de trabajo: si producir en Alemania deja de ser competitivo, esos puestos no se repartirán entre más empleados, sino que acabarán trasladándose al extranjero o desapareciendo.
Con las nuevas negociaciones salariales industriales previstas para octubre, Alemania se acerca así a una discusión incómoda: si parte de la solución para conservar su potencia industrial pasa por deshacer una conquista laboral conseguida hace cuatro décadas y trabajar más horas por el mismo dinero.








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